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viernes, 5 de febrero de 2016

Relaciones Cuba-Estados Unidos: Aprovechemos las oportunidades. Por Juan Triana Cordoví



Dr.C Juan Triana Cordoví Hasta hace apenas un año y unos meses, era prácticamente imposible pensar que Cuba y Estados Unidos lograran establecer relaciones diplomáticas a pesar de las diferencias entre ambos países en temas muy sensibles.


Entonces, cuando pensábamos en la futura evolución de la economía nacional y en la ecuación de desarrollo de Cuba, las relaciones con Estados Unidos aparecían como una constante de signo negativo.

Ahora, un año y unos meses después del 17 de diciembre del 2014, la ecuación sigue teniendo a Estados Unidos como uno de sus componentes, pero el signo no está predeterminado y dependerá mucho de cómo Cuba pueda aprovechar esta nueva situación.

A pesar de que el bloqueo sigue totalmente vivo, de que Cuba aun no puede realizar operaciones con los dólares de Estados Unidos, de que los ciudadanos norteamericanos no pueden invertir en esta Isla, y de que OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros) no desperdicia oportunidad para multar a cualquier empresa que lo transgreda, reitero, a pesar de todo eso, lo cierto es que los primeros efectos del cambio en la relación entre los dos países son perfectamente visibles y desde mi punto de vista, positivos para Cuba y para las aspiraciones de avanzar hacia un desarrollo sostenible que promueva la prosperidad, individual y colectiva.

El primero, quizás el más evidente, pero a la vez el más difícil de cuantificar, está asociado a la percepción sobre Cuba por parte de otros países y de compañías y hombres de negocios.

Una encuesta realizada entre hombres de negocios por Cuba Standard confirmó ya, desde inicios del 2015, ese cambio favorable.

Repetida a finales del 2015, todavía las percepciones seguían siendo favorables a Cuba. En esa misma encuesta, el 63 por ciento de esos mismos hombres de negocios identificaron al bloqueo norteamericano como el principal factor que obstaculiza sus intenciones de negocios en Cuba.

Esa nueva percepción también contribuyó a las negociaciones sobre la deuda, cuyo último y más exitoso capítulo fue el acuerdo alcanzado con el Club de París recientemente. Para los que constantemente han repetido y repiten que el bloqueo no es más que un pretexto esgrimido por Cuba, estos hechos que acabo de mencionar pueden servir para entender esos otros costos: los de las oportunidades pérdidas por nuestro país debido al bloqueo.

Otro de los efectos -muy palpable-, es el crecimiento de la visitas de ciudadanos norteamericanos a Cuba. Desde los 90 000 del año 2014 a los más de 140 000 de este año 2015, aunque todavía hacer turismo en Cuba está prohibido para los norteamericanos. Aun cuando no pueden usar sus tarjetas de crédito y deben viajar bajo alguna licencia de las existentes, el impacto del 17 de diciembre se hizo notable.

Llamo la atención acerca de esto, pues sin dudas la lista de medidas tomadas por la administración Obama es significativa, aun cuando todas ellas sumadas, no alcancen para acabar con un bloqueo, del cual solo el Congreso norteamericano podrá dar cuenta algún día.

Mientras tanto, esa idea de ir quitándole ladrillos al muro del bloqueo, ayuda al propósito, aunque tenga alcances limitados y hará más difícil cualquier idea trasnochada de sectores políticos norteamericanos por dar marcha atrás a lo avanzado hasta el momento. Esa a mi juicio es la principal de todas las ganancias.

Así, hace apenas un par de semanas, nuevamente la administración norteamericana lanzó un nuevo paquete de medidas, que abarcan desde temas financieros hasta los asociados a viajes. Las medidas vienen acompañadas, como otras veces, de la misma retórica acerca del propósito de las mismas, dirigido a ayudar al pueblo de Cuba y no a su gobierno.

Desde mi perspectiva y aún con el alcance limitado que tienen, es posible mirarlas desde el ángulo de las oportunidades. La primera de todas es la de contribuir a esa nueva percepción sobre Cuba que ha ido creciendo en los últimos años.

La segunda, porque de alguna manera, también contribuye a tener una “canasta” de posibles socios comerciales más variada y propicia la competencia entre las compañías extranjeras, por este mercado, pequeño y complejo en su operativa diaria, pero para nada despreciable.

La tercera, porque el fomento de cierto tipo de comercio, todavía restringido y “custodiado” ensancha la posibilidad del conocimiento desde ambas partes y contribuye a la reconstrucción de esas relaciones.

Así la posibilidad de que compañías norteamericanas puedan comerciar obteniendo financiamientos para sus operaciones, puede incrementar aún más el interés del mundo de negocios de aquel país por Cuba, algo siempre beneficioso, pues nos permite mayores opciones a la hora de decidir a quién comprar un producto.

Es cierto que en uno de los rubros más decisivos para Cuba no será posible la importación con financiamiento, pues las ventas agrícolas siguen estando codificadas por el bloqueo y no pueden ser objeto de financiación.

En el caso de las operaciones aéreas ocurre otro tanto. Que las grandes compañías norteamericanas se involucren en este proceso es algo que suma. 

Que estas últimas disposiciones refuercen los acuerdos ya suscritos para establecer vuelos regulares, utilizar códigos compartidos y permitir la compra de equipos y tecnologías que contribuyan a la seguridad de los vuelos, permite también la entrada a nuevas compañías que hasta ese momento tenían vedado, por disposición del gobierno norteamericano, el mercado cubano.

Pero es cierto que también pecar de ingenuidad en una relación tan compleja es de los peores errores que se pudieran cometer. La prueba más fresca es la demanda de la Empresa Bacardi al gobierno norteamericano ante el fallo favorable a Cuba sobre la marca Havana Club. La decisión de la  oficina norteamericana de Patentes y Marcas (USPTO) permitirá a Cuba comercializar esta marca en Estados Unidos una vez eliminado el bloqueo. 

“Los estadounidenses tienen derecho a saber la verdad de esta decisión repentina y sin precedentes, tomada por el gobierno estadounidense, que revirtió una política internacional que protege contra la aceptación de confiscaciones de gobiernos extranjeros”, respondió el vicepresidente de Bacardí, Eduardo Sánchez.

Esto reafirma la convicción de que intereses más que abundantes persisten en contra de este proceso de reconstrucción de relaciones iniciado por ambos presidentes el 17 de diciembre del 2014.

La otra cara de esta misma moneda sería la postura más que cándida de pensar que lograr relaciones menos anormales con Estados Unidos sería la vara mágica que resolvería nuestros problemas.

Dentro y fuera de Cuba hay quienes la suscriben en un ejercicio que se mueve entre la edulcoración de la historia y el desconocimiento.

El accidente geográfico de estar a noventa millas de Estados Unidos es una condición que nos ha acompañado en toda nuestra historia contemporánea, desde la época de la colonia hasta al época de la Unión Soviética. No hay remos suficientemente poderosos, ni tampoco motores que permitan cambiar es condición de cercanía. Creo que tampoco nos hace falta.

Las ventajas de estar muy cerca del mayor mercado del mundo vienen de la mano de los riesgos que ello implica. Manejar los riesgos con habilidad, amortiguar sus efectos y convertirlos en oportunidades es, sin dudas, la mejor opción. Y ello depende en mucho, más bien en casi todo, de nosotros mismos.

Es cierto que la retórica que generalmente acompaña los anuncios de nuevas medidas que la administración Obama adopta, se esmera en afirmar que las mismas son para mejorar al pueblo de Cuba y no al gobierno. Pero ¡qué cosa!, el pueblo de Cuba en su inmensa mayoría nació después de 1959; creció y se educó en las instituciones que el Gobierno de Cuba erigió durante esos años. Hoy está formado por más de un millón de profesionales, su clase obrera alcanza grados de escolaridad inéditos para muchos países y ha sido la cantera de la cual han surgido una parte importante de los trabajadores por cuenta propia y de los miembros de las cooperativas.

Sí, es cierto, ellos son producción nacional, no los hemos importado de ningún país. Son también actores legítimos de ese proceso de transformaciones que se inició en el año 2007 y alcanzó dimensiones de programa en el 2011. De hecho, ellos son de los principales beneficiarios del mismo.

Qué coincidencia que la administración Obama desee que los actores no estatales se beneficien con sus medidas, mientras que el gobierno cubano durante estos últimos ocho años ha estado, ciertamente con cautela, abriendo espacios de actuación para esos nuevos actores.
Qué tonto sería hacerle el juego a aquella retórica, de allá o de aquí, que pretende abrir espacios y dividir a los que se empeñan en mirar hacia delante.
Aprovechemos las oportunidades.

FUENTE:


 Publicado por:  David Díaz Ríos / @daviddr5129 

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