Blog_CubaSigueLaMarcha

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jueves, 11 de septiembre de 2014

Memorias vigentes sobre Rusia

Cuentan que durante la Crisis de los Misiles en 1962, al instruir a su hermano Robert para una reunión decisiva con un alto representante soviético, el presidente John F. Kennedy le indicó: “Presiona a Kruzchov pero…, déjale alguna salida, no lo empujes ni un centímetro detrás de su última línea. Acorralados los rusos son peligrosos…” Cierta o no la anécdota, el consejo vale.       
 
En Berlín Occidental fui invitado a un encuentro de veteranos de la II Guerra Mundial. Allí escuche a un ex mayor de Wehrmacht decir: “Los rusos no son invencibles pero son difíciles de vencer. Invadir a Rusia es fácil, lo difícil es retirarse de allí…”
En días cuando con insolita frivolidad, los líderes de la OTAN hablan de guerra, repasé la historia de dos invasiones a Rusia que terminaron en grandes retiradas.
El 7 de septiembre de 1912 Napoleón derrotó a las tropas rusas en Borodino. Hubo 75.000 bajas pero el camino a estaba expedito; hasta Moscú faltaban restaban 100 kilómetros.
Perplejos los habitantes de Moscú vieron como exhaustas columnas del ejército ruso pasaban por la ciudad sin detenerse. Era evidente: la capital sería entregada a Napoleón. Los atacantes superaban los 150 000 efectivos.  
La estrategia de Kutusov requirió una difícil decisión: abandonar Moscú para preserva al ejército. El otro paso fue dar la vuelta y colocar sus tropas en la retaguardia de Napoleón. Las líneas de abastecimiento fueron cortadas. Era tarde cuando Napoleón se percató que estaba sitiado. De trofeo Moscú se convirtió en trampa. La campaña fue cancelada. La retirada duró siete meses. Kutusov los persiguió y los diezmó.
 El 5 de diciembre Napoleón reconoció: “Ya no tengo ejército…” El día 14, los 10.000 soldados sobrevivientes de los 420.000 que invadieron Rusia, cruzaron la frontera. 400 000 franceses y 300 000 rusos. ¡Setecientos mil muertos en 4 meses! Fue un precio demasiado alto.
El 22 de junio de 1941, después de ocupar Europa, excepto Inglaterra, en un frente que abarcó desde el Ártico al mar Negro con más de tres millones de efectivos, Hitler invadió la Unión Soviética. Según el plan, la campaña concluiría en dos meses y medio. Duró cuatro años y quien se rindió fue Alemania. En ese breve perñiodo participaron unos 20 millones de alemanes y 35 millones de soviéticos.
La ofensiva alemana sobre la URSS se adentró más de 2000 kilómetros. 65 millones de soviéticos, algunos durante 4 años padecieron la ocupación alemana. Con las victorias en Stalingrado y Kursk, la Unión Soviética se apoderó de la iniciativa estratégica y Alemania comenzó la más grande retirada que ejercito alguno haya protagonizado. En cuestión de meses los soviéticos restablecieron sus fronteras. Stalin no se conformó con la victoria. Fue a por todas. Berlín y Hitler fueron sus metas.
Además de una enorme ayuda material a la Unión Soviética e Inglaterra, los norteamericanos asumieron la guerra en el Pacifico y la lucha en el Segundo Frente Europeo. La derrota de Japón y la liberación de Francia y Europa occidental fue un magnifico aporte.
En rápida sucesión, aunque en medio de fieros combates cayeron todos los países sometidos por los nazis. En abril del 45 sólo faltaba Berlín. Sin un día de descanso Las fuerzas soviéticas emprendieron el camino a Berlín que capitulo no una sino dos veces: una ante los representantes aliados y el 9 de mayo ante el mando soviético. La guerra terminó y con ella las más grande retirada de todos los tiempos.
El saldo es sobrecogedor: alrededor de 30 millones de soviéticos, cerca del 20 por ciento de su población pereció en la contienda y unos 4 millones de militares alemanes murieron en el frente ruso. Otra vez el precio fue demasiado alto.
La interrogante es: ¿A quién le interesa reeditar tales historias? Quien sea que quiera hacerlo debe ser detenido. ¡No hay alternativas a la paz!  Bruselas y Moscú lo saben: ¿Por qué entonces esos juegos peligroso? Allá nos vemos.
La Habana, 11 de septiembre de 2014
Jorge Gómez Barata