Blog_CubaSigueLaMarcha

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lunes, 14 de septiembre de 2015

Cuba: bendecida por los papas

Cuba: bendecida por los papas


Cuando Francisco pise esta tierra, tres sumos pontífices habrán visitado la Isla en apenas 17 años
Los tres papas electos en las fechas más cercanasLos tres últimos papas. (Foto: cubadebate.cu)
Por IGOR GUILARTE FONG / Estampas míticas, entrañables y perpetuas atesora esta pequeña isla global, de sus relaciones con los papas. ¿Qué tendrá Cuba que ha sabido conquistar la gracia y veneración de los soberanos de la Santa Sede? ¿Será que la Revolución Cubana se eleva como una suerte de evangelio vivo y sincero en su obra de bienestar social, en su vocación de amor al ser humano, en su prédica de fraternidad universal y en sus esperanzas de redimir el mundo?
Para congoja de aquellos que fallidamente intentaron -y continúan procurando- fantasear confrontaciones de ángeles y demonios, y satanizar a la Revolución en su “distanciamiento” con la Iglesia católica, las relaciones diplomáticas entre el Estado cubano y el Vaticano nunca se rompieron, y como tal, se mantienen en un excelente nivel tras 80 años.
La anunciada próxima visita del actual obispo de Roma es prueba de ello y, a su vez, la legitimación de Cuba como el único país –además socialista- del hemisferio occidental que, junto a Brasil, ha recibido a los tres últimos papas; incluso, por encima de otras naciones notablemente cristianas como México, Paraguay y Argentina. El suceso marcaría un hito adicional, al producirse en 17 años.

Juan XXIII en la primera misa


Papa Juan XXIII, quien enviara una alocución radial a la primera misa por la nueva CubaMediante su alocución radial, el papa Juan XXIII
se hizo presente en la primera misa donde se rezó
por la nueva Cuba y las leyes revolucionarias.
(Foto: www.ongcarmel.net)
Aunque es un evento poco conocido, ya desde el mismo 1959 un sucesor de Pedro, se puede decir, llegó a esta tierra. No físicamente, sino en forma de voz. El hecho ocurrió el 28 de noviembre en la otrora Plaza Cívica, de La Habana, devenida templo al aire libre donde ministros y oficiales rebeldes se abrazaron con clérigos y creyentes para celebrar la llamada primera misa. Esta contó para su organización con el pleno apoyo del Gobierno, y la presencia del Comandante en Jefe.
La víspera, el propio Fidel había denunciado a los contrarrevolucionarios que pretendían utilizar el escenario del Congreso Católico Nacional para oponer la religión a la Revolución: “Incapaces de comprender el profundo sentido humano y justo del pensamiento cristiano, sobre todo con lo que entraña de prédica a favor de los pobres y de los humildes, y que por lo tanto no puede ser de la devoción de los egoístas y de los avaros y que sí puede caber dentro de una Revolución justa y de un pueblo justo, pero jamás en las mentalidades inescrupulosas de los explotadores de los humildes y de los pobres, para que pueda estarles rondando la idea de enfrentar el sentimiento religioso al sentimiento revolucionario de una manera inescrupulosa, porque con los sentimientos religiosos del hombre no se comercia ni se juega”.
Fue coronado el oficio religioso con las palabras del papa Juan XXIII, transmitidas en perfecto castellano por la Radio Vaticana y dirigidas al pueblo, en especial, a los fieles católicos. El mensaje concluyó con su mejor voto: “¡Cómo queremos en estos momentos poner a Cuba entera a los pies de su amada patrona, María Santísima de la Caridad del Cobre, para que reine su amor en el alma de cada cubano, para que bendiga sus hogares, para que brillen sin nubes días de paz y tranquilidad sobre esa querida Isla!”.
Angelo Giuseppe Roncalli fue el nombre secular de aquel simpatizante de la naciente Revolución; y quien de 1958 a 1963 fuera el soberano número 261 de la Santa Sede. Caracterizado por un buen sentido del humor, en su natal Italia se le apodó cariñosamente Il Papa Buono (“el Papa Bueno”). Desde el pasado año, destaca junto a Juan Pablo II, como los más recientes papas en ser canonizados.

Juan Pablo II en “el último bastión del comunismo”


Fidel recibe al papa Juan Pablo IILa visita de Juan Pablo II afianzó las relaciones
espirituales entre dos líderes universales y el
reconocimiento moral de Cuba en la arena internacional.
(Foto: cubadebate.cu)
El 21 de enero de 1998, el papa Juan Pablo II besó la tierra cubana. Por primera vez en cinco siglos de historia -desde que Colón desembarcara la fe de la cruz- un santo padre se hacía presente en la Isla. Se trataba de la gira número 81 que el llamado Papa peregrino -visitó 129 países en casi 27 años de pontificado- cumplía fuera de la frontera italiana, y la decimotercera a América Latina, en dos décadas.
El Comandante en Jefe, personalmente, atendió la bienvenida: “¿Qué podemos ofrecerle en Cuba, Santidad? Un pueblo con menos desigualdades, menos ciudadanos sin amparo alguno, menos niños sin escuelas, menos enfermos sin hospitales, más maestros y más médicos por habitantes que cualquier otro país del mundo que Su Santidad haya visitado; un pueblo instruido al que usted puede hablarle con toda la libertad que desee hacerlo, y con la seguridad de que posee talento, elevada cultura política, convicciones profundas, absoluta confianza en sus ideas y toda la conciencia y el respeto del mundo para escucharlo. No habrá ningún país mejor preparado para comprender su feliz idea, tal como nosotros la entendemos y tan parecida a la que nosotros predicamos, de que la distribución equitativa de las riquezas y la solidaridad entre los hombres y los pueblos deben ser globalizadas”.
Ambos ya se conocían. Desde la fría y húmeda mañana del 19 de noviembre de 1996, cuando Fidel, luego de participar en la Cumbre Mundial de la Alimentación, organizada por la FAO en Roma, llegó hasta el Palacio Apostólico para entrevistarse con el mandatario del Estado más pequeño del orbe. En la biblioteca personal del papa se estrecharon las manos. Intercambiaron regalos. Dialogaron a solas, y en español, durante 35 minutos. Al despedirse, Fidel lo invitó cordialmente a visitar a Cuba. Karol Wojtyla le retribuyó el gesto con una bendición para su pueblo.
En menos de dos años el sueño se cumplió. El líder eclesiástico arribó en medio de días convulsos y presiones externas que Cuba resistía. Los malintencionados procuraron no desaprovechar la ocasión para politizar la visita pastoral y asociar su personalidad con la inevitable hecatombe del socialismo criollo. Empero, los cálidos encuentros sostenidos por él durante cinco días -más que el lapso habitual dedicado a otros lares- con Gobierno y pueblo cubanos, frustraron las malas pretensiones.
Entonces, así lo expresó el Comandante en Jefe: “Creo que hemos dado un buen ejemplo al mundo: usted, visitando lo que algunos dieron en llamar el último bastión del comunismo; nosotros, recibiendo al jefe religioso a quien quisieron atribuir la responsabilidad de haber destruido el socialismo en Europa. No faltaron los que presagiaban acontecimientos apocalípticos. Algunos, incluso, lo soñaron.
“Era cruelmente injusto que su viaje pastoral fuese asociado a la mezquina esperanza de destruir los nobles objetivos y la independencia de un pequeño país bloqueado y sometido a una verdadera guerra económica hace ya casi 40 años. Cuba, Santidad, se enfrenta hoy a la más poderosa potencia de la historia, como un nuevo David, mil veces más pequeño, que con la misma honda de los tiempos bíblicos, lucha para sobrevivir contra un gigantesco Goliat de la era nuclear que trata de impedir nuestro desarrollo y rendirnos por enfermedad y por hambre. Si no se hubiese escrito entonces aquella historia, habría tenido que escribirse hoy”.
El último papa del siglo XX, y el segundo con el pontificado más largo, tuvo entre sus actividades la visita al Presidente en el Palacio de la Revolución; además, la reunión con más de 300 exponentes de la cultura en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, donde rindió homenaje al padre Félix Varela; y el encuentro con el llamado mundo del dolor, en el santuario de San Lázaro, en El Rincón.
La agenda incluyó la cita ecuménica en la Nunciatura Apostólica (Embajada de la Santa Sede) con representantes del Consejo de Iglesias de Cuba, de confesiones cristianas y de la comunidad hebrea. También abarcó el intercambio en la sede del Arzobispado con miembros de la Conferencia de Obispos Católicos; y la ceremonia litúrgica en la catedral habanera.
El prelado, único polaco y primer no italiano en cuatro siglos, ya longevo y frágil, recobró energías para pronunciar una decena de discursos, recorrer 18 mil 500 kilómetros y oficiar cuatro misas. Para cada una de estasdefinió un tema central: en Santa Clara la dedicó a la familia; en Camagüey a la juventud, en Santiago de Cuba -donde coronó a la Virgen de la Caridad del Cobre- a la patria; y en La Habana al papel de los laicos en la iglesia.
Durante esas jornadas, tanto feligreses como no creyentes respondieron con entusiasmo, respeto y disciplina, movilizándose masivamente para escucharlo en sus homilías, y saludarlo cortésmente en su tránsito por las vías públicas. El pueblo legaba con su actitud una de las páginas más excepcionales de organización, afecto y hospitalidad vistas.
El planeta entero fijó la mirada en la Perla de las Antillas. A la par de las emisoras nacionales de radio y televisión que transmitían en vivo y en directo cada una de las alocuciones, más de dos mil periodistas foráneos reportaron los detalles para millones de personas en el extranjero. “Cuba no conoce el miedo; desprecia la mentira; escucha con respeto; cree en sus ideas; defiende inconmovible sus principios y no tiene nada que ocultar al mundo”; subrayó Fidel.
Al término del histórico viaje, el Comandante en Jefe lo felicitó por la lección que se había dado. Juan Pablo II, por su parte, manifestó su desacuerdo con las medidas restrictivas del bloqueo al considerarlas “injustas y éticamente inaceptables”. Ya había llamado a “globalizar la solidaridad” y a que “Cuba se abriera al mundo y el mundo se abriera a Cuba”. Se fue, bajo el sino de la lluvia caída poco antes, gratamente impresionado; en tanto dejaba un mensaje de paz y amor.

Benedicto XVI en casa de la Virgen Mambisa


Papa Benedicto XVI durante su visita a CubaAl igual que su antecesor, Benedicto XVI recibió la
simpatía, el fervor y esmero identitarios del pueblo y
Gobierno cubanos. (Foto: Gilberto Rabassa)
A finales de 2011, en la clausura del 8º Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el presidente Raúl Castro informó: “Antes de Semana Santa recibiremos la visita apostólica de su santidad, el papa Benedicto XVI, jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano y sumo pontífice de la Iglesia católica. Nuestro pueblo y gobierno tendremos el honor de acoger a Su Santidad con afecto y respeto. Los cubanos no olvidamos los sentimientos de amistad y respeto que dejó en 1998 la presencia en nuestra tierra del papa Juan Pablo II”.
Después de 14 años, el solideo, la mitra y la tiara papales se hicieron visibles otra vez, con la figura del segundo embajador del ministerio de Cristo que pisaba terruño antillano, del 26 al 28 de marzo de 2012. En este caso lo hacía bajo el título de Peregrino de la Caridad, en razón de celebrarse el Año Jubilar Mariano, por los 400 años del hallazgo de la imagen de la patrona religiosa criolla.
A diferencia de su predecesor, Joseph Ratzinger inició la visita pastoral por Santiago de Cuba. Arribó procedente de México, en su viaje apostólico número 23 y segundo a Latinoamérica, luego de su investidura.
El General de Ejército le ofreció calurosa salutación en la capital oriental: “Cuba lo recibe con afecto y respeto y se siente honrada con su presencia. Encontrará aquí a un pueblo solidario e instruido que se ha propuesto alcanzar toda la justicia y ha hecho grandes sacrificios […] la Nación ha seguido, invariablemente, cambiando todo lo que deba ser cambiado, conforme a las más altas aspiraciones del pueblo cubano y con la libre participación de este en las decisiones trascendentales”.
Acorde con el designio de su gira, Benedicto XVI acudió al santuario de Nuestra Señora de la Caridad, en El Cobre, Santiago de Cuba, para postrarse ante su efigie, encenderle un cirio y tributarle oraciones, en agradecimiento a sus desvelos por los cubanos. Al dirigirse a la concurrencia frente a la basílica, alabó la presencia de la patrona en este suelo, y deseó el avance por caminos de renovación y esperanza, en bien de todos.
Durante su estancia, el Papa alemán ofició sendas misas multitudinarias en las dos principales ciudades: Santiago de Cuba y La Habana; donde halló miles de feligreses y no creyentes atentos, respetuosos y de convicciones profundas, tal como le había asegurado Raúl.
Asimismo celebró una misa privada en el Seminario San Basilio Magno, acto que tuvo un corolario tan curioso como conmovedor. Allí conoció a la hermana Teresa Querquetta, monja india que desde su ingreso en las Misioneras de Caridad, hace 20 años, recibió la encomienda -típico de las integrantes de esa orden- de orar todos los días por un sacerdote determinado. Otrora, le había correspondido el cardenal Joseph Ratzinger.
Como parte de la agenda, además fue recibido por el jefe de Estado cubano en el Palacio de la Revolución, donde intercambiaron obsequios y conversaron en un ambiente cordial. En la noche, participó de una cena privada con autoridades religiosas en la Nunciatura Apostólica; sede donde fue a verlo Fidel, la tarde siguiente.
El nuevo encuentro del líder de la Revolución con un regente de la Santa Sede, transcurrió en un clima distendido. Por 30 minutos dialogaron sobre el escenario mundial, de ciencia, cultura y ecología; así como de los últimos cambios en la liturgia de la Iglesia. Asimismo, Fidel se interesó por las labores propias de un papa y le solicitó bibliografía temática.
En la despedida, el General de Ejército transmitió al visitante su aprecio y gratitud por la decisión del viaje, y por sus sentimientos a favor de los ciudadanos. A la par, enfatizó que tras la visita su santidad tendría mayores elementos para conocer y valorar la justeza de los propósitos cubanos.
“Cuba ha tenido como su principal objetivo la dignidad plena del ser humano. Somos conscientes de que esta no solo se construye sobre bases materiales, sino también sobre valores espirituales, como la generosidad, la solidaridad, el sentimiento de justicia, el altruismo, el respeto mutuo, la honradez y el apego a la verdad”. Añadió Raúl: “Satisface a nuestro país estar entre los que más han hecho por la vida, la libertad y la dignidad humana.
Compartimos la certeza de que solo la movilización de la conciencia de los pueblos, el respeto mutuo, el diálogo y la cooperación permitirán al mundo hallar soluciones a los más graves problemas”.
El hoy papa emérito contestó también agradecido: “Me llevo en lo más profundo de mi ser a todos y cada uno de los cubanos, que me han rodeado con su oración y afecto, brindándome una cordial hospitalidad y haciéndome partícipe de sus más hondas y justas aspiraciones”.
Como cosa de mitos y leyendas, parecido a 14 años antes, el cielo conspiró para retenerlo un rato más en patio cubano, y volvió a aparecer la lluvia. Ahora lo suficientemente torrencial como para retrasar el vuelo. Por fin, minutos más tarde, partió de retorno a Roma, marcado por la gente y las imborrables vivencias en la patria de la Virgen Mambisa.

Francisco en los horizontes de Cuba


Raúl Castro y el papa FranciscoLa más reciente reunión de Raúl con el papa
Francisco reafirma que a ocho décadas de
iniciarse las relaciones diplomáticas entre
Cuba y el Vaticano, continúan a buen nivel.
(Foto: Estudios Revolución)
Al finales de 2014 se divulgó el protagonismo desempeñado por el papa Francisco en el inicio del proceso de entendimiento entre Estados Unidos y Cuba, luego de varias décadas de diferendo. También hace algún tiempo, el Vaticano anunció la expedición del santo padre -primero de origen latinoamericano- a la nación norteña, itinerario al que se sumó una escala previa: Cuba.
Ya el pasado domingo 10 de mayoel presidente cubano tuvo la oportunidad de retribuirle en persona -pues lo había hecho públicamente el 17 de diciembre- a Jorge Bergoglio su mediación en el acercamiento entre los dos gobiernos. Esta primera audiencia entre el jefe de Estado insular y el papa argentino se produjo en el estudio y salones contiguos al Aula Pablo VI, con carácter privado y por unos 55 minutos, un récord quizá para este tipo de encuentros.
En un clima ameno intercambiaron afectos, regalos, y un estrechón de manos que pospuso el reencuentro para septiembre en la Isla; justo antes del viaje que llevará al prelado a Washington, Nueva York y Filadelfia. Al término de la recepción, Raúl reveló a la prensa: “Estoy muy contento. He venido a agradecer lo que ha hecho para empezar a resolver los problemas de Estados Unidos y Cuba”. Y en referencia a su anfitrión, agregó haber quedado “muy impresionado por su sabiduría, su modestia, y todas sus virtudes”.
El anunciado paso por tierra caribeña constituirá la tercera visita al continente americanodel seguidor de San Francisco de Asís, desde que asumió en 2013. Según lo previsto, el viaje tendrá lugar del 19 al 22 de septiembre venideros, e incluirá el oficio de misas en Holguín, Santiago de Cuba y La Habana.
Bergoglio regresará a Cuba -regresa- porque ya vino en 1998, en el séquito de Juan Pablo II. En esa fecha era arzobispo de Buenos Aires. Ahora vendrá como Francisco, el papa número 266 y primero no europeo desde el sirio Gregorio III, fallecido en 741.
A la altura de lo que su investidura merece hallará, a semejanza de sus anteriores, el singular y vehemente abrigo de gente que pese a no ser mayormente católica -tampoco atea- sabe profesar la solidaridad y el amor al prójimo, cual legítima expresión de espiritualidad de un pueblo con diversos influjos culturales y sincréticos forjadores de su esencia.
La próxima visita de Francisco a Cuba -lo mismo que las de Juan Pablo II y Benedicto XVI- significará otro acontecimiento de inequívoca trascendencia. Sumará un nuevo motivo de regocijo y honor para los hijos de aquel Apóstol cubano que legó: “En la cruz murió el hombre en un día; pero se ha de aprender a morir en la cruz todos los días”.
Cada presencia de un pontífice en esta patria encarna, tal como valoró Fidel cuando la llegada del primero, Juan Pablo II: “Un hecho histórico y una proeza más de la Revolución”. Por ello, sobran las expectativas y los compromisos. Toda Cuba aguarda con los brazos abiertos a un papa que en poco tiempo ha ganado la admiración mundial, para hilvanar de conjunto más episodios dignos de gloria y renovar espíritus rumbo a conquistas futuras, de la nación y la humanidad. Sin duda, se avecina un nuevo hito memorable.

Datos de Interés


  • “El respeto hacia los creyentes y no creyentes es un principio básico que los revolucionarios cubanos inculcamos a nuestros compatriotas. Esos principios han sido definidos y están garantizados por nuestra Constitución y nuestras leyes. Si alguna vez han surgido dificultades, no ha sido nunca culpa de la Revolución.” (Fidel Castro, Discurso de bienvenida a Juan Pablo II, La Habana, 21/enero/1998)
  • “Nos satisfacen las estrechas relaciones entre la Santa Sede y Cuba, que se han desarrollado sin interrupción durante setenta y seis años, siempre basadas en el respeto mutuo y en la coincidencia en asuntos vitales para la Humanidad”. (Raúl Castro, Discurso de bienvenida a Benedicto XVI, Santiago de Cuba, 26/marzo/2012)
  • Atendiendo a la solicitud realizada por Benedicto XVI, el Gobierno cubano consideró el receso de las actividades laborales con motivo de la conmemoración del Viernes Santo; del mismo modo que declaró festivo el día de Navidad, luego de la petición de Juan Pablo II, en 1998.

Fidel en Juan Pablo II


Fue el presidente que mejores atenciones brindara al papa Juan Pablo II, según refirió el cardenal Tarcisio Bertone, en su libro Un cuore grande, Omaggio a Giovanni Paolo II (Un gran corazón. Homenaje a Juan Pablo II), publicado en 2011. “Fidel Castro mostró afecto por el papa, que ya estaba enfermo, y Juan Pablo II me confió que posiblemente ningún jefe de Estado se había preparado tan a fondo para la visita de un Pontífice”, aseveró el actual ex secretario de Estado del Vaticano.
Fuentes consultadas: Prensa periódica de la época.

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