Blog_CubaSigueLaMarcha

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miércoles, 25 de mayo de 2016

¿Soñar no cuesta nada?



¿Soñar no cuesta nada?, por José Echemendía Gallego / Universidad Sancti Spiritus

Desde que era adolescente he escuchado infinidad de veces la frase “soñar no cuesta nada”, pero solo hasta hace muy poco –motivado por diferentes circunstancias-  supe que era una frase incompleta: “…lo que cuesta es hacer los sueños realidad”.

En días pasados, cuando respondía un correo electrónico al mayor de mis hijos que todavía anda lejos persiguiendo sueños, me asaltó una interrogante, ¿cuántos de sus compañeros tomaron igual camino?, y sin que me sorprendiera el resultado pude identificar a poco más de un 40 por ciento andando por esos senderos.

El tema de los cubanos que se marchan de la isla, que no llamamos emigración en el ámbito coloquial, se reduce siempre a los “sueños” de las personas, a la aspiración de conseguir en otro país lo que en el suyo no han logrado o creen que no van a lograr; y mayoritariamente esos sueños y aspiraciones se asocian a bienes materiales, objetos y artilugios que rara vez constituyen necesidades de primer orden.

De la “muestra” tomada por mí, todos jóvenes que hoy tienen entre 30 y 35 años, ninguno tuvo limitaciones objetivas para poder estudiar, todos terminaron la enseñanza preuniversitaria (bachiller) y la mayoría realizó estudios universitarios; todos tenían un trabajo estable y seguro –en entidades del estado o en la alternativa de moda en Cuba, el sector privado, llamados por Obama “los emprendedores”-, todos disponían de un techo digno -de su propiedad o de su familia-, todos recibían el beneficio de un “seguro médico” (salud gratuita y medicamentos subsidiados) infinitamente superior al Obamacare, Medicare, Medicaid (EUA), o al Sanitas (España).

Una buena parte de los emigrados cubanos van hacia los Estados Unidos de América, y en su mayoría lo hacen de forma irregular, alentados por las leyes y políticas de la Casa Blanca (Ley de Ajuste Cubano; pies secos, pies mojados); muchos de ellos se ven compelidos a vender parte o todas sus propiedades en Cuba para disponer del dinero exigido por los mercaderes que dominan el tráfico de personas en el área (entre seis y diez mil dólares), otros invierten los ahorros de la familia; y los menos, pero no pocos a decir verdad, se apropian del dinero de unidades estatales y escapan del país como lo que realmente son: vulgares ladrones; sin embargo, estos últimos son recibidos en aquel país como “verdaderos héroes que escapan del comunismo”.

Pero, ¿qué hay de los sueños? Una vez en la tierra del “sueño americano”; idea o motivación que existe desde el siglo XVI, y que en 1931 James Truslow Adams la definiera en su libro La épica de América, como la igualdad de oportunidades y la libertad que permite a todos los ciudadanos el logro de sus objetivos en la vida, únicamente con su esfuerzo y determinación (muy heroico y aleccionador), inicia la dura batalla individual –muy importante ese adjetivo- para comenzar a darle cuerpo a esos sueños. Casi todos esos jóvenes, el primer paso que dan es el de adquirir un automóvil (ya tiene un sueño cumplido), luego se llenarán de ingenios y aparatos (casi siempre electrónicos), después vendrá el atuendo ajustado a lo último de la moda; y si todo eso puede acompañarse con algún paseo a Disneylandia, asistir a un concierto de un artista ¿famoso? o un viajecito en un crucero, pues nada, mucho mejor.

Cuando indagas en qué trabajan, casi ninguno puede verse realizado en algún empleo relacionado con  los estudios culminados en una universidad cubana; no se dieron cuenta que en una sociedad tan competitiva y desarrollada, en un país del primer mundo, no tendrán otra alternativa que emplearse en trabajos manuales de baja remuneración (jardineros, estibadores, ayudantes de albañil o de otra cosa, lavaplatos, fregadores de autos, empleadas domésticas, operadores en maquiladoras, asalariados agrícolas, entre otros) todos trabajos dignos, pero para los cuales no hacía falta invertir algunos años y recursos en una universidad; si pueden, tendrán que involucrarse en más de un empleo para poder aproximarse al salario medio en ese país (alrededor de $ 3 830 dólares al mes) y poder asumir los gastos de la renta de la vivienda, la mensualidad del coche, y el resto de los servicios básicos (electricidad, gas, calefacción, conectividad, seguros, etc.); lo que quede será destinado a “los sueños”.

No pocos se hallan en la incertidumbre por tener empleos que no ofrecen garantía alguna, y pueden verse en “la calle” de la noche a la mañana; viven hacinados en “pisos” o apartamentos muy pequeños porque no pueden pagarse uno más espacioso.

Tienen sueños cumplidos, pero habría que ver si son los sueños y aspiraciones más importantes en la vida de cualquier persona, y habría que tasar con objetividad la renta de esos sueños, que se pagan sobre todo con la separación de la familia (hijos, padres, hermanos, abuelos), con la pérdida de valores asociados a su identidad, con la frustración de nunca haber llegado a ser el ingeniero, el médico, el maestro, o sencillamente el ciudadano que te inspiró algún familiar o algún vecino.

Hay en cambio muchos jóvenes que han apostado por hacer realidad sus sueños en su patria, y muchos lo han alcanzado, no voy a referir ejemplos de ilustres investigadores, deportistas o artistas; que los hay sobrados; voy a hablar del hijo de una amiga que después de hacerse ingeniero eléctrico, se esforzó y alcanzó su “sueño” de convertirse en un artista de la fotografía; o del joven alumno que tuve en el preuniversitario y que llegó a formarse como Doctor en Ciencias Pedagógicas, o de mi compañero del pre, que se hizo médico y llegó a ser un importante cardiocirujano; hay muchos más ejemplos, y todos ellos compartiendo esos logros y éxitos con su familia, con sus amigos, con sus vecinos; todos ellos poniendo su sabiduría, preparación y conocimientos al servicio de sus conciudadanos y de otros necesitados en cualquier lugar del mundo. Si les digo la verdad, a muchos de ellos les falta el automóvil, no han ido a Disneylandia, o no tienen el último modelo de la telefonía móvil, pero en cambio han compartido sus éxitos con los suyos, han recibido y dado amor de/a su familia, y tienen el reconocimiento y la admiración de miles de personas. Para mí, esos sí han logrado -con creces- hacer realidad sus sueños.  



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