Blog_CubaSigueLaMarcha

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lunes, 2 de marzo de 2015

Con la cultura cubana en primera línea

Con la cultura cubana en primera línea

Nuestras aulas constituyen espacio vital para la formación de una conciencia patriótica y revolucionaria, para trasladar los valores que a través de los siglos han guiado a nuestra Revolución
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Posiblemente el miércoles 17 de diciembre trajo para muchos la noticia más relevante del pasado año en el ámbito internacional: el anuncio hecho por los presidentes de Cuba y Estados Unidos de restablecer las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.
El reconocimiento, por parte del mandatario Barack Obama, del fracaso de la política de hostilidad, aislamiento y bloqueo impuesta a nuestro país, refleja, a su vez, la firmeza y dignidad del pueblo cubano en la defensa de nuestros valores y principios al hacer frente durante todos estos años a las embestidas de la potencia más poderosa en la historia de la humanidad.
No obstante, nadie imagine ni por un momento que ahí termina para Cuba la batalla que hemos librado durante tantos años. Tal y como planteara nuestro Presidente Raúl Castro Ruz, en la recién concluida III Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), los propios “voceros del gobierno norteamericano han sido claros en precisar que cambian ahora los métodos, pero no los objetivos de la política, e insisten en actos de injerencia en nuestros asuntos internos que no vamos a aceptar”.
Ahora, sencillamente, cambia el escenario y son otros los matices, lo cual exigirá serenidad y reflexión de nuestro pueblo, pero a la vez mantener, ante el nuevo proceso que se inicia, la firmeza que nos ha caracterizado siempre.
No podemos permitirnos ser ingenuos frente a los actuales retos que tenemos por delante e ignorar la naturaleza que ha distinguido las relaciones entre los dos gobiernos; mucho menos obviar el hecho de que se pretende, desde territorio norteamericano, erosionar la institucionalidad revolucionaria a través de métodos diferentes, cuyas bases fundamentales están ahora en los terrenos ideológico y cultural, sin abandonar el afán de conducirnos al colapso económico.
Ahora, sencillamente, cambia el escenario y son otros los matices, lo cual exigirá serenidad y reflexión de nuestro pueblo, pero a la vez mantener, ante el nuevo proceso que se inicia, la firmeza que nos ha caracterizado siempre.
Urge pues, continuar fortaleciendo el trabajo educativo en las escuelas para reforzar valores asociados al socialismo, la soberanía y el patriotismo. Justamente en nuestros maestros y profesores están uno de los principales baluartes en el campo de los valores y las ideas. Suficiente agudeza e integridad los caracteriza para atemperarse a los nuevos retos y salir victoriosos de ellos.
En la enseñanza de la historia de Cuba, contando a niños y jóvenes las verdaderas contradicciones y multiplicidad de matices que la caracterizan, cuyos protagonistas son héroes de carne y hueso, podemos encontrar también las respuestas a muchas de las interrogantes actuales.
Nuestras aulas constituyen espacio vital para la formación de una conciencia patriótica y revolucionaria, para trasladar, con ideas  claras y sencillas, pero a la vez profundas, los valores que a través de los siglos han guiado a nuestra Revolución, los ejemplos de Martí, Fidel y de todos los héroes que a lo largo de nuestras luchas por la independencia y hasta nuestros días, han ofrecido a la Patria su esfuerzo incondicional e incluso su vida.
En el nuevo escenario surgido luego del pasado 17 de diciembre, también los medios masivos de difusión y las instituciones culturales asumen un rol  insustituible. Toca a ellos estar más alertas que nunca para contrarrestar la avalancha seudocultural que nos llega de la industria hegemónica norteamericana del entretenimiento y pretende a veces confundir “lo estadounidense” con “lo moderno”.
En el nuevo escenario surgido luego del pasado 17 de diciembre, también los medios masivos de difusión y las instituciones culturales asumen un rol  insustituible.
En más de una ocasión la historia de esta Isla ha dejado claro que somos por esencia antimperialistas, lo cual no es sinónimo de “antinorteamericanistas”. Ello, vale aclarar, tampoco se ha traducido jamás en expresiones de odio o enemistad contra el pueblo y la cultura estadounidenses.
Difundir aún más nuestra cultura popular seguirá siendo entonces un reto; promoverla, desde el nivel de las comunidades hasta los medios nacionales, resulta además imprescindible, de manera tal que nuestro pueblo sea capaz de comprender por sí mismo qué nos identifica verdaderamente como cubanos, cuáles son nuestras raíces, de dónde ve­nimos…
En tal sentido, adquieren actualidad las alertas hechas una y otra vez en diferentes congresos de la Asociación Her­manos Saíz (AHS) y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), sobre determinados rasgos coloniales en los medios masivos y en la programación de varias instituciones culturales.
Hay que dejar atrás los llamados en abstracto, las generalidades, y pasar a la denuncia concreta de variados hechos que tienen lugar hoy en la sociedad cubana. El papel de la crítica rigurosa a una promoción cultural colonizada es esencial en el presente.
Y es que todos, desde un sonidista en espacios del turismo o la gastronomía, hasta un conductor o director de programas cotidianos que se transmiten por nuestra televisión, juegan su papel en la formación de valores y en la promoción de las mejores raíces de nuestra cultura.
Urge crear una posición crítica, inteligente, de análisis, frente al afán por consumir a toda costa “lo último”, que no necesariamente es lo más instructivo y en ocasiones está saturado de contenidos tontos y vacíos.
Hay que dejar atrás los llamados en abstracto, las generalidades, y pasar a la denuncia concreta de variados hechos que tienen lugar hoy en la sociedad cubana. El papel de la crítica rigurosa a una promoción cultural colonizada es esencial en el presente.
Ajustarse a la política cultural del país, a los valores que a través de ella trasladamos, a las raíces que desde hace más de medio siglo la sostienen, no puede convertirse en acto de un día o dos, menos en estos tiempos. Corresponde a maestros y profesores, promotores culturales, artistas y escritores, instructores de arte, realizadores y directivos de los medios, trabajar de manera articulada para que nuestras mejores esencias y principios lleguen de modo coherente a la población, sin conceptos extranjerizantes de por medio.

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