Blog_CubaSigueLaMarcha

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lunes, 23 de marzo de 2015

Nuestra sociedad civil

Nuestra sociedad civil


Cuba, aunque no es un caso único, es un buen ejemplo de cuánto se puede hacer cuando el gobierno y la sociedad trabajan juntos en la construcción y la aplicación de las políticas
La dominación no siempre se ejerce mediante la fuerza, ni a través de las armas o la coerción directa. Los símbolos constituyen un campo de batalla silencioso de la sempiterna guerra entre opresores y oprimidos.
Y no hay nada que guste más a los poderosos que apropiarse de las palabras y su significado. Ese es el caso de “sociedad civil”, un concepto que ha sido manipulado y puesto al servicio de quienes buscan perpetuar el tipo de sociedad consumista y capitalista que ha mar­­cado la modernidad.
Igual suer­te corren otros como derechos humanos, democracia y libertad, que pierden todo sentido práctico en sociedades basadas en la injusticia y la desigualdad.
No es extraño entonces escuchar hablar de “apoyo a la sociedad civil” cuando se entrena y arma a grupos subversivos para derrocar gobiernos legítimos, que no son complacientes con el estatus quo global. Pero nunca se invoca para hablar de aquellos que reclaman en las calles un puesto de trabajo digno, el fin de la austeridad y la destrucción de los servicios sociales o que el 1 % de la humanidad no continúe tomando las decisiones por el otro 99 %.
En medio de ese escenario se llevará a cabo enPanamá, a comienzos de abril, un foro sobre la sociedad civil de nuestro hemisferio, cuyos resultados serán presentados a los mandatarios asistentes a laVII Cumbre de las Américas.
Cuba, que asistirá a este evento por primera vez, deberá enfrentar allí las viejas tácticas de vestir a algunos asalariados de potencias extranjeras como luchadores por los derechos humanos, mientras se intenta desconocer a las más de dos mil organizaciones y proyectos que conforman nuestra sociedad civil.
La Constitución cubana garantiza los derechos de asociación y establece que estos son “ejercidos por los trabajadores, manuales e intelectuales, los campesinos, las mujeres, los estudiantes y demás sectores del pueblo trabajador”.
Además, se refiere directamente a las garantías de las organizaciones de masas y sociales, cuyos miembros “gozan de la más amplia libertad de palabra y opinión”.
la sociedad civil en Cuba
Existe, asimismo, una Ley de Asociaciones del año 1985 que tiene como fin regular ese derecho constitucional y bajo la cual están inscritas más de dos millares de organizaciones con intereses científicos, culturales, deportivos, de solidaridad, entre otros.
Aún así, hay quienes se empeñan en cuestionar la validez de una sociedad civil que no busca parecerse a ninguna otra, de la misma manera que es único el proyecto político y económico que soberanamente ha decidido construir el pueblo cubano durante más de medio siglo.
El Foro de la Sociedad Civil Cu­bana Pensando Américas, ce­le­brado en La Habana  el pasado 17 de marzo, fue una muestra de la vitalidad y heterogeneidad de las formas de asociación en el país, así como de las profundas transformaciones que se han llevado a cabo durante los últimos años.
Allí se reunieron más de 300 re­presentantes de los trabajadores por cuenta propia, la Central de Tra­bajadores de Cuba, los estudiantes, la Federación de Mujeres Cuba­nas, los artistas, los intelectuales, los educadores, los científicos y los religiosos.
Sus reflexiones colectivas sobre lo que se ha hecho en materia de derechos para todos los ciudadanos y la dignificación de todo un pueblo, así como los debates sobre lo mucho que falta por hacer para perfeccionar nuestro sistema político y económico, seguramente sorprenderían a quienes solo ven una contradicción entre la sociedad y el Gobierno.
Y es que cuando un Estado re­presenta los intereses de las grandes mayorías, no tiene por qué haber un antagonismo insalvable con las asociaciones que de manera libre establecen los ciudadanos.
Quienes tienen esos temores son los mismos que pregonan la abolición de las instituciones públicas cuando se trata de llevar servicios so­ciales al pueblo, pero que recuerdan al Estado cuando se trata de salvar a bancos especuladores, que por poco lanzan al precipicio toda la economía global.
Cuba, aunque no es un caso único, es un buen ejemplo de cuánto se puede hacer cuando el gobierno y la sociedad trabajan juntos en la construcción y la aplicación de las políticas que han sido debatidas y aprobadas democráticamente por las mayorías.
Como quedó demostrado en el Foro, eso no implica  que las opiniones sean unánimes, sino que en la diversidad y la confrontación de ideas está la clave para superar los retos de un país subdesarrollado, que ha sufrido más de medio siglo de agresiones de la mayor potencia económica y militar del mundo, y que ahora avanza en un nuevo proceso para establecer una relación  civilizada con ese adversario.
Los debates, en muchos sentidos críticos del accionar propio y el del Estado, demostraron que Cuba dista de ser una sociedad perfecta u homogénea, pero que ha decidido perfeccionarse sin injerencias ni presiones externas.
Esos mismos jóvenes, intelectuales, sindicalistas, científicos y trabajadores de todos los sectores y formas de propiedad, llevarán también la voz de toda una nación en apoyo a la República Bolivariana de Venezuela, cuyo pueblo lucha por una sociedad cada vez más justa, lo cual le ha valido para que la superpotencia imperialista la acuse de amenazar su seguridad nacional.

http://davidson.cubava.cu/2015/03/23/nuestra-sociedad-civil/


A propósito de la Cumbre de las Américas, y la “Sociedad Civil”


cumbre de las américas sociedad civilLa derecha conservadora internacional con sus puñales mediáticos, los“grandes” medios de comunicación, utilizan el término “Sociedad Civil” para atacar a los gobiernos progresistas, en particular, y a la izquierda, en general, además de con el propósito de engañar y manipular a los pueblos del mundo.
Los ultraconservadores, con sus poderes fácticos, acuñaron ese término o concepto, como le queramos llamar, con intenciones retorcidas, y lo replican una y otra vez, para hacer creer que su telaraña perniciosa engloba a todos los ciudadanos de una nación, de una región, o del planeta tierra.
Sin embargo, la “Sociedad Civil” de esos poderosos y sus emporios mediáticos, se reduce a “opositores” o “disidentes que son fabricados, pagados y dirigidos como drones desde Estados Unidos y Europa, a través de supuestas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), de “cooperación o “defensoras” de los Derechos Humanos, que tienen financiamientos directos de gobiernos e instituciones secretas.
¿Cómo pueden formar parte de la “Sociedad Civil” grupúsculos o ciudadanos que reciben salarios de la norteamericana Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), por medio de disfrazadas ONGs estrechamente vinculadas a Washington y a regímenes derechistas europeos?
Esos pequeños grupos e individuos no son otra cosa que uniformados con “plata” del Pentágono, la CIA, y cuerpos de espionaje del llamado Viejo Continente para subvertir el orden en naciones a las que consideran adversarias a sus intereses de dominación.
Los llamados “disidentes” cubanos se reúnen frecuentemente con connotados terroristas en Miami, como Luis Posada Carriles, son asalariados confesos y probados del régimen norteamericano, y sus amos dicen que pertenecen a la “Sociedad Civil”.
Igual vociferan de opositores venezolanos, también pagados por Washington, y protagonistas de hechos violentos, crímenes e intentos de Golpes de Estado “Made in USA”.
Por supuesto que todos esos mercenarios que sirven por dinero a una potencia extranjera saben muy bien que no son reconocidos en sus pueblos y difícilmente pueden llegar al poder, razones por las cuales utilizan la fuerza y los show mediáticos preparados por sus dueños para desestabilizar a sus propios países, y pretender imponerse violando las leyes.
Actúan como títeres de Washington, al igual que lo fueron dictadores como Fulgencio Batista, en Cuba, Carlos Andrés Pérez, en Venezuela, y Augusto Pinochet, en Chile, por citar a algunos de una larga lista.
La misión de esos mercenarios es clara: Si llegan al poder por la fuerza es entregar las riquezas de sus respectivas naciones a Estados Unidos y sus aliados, a cambio de prebendas de sus amos, como lo hicieron Batista, Andrés Perez y Pinochet, y todavía lo hacen algunos “obedientes” a la Casa Blanca, bien identificados.
¿Cuál es la “Sociedad Civil” que reconocen los poderosos, la de las minorías negras, indígenas, campesinas, obreras, la de los más desposeídos? Pues claro que no. Ninguna de ellas recibe recursos para mejorar sus condiciones de vida, únicamente si se prestan para la subversión a favor de los designios de Washington.
La única Sociedad Civil que debe ser reconocida es la que conformen organizaciones y entidades autóctonas, sin dinero ni injerencia extranjera de las potencias del Norte, que a cualquier precio quieren seguir sometiendo al Sur.