Blog_CubaSigueLaMarcha

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lunes, 29 de junio de 2015

Raúl Ferrer, Centenario

Raúl Ferrer, Centenario
Maestro hacia el futuro, sin retorno
Educación, justicia social y poesía fueron su brújula
Por LUIS TOLEDO SANDE
Raúl Ferrer, eminente pedagogo
Con su habitual sonrisa. (Foto: GASPAR SARDIÑAS
/ Archivo de BOHEMIA)
Con decir que se le recuerda por la relevante labor que desplegó en la Campaña Nacional de Alfabetización, se daría una idea del ser humano a quien se dedican estas líneas, Raúl Ferrer. Surtidora de semillas que siguen germinando no solo en Cuba, sino en otras tierras de nuestra América y en otros continentes, aquella Campaña –cultural en el sentido más profundo y abarcador– ha sido una de las mayores proezas de la Revolución Cubana.
Él, vicecoordinador nacional de esa obra, fue una de sus almas. Se entregó a encaminarla en esfuerzo compartido con otras personas que, como el coordinador, Mario Díaz, también merecen elogio, al igual que el conjunto de maestros voluntarios, brigadistas y alfabetizadores populares que la llevaron a feliz término, un ejército de luz que tuvo incluso mártires.
En la herencia de José Martí, abrazada en La historia me absolverá, la Revolución Cubana acometió su proyecto educacional y justiciero desde que alcanzó la victoria en el alba de 1959. Ya Raúl Ferrer había cumplido 43 años, y su talante de lozana cubanía, cimentada en el ímpetu creador, halló el entorno para realizar sus sueños.
La Alfabetización fue la mejor continuidad para el largo trecho de magisterio que él había emprendido en su juventud. Empezó haciéndolo en educación física, y pronto se adentró en un terreno más amplio de saberes y virtudes, siempre junto al afán de justicia social para su pueblo. En una república maniatada por el imperialismo y corroída por las desigualdades, se vinculó con quienes comprendieron que la vía para transformar el país se hallaba en el empeño por construir el socialismo. Plantearse tal meta en aquellas circunstancias, a no pocos les parecería un acto quijotesco, para decirlo en términos “piadosos”.
Orígenes y camino
De familia modesta, Raúl Ferrer Pérez nació en Meneses, localidad del municipio de Yaguajay, entonces perteneciente a la provincia de Las Villas, hoy a la de Sancti Spíritus. El alumbramiento ocurrió el 4 de mayo de 1915, aunque por la fecha de su inscripción en el registro civil el centenario se le celebre el 1 de julio. Tempranamente asumió la causa del socialismo con la resolución de jugarse la piel. Lo demostró con su conducta diaria.
Para que los niños y las niñas más pobres no sufrieran la humillación de la desigualdad –que les impedía calzarse–, y que por ese motivo no faltaran al aula, ideó que todos sus alumnos asistieran a clase descalzos: “Así el aprendizaje les entrará por los pies”, diría. Los que tenían zapatos, los dejaban junto al tronco de una ceiba, bautizada Carlos Manuel de Céspedes. El maestro daba el ejemplo: también él ponía allí los suyos.
Se arriesgó, sobre todo, en un sentido de mayor significación: vinculado al Partido Socialista Popular, tomó parte activa en el enfrentamiento a la realidad nacional. Buscaba una república diferente, una libertad que permitiera a toda la infancia, a todo el pueblo, tener zapatos y libros. Sufrió persecución y cárcel, y más de una vez intentaron cesantearlo, a lo cual se opusieron otros trabajadores de la enseñanza que lo respetaban y admiraban.
En los períodos en que se le arrancó del aula hay derecho a pensar cuando en su Romance de la niña mala –dedicado a sus alumnos del Central Narcisa– se leen los siguientes versos: “Y cuentan los que lo saben,/ que en aquella tarde amarga/ en que no vino el maestro,/ era la que más lloraba”. Viene asimismo a la mente el pasaje que rememora de este modo a la niña: “Verdad que siempre está ausente;/ pero si viene no falta/ entre sus manitas breves/ un ramo de rosas blancas/ para poner al Martí/ que tengo en mitad del aula”.
Homenaje realizado por la Uneac, a propósito del 70 cumpleaños de Raúl Ferrer
Por sus 70 años, se le honró en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Junto a él, de izquierda a derecha en la foto, Ángel Augier, Onelio Jorge Cardoso, Joaquín G. Santana y Hugo Chinea. (Foto: HÉCTOR DELGADO / Archivo de BOHEMIA)
Renovado fervor
Quienes lo trataron, máxime si vieron el entusiasmo con que, en la Cuba de la Revolución triunfante, renovó su ahínco educacional, lo recuerdan con veneración. De ello abundan testimonios, como los que prestigiosas voces dieron especialmente para acompañar estas páginas, cuyo autor lo conoció, sobre todo, en los Seminarios Juveniles de Estudios Martianos. En esos encuentros el maestro contaba que su Martí “en mitad del aula” no era simple metáfora: en las escuelas a su cargo no había los llamados “rincones martianos”, porque –afirmaba– al hombre de La Edad de Oro no le correspondía estar arrinconado, sino vivir en el corazón de la enseñanza, tanto en quienes la practicaban como en quienes la recibían.
Como parte de su atención a la obra de Martí –sobre quien hacía observaciones que han merecido reconocimiento y gratitud de estudiosos–, hacia el final de su vida colaboró con Teodomira (Teddy) Aguiar Abreu en el afán de compilar los numerosos poemas dedicados por autores de Cuba y de otros países al hombre en quien Gabriela Mistral vio una “mina sin acabamiento”. Recuperar aquella compilación, y publicarla, sería un logro.
De su actitud y sus ideas en general hablan los hechos de su existencia, que, de tantos y tan intensos, no cabría ni rozar en pocas páginas. Felizmente, sobre la trayectoria seguida por él antes y después de 1959, existe una Cronobiografía de Raúl Ferrer Pérez, obra de Lidia Dávila Montes, Baldomero Expósito Rodríguez y Nilda Sosa Delgado. Ese texto ha nutrido y seguirá nutriendo contribuciones sobre la vida y la obra del maestro.
Pero el volumen, impreso en La Habana en 1998, no parece haber tenido una tirada extensa, ni haberse reeditado, y es necesario promover lecturas y conocimientos que le rindan a Ferrer un homenaje digno de sus méritos. No cabe acomodarse a la existencia de páginas publicadas, y tampoco son tantas las que se le han dedicado. Pero, aunque lo fueran, hasta sobre almohadas de libros puede dormir, ingrato, el olvido, máxime tratándose de una figura como la suya, tan distante –y distinta– de las que privilegian como cuestión de moda los medios dominantes en el mundo, cuyos tentáculos desinformadores se cuelan por todas partes.
Con la brújula de Martí –“Ser culto es el único modo de ser libre”–, vio en la Campaña de Alfabetización el modo de acometer en toda la patria la obra de saber y ternura que reclamó el autor de Maestros ambulantes, artículo de 1884 donde se lee aquella máxima. Cumplida la histórica Campaña, Ferrer desarrolló dentro del Ministerio de Educación una fértil labor en el frente de la Educación de Adultos, para el cual se hicieron los planes llamados de Seguimiento.
Su aporte a esa labor –a la que sumaría la Campaña por la Lectura, dirigida a toda la población– fue medular, y le ganó un prestigio que desbordó largamente el ámbito cubano. Fue asesor de la Unesco y participó en distintos foros internacionales. También ejerció la diplomacia como consejero cultural de la Embajada de Cuba en la Unión Soviética.
Raúl Ferrer, según los caricaturistas Juan David y BlanquitoRaúl Ferrer, según los caricaturistas Juan David y Blanquito
Raúl Ferrer, en los trazos y modos de los caricaturistas Juan David y Blanquito, respectivamente. (Fotocopias: E.C.L.)
En la poesía
Permanente fue en él la conjunción de poesía y labor pedagógica. En el prólogo a uno de sus cuadernos de versos (Poemas, 1990), Alfonso Quiñones recuerda haberle oído decir que no había vivido “‘en poeta’ y a eso achacaba su falta de reconocimiento por parte de la crítica. Pero es que, en realidad, Raúl Ferrer siempre ha vivido ‘en poesía’”. El juicio de Quiñones lo apoyan textos del propio Ferrer.
En Raquel, poema dedicado a Raquel Cuesta Méndez, la compañera de su vida, sostuvo: “¿Recuerdas/ cuando andábamos/ de un lugar para otro/ perseguidos?// Todo quedaba/ abandonado en casa;/ menos los versos,/ lo único que de veras/ aquel mundo/ me dejó poseer/ y compartir contigo!”. En Arte poética plasmó el sentido con que amasaba la poesía: “Ni verso para hacerme una corona,/ ni verso de acicate a mis instintos,/ ni una mesa de versos,/ ni versos para el llanto./ ¡Mejor los llevo al cinto!”.
No bruñó sus versos obedeciendo a modas, ni llevado por la sed de puntualidad que pudiera dominar a quien acude a la cita con la poesía afanado en hacer carrera literaria. De ahí, y del consciente valor de utilidad –en la virtud– con que escribía, pudiera derivarse algún menosprecio de su estatura poética, acaso por la idea de que, en cuanto a recursos y modos expresivos, no buscó someterse a corrientes o normas de paso. Pero quizás de esa “extemporaneidad” le vengan sus valores más perdurables.
Tampoco se caracterizó por descuidos, ni por subvalorar las exigencias formales para ceder a un pedagogismo cómodo. “Estoy haciendo versos/ porque me gusta la palabra hermosa”, se lee enNueva Beatriz, poema de resonancia dantiana en que declara asimismo: “Estoy hecho de rima casi todo”.Solo que no vio en la forma un fin, sino un camino para llegar con autenticidad al corazón de sus destinatarios. Ya por eso merecería respeto, lo merece.
Si se quisiera un fundamento para acreditar las consideraciones precedentes, quizás no habría otro mejor que la aceptación de la cual gozan, hechos canciones, textos suyos tan diversos como el ya citado Romance de la niña mala La vaquita Pijirigua. Tal triunfo no alcanzaría a explicarlo únicamente la destreza del espléndido musicalizador e intérprete: Pedro Luis Ferrer, sobrino y venerador del poeta. Se explica por el dominio que este tuvo de la palabra, y por un registro de sentimentalidades que van desde la ternura hasta la comicidad de arraigo popular.
Campechanía, grandeza
Retrato de Raúl Ferrer que formó parte de la exposición que, por su centenario realizó el Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo
Este retrato, cuyo autor no hemos logrado
identificar –ojalá contribuya a ese empeño su
publicación en BOHEMIA–, formó parte de la
exposición que el Instituto de Literatura y
Lingüística José Antonio Portuondo Valdor
dedicó al centenario de Raúl Ferrer.
(Fotocopia: E.C.L.)
El autor de esos textos, y de tantos otros, hace pensar en un tipo humano característico del centro del país, donde parecen brotar, como frutos de la naturaleza, seres en quienes la conciencia del valer propio va pareja con la voluntad de no darse importancia, o, para emplear una expresión que hoy parece en desuso, no darse lija. Vienen a la mente personas a un tiempo afines y diversas, como los escritores Samuel Feijóo, de quien contaba anécdotas deliciosas, y Onelio Jorge Cardoso –ambos próximos afectivamente a él–; Alcides Iznaga, cuyo centenario, en 2014, pasó sin la atención merecida; o la maestra y trovadora Teresita Fernández.
La proyección de personas como esas puede confundir a quienes se dejan encandilar por poses y figureos. Pero no a quienes miren a lo hondo y con pupila esclarecida. En el caso que nos ocupa, y en otros, la campechanía apunta a una conciencia de servicio colectivo que engulle o pone en su sitio a la vanidad y otras expresiones de la egolatría. No es razón para desconocer la altura de aquellos y aquellas que no se dejan obnubilar por su jerarquía intelectual.
A propósito del aniversario 90 de Raúl Ferrer, que había fallecido el 12 de enero de 1993, en La Habana, Enrique Núñez Rodríguez, amigo suyo y también de origen villareño, escribió: “Ahora que la cubanía, la identidad nacional, y nuestras raíces culturales son objeto de un serio estudio, alguien debería profundizar en el pensamiento, la obra y, sobre todo, la sicología de este comunista con letra de Marx y Engels y música de Sindo Garay”. Para hacer aún más completo el feliz y risueño acierto, habría que añadir, con toda seriedad, que la orquestación iría por cuenta de José Martí.
Armando Hart Dávalos
(Foto: GILBERTO ANTE)
Mis recuerdos de Raúl Ferrer

Aunque ya conocía a Raúl Ferrer como combativo dirigente sindical del magisterio y a la vez renombrado poeta decimista, tuve la oportunidad de tratarlo de forma más íntima y cotidiana a partir de los días iniciales de la histórica Campaña de Alfabetización, donde jugó un papel crucial tanto en su amplia movilización social como en los aspectos técnicos y pedagógicos. Posteriormente, a él se debe en gran medida el lanzamiento de la Campaña de Seguimiento, original manera de complementar y consolidar los conocimientos adquiridos por los recién alfabetizados.
Cuando recordamos su centenario, Raúl viene a mi mente como figura destacada dentro de la vanguardia de los maestros cubanos más ilustres, incorporados al Ministerio de Educación tras el triunfo revolucionario; lo recuerdo también como firme militante comunista, por su comportamiento siempre unitario y por su extraordinaria simpatía personal.

Armando Hart Dávalos (Primer ministro de Educación en la Cuba revolucionaria, atendió desde ese cargo la Campaña de Alfabetización. Posteriormente fue ministro de Cultura y hoy dirige la Oficina del Programa Martiano).

Asela de los Santos
(Foto: L.T.S.)
Un maestro poeta

Su condición de pedagogo y poeta dio como resultado todo lo que hizo en Educación. Era simpático y ejercía gran atracción sobre la mayoría, en especial sobre los niños. Cuando llegué al Ministerio, él estaba en Educación de Adultos. Se necesitaba reorganizar el sistema para resolver incongruencias en el flujo de los alumnos, y los adultos eran parte importante.
Traía la experiencia de su intenso trabajo en la Campaña de Alfabetización, y asumió la que se llamó de Seguimiento, dirigida a elevar el nivel mínimo de la población al sexto grado, y luego al noveno, para lograr el crecimiento que vendría. Hizo una gran obra, en la concepción misma del trabajo, y en la elaboración de los materiales necesarios. Sus libros sobre el tema, verdaderas joyas, se dirigían a los adultos recién alfabetizados, que no dominaban bien el idioma. Escribía de manera que los temas y la expresión les interesara y los ayudara a comprender.
No era propiamente un académico, sino algo más: un creador con un pensamiento activo que le permitía resolver problemas rápidamente. Sin haber hecho altos estudios especializados, logró un gran nivel pedagógico y cultural. Era un hombre valiente, algo muy importante. En Educación todo el mundo tiene la virtud de sentirse pedagogo, y hay cosas técnicas que se requiere discutir con especialistas. Él las enfrentaba sabiamente. Tuvo éxito, y tanto los viejos maestros como los más nuevos le rendían culto. Se lo ganó sin ser impositivo. Tenía la cualidad, la gracia, de llegar y convencer. Era muy juicioso y estuvo abierto a las transformaciones. Me alegra mucho que se le haga justicia, no solo en su centenario.

Asela de los Santos (Fue viceministra primera y ministra de Educación. Actualmente es  asesora en la Oficina de Historia de las FAR)
Lidia Turner Martí
(Foto: L.T.S.)
Así era Raúl Ferrer

Tuve la alegría de tratarlo en distintas circunstancias, como en la Asociación de Pedagogos de Cuba, en la que fue sumamente activo. Coincidí con él en Nicaragua, poco después del triunfo de la Revolución Sandinista. Estábamos allí como asesores: él, de la Unesco (fue importantísimo para la Campaña de Alfabetización en aquel país); yo, del Ministerio de Educación. Un día estábamos esperando su visita, y me dicen: “Por ahí viene Raúl Ferrer”. Yo, que lo conocía desde hacía años, miraba y no lo veía, hasta que me percaté de que era un hombre que vestía jean y cotona, llevaba un sombrerito y calzaba tenis. Yo tenía la imagen de funcionarios de la Unesco trajeados.
Él se hacía querer con su bondad y su simpatía, y se le respetaba  por sus conocimientos y su creatividad, y por su presencia en tareas como las desarrolladas por el Movimiento Quincho Barrilete con el fin de proteger a niños que necesitaban vender periódicos en las calles para ayudar a sus familias, y a veces morían atropellados por automóviles. El Movimiento ayudó al Frente Sandinista a adoptar medidas concretas en auxilio de aquellos niños, para cuidarlos y que pudieran asistir a la escuela.
También recuerdo una confesión que nos hizo: “No paro hasta aprender el Palo de Mayo y poder bailarlo con una nica antes de terminar la Alfabetización”. Pensando en el dinamismo de esa danza, le contesté: “Pero requiere mucho esfuerzo. ¿Lo sabe Raquel, que tanto te cuida por tu afección cardiológica?” Poco tiempo después me contó feliz: “Ya bailé el Palo de Mayo con una nica. Por poco me muero, pero aquí estoy”.

Lidia Turner Martí (Fundadora y presidenta, por varios períodos, de la Asociación de Pedagogos de Cuba, de la cual es actualmente presidenta de honor. Profesora de mérito de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona. Miembro de mérito de la Academia de Ciencias de Cuba).
TRES POEMAS DE RAÚL FERRER*
Mi pueblo
              A Carlos Puebla

Mi pueblo está tirado sobre la costa norte
de la inquieta provincia que es el centro de Cuba.
Para poblarlo hicieron su contrastado aporte
la sangre de los blancos y la sangre yoruba.

Al sur, la cordillera. El viajero que suba
verá al fondo del valle el fantasmal recorte
de un barracón en ruinas cuyo silencio incuba
la evocación cañera del esclavo y el corte.

La zafra en dos centrales. Nuestra esperanza humea
sesenta días al año de cada chimenea,
y al fin es bagacillo lo que nos ha cubierto.

Engordamos un poco mientras corre el guarapo.
Y con lo que nos queda, nos compramos un trapo
que cubra la miseria de todo el tiempo muerto.
1940

Alfabetización

Voy a aprender a escribir,
guajirita desdeñosa,
para ponerte una cosa
que me da pena decir.

Qué doloroso es sentir
que llevo dentro un jilguero
cantándome: –Compañero,
toma lápiz y papel
y escribe: “Guajira cruel,
si no me quieres, me muero”.

                                     1961

A Juan Marinello
Yo he visto el oro hecho tierra
Barbullendo en la redoma…
                                                        José Martí


Asciendes por tu senda: hay que cantarte,
Juan que vienes de tramos sin olvido
con tu talento que pulió el partido
para llevar, valiente, su estandarte.

En vida y lucha tu martillo, el arte
tanto pesa por fruto recogido
como tu eternamente florecido
ejemplo de –en la hoz– multiplicarte.

Quiero cargar este mensaje breve
con el regalo que a tus manos lleve
no el oro que barbulla en la redoma,
sino del gran Octubre el mármol puro,
y del Enero limpio el sol seguro,
para el vuelo triunfal de la paloma!
1976

La Uneac puso a circular en 1979 una valiosa compilación de su obra poética, Viajero sin retorno, entre otros Portadas de sus de sus más importantes libros: Viajero sin retorno y Poesía en la pedagogía. La Uneac puso a circular en 1979 una valiosa compilación de su obra poética, Viajero sin retorno; y uno de los homenajes que en su centenario le ha rendido la Asociación de Pedagogos de Cuba es el volumen, con título de los editores, Poesía en la pedagogía (2015), que –se lee en la contracubierta­– abarca también El retorno del maestro, publicado por Gente Nueva en 1990. (Fotocopias: E.C.L.)

* Tomados –por la calidad de esa edición– de Viajero sin retorno. (L.T.S.)