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viernes, 9 de diciembre de 2016

Estados Unidos y la cultura de la predestinación

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Por DrC. Francisca López Civeira
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A lo largo del tiempo se ha hecho habitual escuchar expresiones desde los círculos dirigentes en Estados Unidos acerca de su misión divina, de la predestinación que ha recibido el pueblo norteamericano para llevar sus valores a todos los confines del mundo y otras similares. Esto no resulta una novedad, no constituye una construcción de la época actual, lo cual puede constatarse desde una perspectiva histórica.
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En 1889, en ocasión del Congreso Internacional de Washington, conocido como el primer congreso panamericano, José Martí escribía en una de sus crónicas al diario La Nación de Buenos Aires:
“Los panamericanos”, dice un diario, “El sueño de Clay”, dice otro. Otro: “La justa influencia”. Otro: “Todavía no”. Otro: “Vapores a Sudamérica”. Otro: “El destino manifiesto”. Otro: “Ya es nuestro el golfo”. Y otros: “¡Ese congreso!”, “Los cazadores de subvenciones”, “Hechos contra candidaturas”, “El Congreso de Blaine”, “El paseo de los panes”, “El mito de Blaine”. (…) Jamás hubo en América, de la independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder, (…) para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo. (…) urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia.[1]
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Es pertinente destacar como Martí reproduce en esta crónica la manera en que la prensa de Estados Unidos reflejaba el ambiente del momento en que se daban pasos importantes en la estrategia expansionista norteamericana, a la altura de fines del siglo XIX. En este recuento aparecen frases fundamentales que evidencian el decurso histórico de la mentalidad de los grupos de poder en aquel país, que pudiera enlazarse con tres de ellas: “El sueño de Clay”, “El destino manifiesto” y “El mito de Blaine”; es decir, desde la mitad del siglo con Henry Clay y la argumentación del “destino manifiesto” hasta su contemporaneidad en el momento de la celebración del Congreso organizado por Blaine como Secretario de Estado, quien ya había intentado su realización años atrás, Martí presenta la reiteración de esa idea y propósito.
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Más que simples frases, estamos ante una manera de llevar a los lectores un mensaje que demuestra la política exterior agresiva, de dominación, que tenía como primer objetivo a América Latina y, en esa fundamentación, se retoma la vieja tesis del destino manifiesto de la nación norteamericana, que descansa en el sentido de predestinación de aquel país, en el mesianismo que obliga a cumplir ese papel en el mundo como fundamento de la política expansionista.
PREDESTINACION 4
Ciertamente, en julio de 1845 el artículo de John O’Sullivan en Democratic Review, titulado “Nuestro Destino Manifiesto”, lanzó a la luz pública esa visión bajo el concepto que le da título. En él, O’Sullivan exponía que era imposible no cumplir “nuestro destino manifiesto de sobreextender el continente asignado por la providencia para el libre desarrollo de nuestros millones que anualmente se multiplican”. Justo en la prensa aparecía esta fundamentación del carácter providencial de la nación para extenderse, en ese momento, por el continente. No puede olvidarse que esto coincidía, y no por casualidad, con la anexión de Texas (1845), la obtención de Oregón (1846), el Tratado Guadalupe-Hidalgo por el que obtenían otra parte importante del territorio mexicano (1848) y el Tratado Calyton-Bulwer (1850) que establecía el control angloamericano en el canal por Nicaragua, además del Tratado Bidlack-Mallarino (1846) con Nueva Granada que otorgaba concesiones para la comunicación por el Istmo de Panamá. También coincidía con los años de incremento de los proyectos de anexar Cuba a los Estados Unidos desde algunos grupos y los intentos de comprar la Isla a España desde el Gobierno.
Esta correspondencia histórica demuestra la función de la visión que se desarrollaba de nación providencial en la política exterior: extensión de las fronteras absorbiendo territorios vecinos y obtención de concesiones para lo que en el futuro sería un canal interoceánico. La predestinación justificaba tal política. Pero si nos remontamos a la época de nacimiento de los Estados Unidos, con su Estado nacional independiente, podemos apreciar los orígenes de este discurso en el que la predestinación tiene un lugar relevante.
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Desde su nacimiento, las dirigencias del país formularon una perspectiva de futuro como gran nación. No se trataba de acometer de inmediato una política expansionista para la que aún no había posibilidades, pero sí se prefiguraba ese futuro para un mediano plazo. En 1801 el presidente Thomas Jefferson escribía a James Monroe: “(…) es imposible no prever los tiempos distantes, cuando nuestra rápida multiplicación se expandirá más allá de esos límites y cubrirá todo el norte si no  el sur del continente.”[2]
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En 1823, cuando las antiguas colonias españolas de la América continental alcanzaban su independencia y las contradicciones anglo-norteamericanas se hacían sentir en esta parte del mundo, volvió a tomar vigencia esta visión de futuro en ocasión de la propuesta inglesa de compromiso con Estados Unidos; entonces, el secretario de Estado, John Quincy Adams, escribía sus consideraciones en su diario:  Los habitantes de Cuba o de Texas pueden ejercer sus primordiales derechos y solicitar su unión con nosotros. Ciertamente no harán lo mismo con Gran Bretaña. Uniéndonos, pues, a ésta en su propuesta declaración, hacemos con ella un positivo y acaso inconveniente compromiso, sin obtener realmente nada en cambio (…).[3] Esta apreciación llevaría a la formulación de la conocida Doctrina Monroe de manera unilateral. El propio Adams había formulado la política llamada de fruta madura en ese año con respecto a Cuba, en sus instrucciones al Ministro en Madrid de 28 de abril. Dicha política establecía una perspectiva de unos cincuenta años para que Estados Unidos estuviera en condiciones de alcanzar la anexión de Cuba, mientras tanto la Isla debía permanecer en manos de España.
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Como puede observarse, las dirigencias de Estados Unidos habían formulado una perspectiva de gran nación para el futuro que incluía la adquisición de territorios en el continente, especialmente entre los vecinos cercanos, por tanto, cuando pareció llegado el momento de iniciar este camino se hacía necesario estructurar un discurso para la opinión pública nacional que actuara a favor de la política expansionista. Cuando el siglo XIX arribaba a su primera mitad apareció, de manera pública, la condición de país predestinado a cumplir una función en el mundo.
En la década de los 90 del siglo XIX volvió a tomar fuerza esta fundamentación para la política exterior: la posible adquisición de territorios que aún permanecían en manos de España, tanto en el Mar Caribe como en el Océano Pacífico, dio un nuevo impulso a este discurso, por el cual Estados Unidos tenía la misión de llevar la libertad a todos los confines. El senador Albert J. Beveridge decía el 27 de abril de 1898: “(…) El destino nos ha trazado nuestra política. (…) Nuestras instituciones seguirán a nuestros comerciantes en alas de nuestro comercio. Y la ley norteamericana, el orden norteamericano, la civilización norteamericana se implantarán en playas hasta ahora sangrientas e ignorantes, embellecidas e iluminadas en adelante por aquellos instrumentos de Dios”.[4] Esta no es más que una de las tantas expresiones de la fundamentación en todos los órdenes de la política expansionista que se delineaba en lo inmediato.
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Con este recuento sumario de la manera en que los grupos dirigentes en Estados Unidos fundamentaron en distintos momentos del siglo XIX la condición de “pueblo elegido”, de “país iluminado”, para respaldar su política exterior, se pone en evidencia que esta visión es parte constituyente del discurso político desde el poder, aunque, por supuesto, con las adecuaciones que cada etapa histórica demanda. El siglo XIX había planteado la expansión a escala continental, fundamentalmente, pero ya en sus años finales se empezó a mirar más lejos. La guerra de 1898 contra España marcaría el gran salto de la nueva potencia emergente con la adquisición de posesiones en el Caribe y en el Pacífico.
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El retorno a ese discurso mesiánico ha sido recurrente en la política norteamericana, incluso el presidente William Clinton anunciaba en 1997 que, en el siglo XXI, la mayor democracia del mundo dirigiría un mundo completo de democracias. La caída del socialismo en la Europa del Este y la desaparición de la Unión Soviética creaba nuevas condiciones para el ejercicio de la hegemonía mundial por parte de los Estados Unidos y de nuevo se recurría a la misión rectora de ese país.
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De manera que, sistemática y reiteradamente, a lo largo del tiempo se asiste al retorno de ese discurso mesiánico que se dirige a receptores ya preparados para escucharlo, puesto que es parte de la tradición del discurso político de las dirigencias en los Estados Unidos. No se trata de plantear un giro en el papel que corresponde a ese país en el mundo, de acuerdo con la cultura política que se ha ido construyendo a lo largo de más de dos siglos, sino de manejar sus elementos básicos en cada nueva coyuntura.
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[1] José Martí: ‘Congreso Internacional de Washington. Su historia, sus elementos y sus tendencias” en Obras Completas. Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963, T 6, p. 43
[2] William E. Curtis: “The true Thomas Jefferson”, Filadelfia, (s.a.), citado por Herminio Portell Vilá: Historia de Cuba en sus relaciones con Estados Unidos y España. Jesús Montero Editor, La Habana, 1941, T I, p. 146, citado también por Manuel Medina Castro: Estados Unidos y América Latina, Siglo XIX. Casa de las Américas, La Habana, 1968, p. 532
[3] Charles Francis Adams, editor, “Memoirs of John Quincy Adams, comprising portions of his Diary from 1795 to 1848”, Filadelfia, 1874-1877, Vol. IV, p. 118. Citado por Portell Vilá. Ob. cit. T I, p. 159
[4] Citado por Víctor Perlo: El imperialismo norteamericano. Editorial Platina, Buenos Aires, 1961, pp. 36-37

Fuentes:

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jueves, 8 de diciembre de 2016

Fidel Castro: El hombre contado por sus letras



Este recorrido por los principales hitos bibliográficos para acercarse a la vida y obra de Fidel constituye, a la vez, la historia del hombre contada por sus letras. En ellas van también las trazas de su vida.


Los libros son el testimonio de su época. Mientras la oralidad se pierde o se transforma de boca en boca, los textos permanecen, inalterables por años, en los viejos anaqueles de las bibliotecas. Fidel Castro era un lector voraz. Cuentan que leía de noche, mientras viajaba por toda la Isla, alumbrado solo por el tintineante bombillo amarillo del interior del automóvil. Entre sus legados deja una extensa hilera de obras, en las cuales se revela el ser humano, el político, el pensador y el poeta y narrador que habitaban en su personalidad. Este recorrido por sus principales hitos bibliográficos constituye, a la vez, la historia del hombre contada por sus letras. En ellas van también las trazas de su vida.



1953:
La historia me absolverá. En el juicio a los asaltantes del Cuartel Moncada, Fidel Castro, líder de lo que después sería el Movimiento 26 de Julio, pronuncia su alegato de autodefensa, en el cual pasa de acusado a acusador, condena la sangrienta dictadura de Fulgencio Batista y describe las terribles condiciones en las que vivía el pueblo cubano.
1975:
En Fidel sobre el deporte, publicado por el Inder, aparecen fragmentos de discursos en los que Fidel habla de la práctica deportiva en la Revolución, el sabotaje al avión de Cubana en Barbados, las escuelas de deporte en Cuba y la solidaridad de nuestro país en esa esfera.

1985:
Nada podrá detener la marcha de la Historia nació de la entrevista concedida al académico Jeffrey Elliot y al congresista Mervin Dymally, ambos norteamericanos. Temas de interés como la deuda externa, el orden económico internacional y el papel de Cuba en el mundo, sobre todo en África, fueron abordados en las sesiones de trabajo que tuvieron lugar el 27, 28 y 29 de marzo de ese año.
1985:
Fidel y la religión es uno de los libros de mayor repercusión que aborda la figura del líder histórico de la Revolución Cubana. En conversación con el fraile brasileño Frei Betto, Fidel ofrece sus criterios sobre el tema religioso, cuando en Cuba comenzaban a distenderse las relaciones Iglesia-Estado. En este texto, el Comandante reconoce el papel de los religiosos en la movilización y organización del pueblo para la lucha social, y reconoce especialmente los valores humanos y revolucionarios de la corriente espiritual reconocida como Teología de la Liberación.

1988:
El juicio del Moncada, obra testimonial de la periodista y narradora cubana Marta Rojas, expone los principales momentos del proceso jurídico imputado contra Fidel Castro y sus compañeros de armas, tras asaltar en 1953, en Santiago de Cuba, el Cuartel Moncada, segunda fortaleza militar más importante del país. Rojas, quien cuenta con una prolífica producción bibliográfica en el tema —amparada en sus investigaciones y vivencias personales de los hechos—, describe los intríngulis y momentos claves es del procedimiento penal, cuyo clímax llega con la sesión del 16 de octubre de 1953, cuando Fidel Castro pronuncia su célebre alegato La historia me absolverá.

1992:
Un grano de maíz, de la autoría del nicaragüense Tomás Borge, tomó cuerpo a partir de los encuentros sostenidos con Fidel Castro durante el mes de abril de 1992, uno de los años más tormentosos para la nación cubana. Además de los temas de actualidad internacional, el líder cubano analiza el proceso de desintegración de la Unión Soviética y el campo socialista europeo. También explica las nociones cubanas de Democracia y Derechos Humanos, con una aguzada visión particular y conceptual. Al decir del propio Borge, lo que más le impresionó del diálogo con Fidel fueron sus «reflexiones de este hombre sobre el hombre, la calidad humana y su protagonismo en la levedad de la historia».

2003:
Todo el tiempo de los cedros, de la periodista cubana Katiuska Blanco Castiñeira, es considerada por muchos la más exhaustiva e integral biografía de los primeros años de vida de Fidel Castro Ruz. La obra nos lleva de la mano por el entorno familiar del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, por la historia de sus padres, hermanos y la vida cotidiana en el pequeño batey de Birán, poblado enclavado en el oriente de Cuba y cuna de los Castro Ruz. Por la discreción sostenida por Fidel Castro en torno a su vida privada, incluso sobre los tiempos de la infancia, la obra reveló numerosos detalles inéditos sobre la personalidad del mítico guerrillero, por lo que instantáneamente se convirtió en un referente obligado para acercarse a la figura de Fidel.

2005:
El mérito es estar vivo, publicado bajo la autoría del periodista cubano Luis Báez, narra los intentos de diez administraciones estadounidenses para eliminar físicamente a Fidel Castro. Durante más de cuatro décadas, el líder cubano se volvió una prioridad para los servicios de Inteligencia de los enemigos occidentales, especialmente para la norteamericana Agencia Central de Inteligencia (CIA). En vida, se reportaron más de 600 atentados contra el Comandante en Jefe, todos frustrados por diferentes motivos, que oscilan desde la intervención de la seguridad personal hasta el más puro y místico azar.
2006:
Cien horas con Fidel, extensa entrevista concedida entre 2003 y 2006 al escritor, periodista e intelectual español Ignacio Ramonet, repasa detenidamente la obra revolucionaria de Fidel Castro, desde sus años estudiantiles hasta cuando ostentaba, aún, los máximos cargos del país: Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba y de Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba. En el diálogo, motivado por las sagaces preguntas del entrevistador, el político revela por primera vez numerosos detalles de encrucijadas de su vida y de la historia nacional, destacando la lucha en la Sierra Maestra, las peripecias de las guerras en África y los azarosos tiempos del Período Especial. Igualmente, Fidel narra sus impresiones y encuentros con personajes polémicos del siglo XX, como el dirigente soviético Mijaíl Gorbachov, el líder zapatista conocido como Subcomandante Marcos y el cabecilla camboyano Pol Pot. Cien horas con Fidel ha sido uno de los libros de mayor impacto y más reconocidos de cuantos se han hecho sobre la figura del Comandante en Jefe.
2007:
Reflexiones de Fidel (Nueve Tomos, marzo de 2007-diciembre de 2008). Recoge las Reflexiones del Compañero Fidel aparecidas en la prensa nacional en esta etapa.

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2008:
La paz en Colombia. En el libro el Comandante en Jefe detalla en informes y documentos las interioridades de las negociaciones entre los gobiernos de Colombia y la dirección de la Revolución Cubana para viabilizar conversaciones de paz, liberar rehenes y evitar matanzas como las que pudieron provocar el plan del Gobierno de Julio César Turbay Ayala, para asaltar la Embajada dominicana.

La victoria estratégica, Fidel Castro

2010:
La contraofensiva estratégica. Tal como apunta su propio autor, el Comandante en Jefe, «este libro narra la forma en que el enemigo fue totalmente derrotado por el Ejército Rebelde, tras los últimos combates librados en la Batalla de Las Mercedes, que concluyó el 6 de agosto de 1958». Es, por lo tanto, un testimonio imprescindible para acercarse a esos días difíciles y victoriosos, de tácticas y estrategias.

2010:
La victoria estratégica. En el volumen Fidel narra la tenaz resistencia y el triunfo del Primer Frente Rebelde ubicado en el firme de la Sierra Maestra durante el enfrentamiento con la ofensiva de verano del ejército de Batista, iniciada desde abril de 1958.
2011:
Fidel por el mundo, salido de la pluma de Luis Báez, cuenta las anécdotas del dirigente cubano en visitas a más de 50 países entre 1959 y 2006. El narrador se aleja de las incidencias del protocolo para enfatizar en las «giras paralelas» de Fidel Castro, las que lo acercaban al pueblo, a las personalidades culturales o deportivas de las naciones visitadas o a cualquier ciudadano común.
2012:
El derecho de la Humanidad a existir. Reflexiones escritas por Fidel Castro Ruz entre 2007 y 2012, en las que alerta al mundo sobre los más diversos hechos sociales, políticos, económicos y ambientales. Esta compilación permite constatar el alcance y la actualidad del pensamiento del líder de la Revolución Cubana, 20 años después de la histórica Cumbre de la Tierra de 1992.
2012:
Guerrillero del tiempo, bajo la firma autoral de Katiuska Blanco Castiñeira, aparece en 2012 para recoger la infancia y madurez de Fidel Castro. Sobre este texto, el intelectual cubano Miguel Barnet afirmó que el Comandante hace «gala de una memoria prodigiosa, con detalles insólitos que van desde la edad de dos años cuando aún no tenía idea de la muerte, y había presenciado el triste velorio de un tío, hasta los hechos más recientes contados con precisión y vuelo imaginativo».

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martes, 6 de diciembre de 2016

¿Por qué Cuba entera es Fidel?


¿Por qué Cuba entera es Fidel? Por M. H. Lagarde / CubaSí



Las ideas, que valen más que trincheras de piedras, reencarnan, después de la muerte de algunos hombres, en otros muchos. 



Después de la fiesta y la pachanga que los dejó nuevamente muy mal parados a los ojos de la opinión mundial, los inmorales de Miami han tratado de justificar la desvergüenza de celebrar la muerte de Fidel aduciendo que no celebran la muerte de un hombre, sino la de una ideología.

Por lo visto los descerebrados de esa ciudad del sur de la Florida no saben, quizás porque no tienen, que los hombres mueren, pero algunas ideologías son inmortales.



No sé qué dirán ahora luego de estos días de duelo nacional en los que todos los cubanos salieron a las calles, los parques, las carreteras, para gritar al paso de la caravana con los restos mortales del líder de la Revolución: "Yo soy Fidel".

Cabe preguntarse, si los que durante más de medio siglo han tratado de asesinar a líderes y vencer por terrorismo y hambre, bloqueo mediante, la resistencia de una nación, se pasarán la vida celebrando la muerte de cada uno de los millones en los que se multiplicó el ideario de Fidel.


Las ideas, que valen más que trincheras de piedras, reencarnan, después de la muerte de algunos hombres, en otros muchos.  

No hay mejor ejemplo que el ideario martiano que reencarnó en la generación del centenario que atacó al Moncada y que hoy, con la muerte de Fidel, se esparce a todo un pueblo. Sólo los ignorantes defensores de las teorías biologicistas creen que las revoluciones fueron hechas o que su trascendencia depende de la existencia de un solo hombre.

Son precisamente las ideas, que impulsan determinadas acciones, las que calan en los pueblos. Si hoy toda Cuba es Fidel es porque cuando llegó el Comandante mandó a parar medio siglo de neocolonia, de individualismo, de la explotación y represión de la burguesía anexionista que el primero de enero de 1959 salió huyendo hacia Miami.



Los principios de justicia social, igualdad, educación, cultura, dignidad, antiimperialismo y solidaridad que nos legó Fidel perdurarán en esta tierra por los siglos de los siglos, no solo por su carácter profundamente humanista, sino porque fue precisamente Fidel quien nos enseñó que las ideologías no son solo abstracciones para leer en los libros de texto o impresionar en la majestuosidad de los monumentos, sino que, además de perdurar en la mente y el corazón de muchos hombres, pueden convertirse en realidad.


Fuentes:




Las ruindades humanas de Obama y Trump ante el deceso de Fidel. Por Wilkie Delgado Correa



Para merecer decir “¡Somos Fidel!”. Por Luis Toledo Sande

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