Blog_CubaSigueLaMarcha

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martes, 18 de septiembre de 2018

Entrevista de Miguel Díaz-Canel a Telesur



Díaz-Canel a Telesur: Lo que queremos es construir un país mejor, un mundo mejor / Randy Alonso Falcón




Fue una conversación cálida y llena de argumentos, en la íntima sobriedad de una salita del Palacio de la Revolución, por donde tantas veces caminaron Fidel y Raúl. Patricia Villegas se trajo el morral lleno de preguntas para el Presidente cubano; las más cercanas y también las cuestionadoras. De Cuba a Estados Unidos y América Latina, del Presidente al ser humano, transcurrió la primera entrevista que Miguel Díaz-Canel Bermúdez concede a un medio de comunicación desde que asumió la máxima responsabilidad estatal y de gobierno en nuestro país.
Franqueza, sentido del trabajo colectivo, enorme compromiso con el pueblo, dimensión de las complejidades a las que se enfrenta y de las fortalezas con que contamos, responsabilidad en sostener la continuidad revolucionaria, fue la impresión que dejó Díaz-Canel durante la casi hora y media de diálogo fluido con la Presidente de la cadena multinacional TeleSur.

El compromiso mayor es con el pueblo


Patricia Villegas abrió fuego inquiriendo sobre cómo sentía el Presidente estos primeros cuatro meses de Gobierno.
Díaz-Canel resumió directo la intensidad de todos esos días: “Han sido meses de mucha experiencia”.
Contó que después del 19 de abril empezaron a reflexionar en la dirección del Gobierno, en el Consejo de Ministros, sobre las directrices del discurso cardinal de Raúl aquel día en la Asamblea Nacional del Poder Popular, con el ánimo de traducirlas en elementos que reforzaran la vocación y condición de un Gobierno del pueblo y para el pueblo, lo que es lo mismo que ser el Gobierno de la Revolución.
Enumeró los cuatro pilares que definieron para el ejercicio del gobierno, junto a la ejemplaridad de los cuadros: Que estén en capacidad y actitud de rendir cuentas a nuestro pueblo; que sostengan una relación, debate y diálogo permanente con la población y vayan a los lugares de más complejidad; que sean capaces de utilizar la comunicación social; que conozcan la complejidad de los problemas que enfrentamos y busquen varias alternativas de solución, con ayuda de la investigación científica.
Al responder a otra pregunta sobre el estilo implementado de visitas a provincias, dijo que el propósito es llegar por lo menos dos veces al año a cada territorio acompañado por el Consejo de Ministros para estar más cerca del pueblo. A ello se suma que la Asamblea Nacional y sus comisiones de trabajo visitan también las provincias, lo que permite tener una visión de todo el país.
Afirmó que es imprescindible un diálogo honesto, transparente con el pueblo, buscar soluciones a los problemas y explicar los que ahora no tienen completa solución. Dijo que conversa con los compañeros que hay problemas para los que no tenemos solución inmediata pero podemos ir arrancándole pedazos y el problema no avanza más, se va creando una sinergia de solución. “Igualmente hay problemas que se pueden resolver de inmediato, pero hay alguna decisión burocrática que lo impide”.
Señaló que uno de los objetivos en que se han centrado es en lograr fortalecer la relación del Gobierno central con los gobiernos territoriales y locales. Para ello se le han dado facultades al Primer Vicepresidente, quien tiene una estructura para relacionarse con los gobiernos de provincias y municipios y atender la solución de problemáticas que se vayan del marco de lo que los territorios puedan lograr.
“Creo que es muy importante crear en función de las localidades, de los territorios. Por eso tiene mucho peso la autonomía que le queremos dar a los municipios en la nueva Constitución”, resaltó.

Generar contenidos frente a las plataformas neocolonizadoras


Sobre el ámbito de la comunicación, en el que insistió como una prioridad de gobierno, el Presidente cubano remarcó que ahora estamos en medio de la implementación de la Política de Comunicación Social, que no se queda solo en los medios, sino que se trata de prolongar una cultura comunicacional, la cual tiene que establecer también las bases del gobierno electrónico. Éste debe ser un instrumento, dijo, para contactar con la población, para usarlo en la toma de decisiones.
Cuestionado sobre insatisfacciones con la prensa cubana, Díaz-Canel señaló que en las condiciones en que la prensa cubana ha tenido que hacer la comunicación, ha sabido defender a la Revolución con profesionalidad y eficiencia, pero también hemos enfrentado la apología y el no reflejo de algunos temas. Tenemos que hacer coincidir la agenda pública con la agenda mediática, enfatizó.
El Presidente cubano aludió a la necesidad de generar contenidos enaltecedores en un mundo donde prevalecen las plataformas neocolonizadoras, desmovilizadoras. Insistió en la importancia del uso de las redes sociales y de la creación de espacios comunicacionales para difundir nuestras ideas. “Es una necesidad de la Revolución”.
Reveló que en las mañanas lo primero que hace es leer Cubadebate y las opiniones de la población, además de otros medios.

El principal obstáculo a nuestro desarrollo


En su valoración sobre los desafíos que enfrentamos, Díaz-Canel fue enfático al definir que el principal obstáculo al desarrollo del país es el bloqueo del gobierno de Estados Unidos, al que calificó como una práctica brutal, que persigue condenar a nuestro pueblo a morir de necesidades, y viola lo territorial e impone normas en la relación del mundo con Cuba.
Apuntó que su generación, la de nuestros hijos y nietos han nacido y crecido bajo el bloqueo y resaltó la resistencia heroica de un pueblo que ha sabido sobreponerse a ese obstáculo.
Sobre esta política hostil de Estados Unidos contra Cuba desde hace más de medio siglo, explicó que se ha recrudecido notablemente con la actual administración, por lo que hoy el flujo de inversiones del mundo hacia Cuba está sometido a mayores presiones.
Ante la pregunta si tiene mayor impacto el bloqueo o los nudos internos que hay que desatar, el presidente señaló que no pocas trabas subjetivas están vinculadas con una actitud defensiva ante el bloqueo, que enlentece decisiones en virtud de preocupaciones sobre si algo debilita al país o si se favorece a la estrategia enemiga.
No somos una amenaza para nadie, lo que queremos es construir un país mejor, un mundo mejor, lo que tenemos es una alta vocación para tener mayor justicia social, la que queremos acompañar con prosperidad; y la principal amenaza para lograrlo sigue siendo ese brutal bloqueo”, afirmó.
En otro momento de la entrevista afirmó que todo sería más favorable sin el bloqueo, pero nos preparamos para hacer las cosas en el peor escenario.

La Constitución va a ser robustecida con el debate popular


Ante diversas preguntas de Patricia Villegas sobre el nuevo Proyecto de Constitución y su debate popular, Miguel Díaz-Canel enfatizó en elementos que están entre los más analizados o son polémicos desde la visión de nuestro pueblo o desde el exterior.
Calificó al Proyecto constitucional como “una mirada responsable, objetiva, realista” de nuestra sociedad actual y dijo que responde a los cambios económicos y sociales que hemos venido experimentado a partir de los acuerdos del VI y VII Congresos del PCC, como las nuevas formas de propiedad y gestión no estatal, los pasos en la autonomía de los municipios, y otros.
Señaló que el levantamiento del bloqueo no depende de nosotros y, por tanto, no debemos subordinar nuestros afanes de justicia social, de prosperidad, de avances, a la acción de ningún gobierno extranjero. “Dependemos de nuestros esfuerzos, empeño, voluntad”.
Opinó que la población reconoce el valor del texto constitucional presentado y recordó que se han agotado las tres ediciones de tabloides puestas a la venta. Apuntó que él ha participado en seis asambleas de debate y ha visto a la gente participando, con sus tabloides llenos de “garabatos”. “El texto constitucional va a ser robustecido por este debate popular”.
Hizo la anécdota de un debate en el que participó y un obrero hizo una propuesta de cambio a un párrafo del proyecto. Él intervino para hacerle notar que en otro artículo se contemplaba su propuesta, tras lo cual el trabajador respondió: “Estoy de acuerdo con lo que dijo el Presidente y quiero retirar mi planteamiento. Y yo le dije: ‘no, déjalo, que una duda puede alertarnos’. Al otro día enCubadebatehabía un comentario de una compañera que elogiaba ese ejercicio de democracia”.

No renunciamos al comunismo


Inquirido sobre la ausencia del término comunismo en la propuesta de Constitución, Díaz-Canel responde que “si uno va al marxismo clásico, el modo de producción al que aspiramos es el comunismo. Por lo tanto, comunismo y socialismo están íntimamente relacionados. Si quieres construir el socialismo es porque quieres llegar al comunismo”.
“No lo entiendo como una renuncia. Entiendo que cualquiera de los dos términos (comunismo y socialismo) implica el otro”. Pero, explica, se busca una Constitución que esté objetivamente más cerca de lo que es posible, y que no deja de ser una Constitución socialista. Concebimos que hoy estamos más cerca de la construcción del Socialismo, es en lo que estamos. Para alcanzar el comunismo no dependemos únicamente de nuestro país, depende de la construcción de sus bases a nivel internacional.
Ironizó con el hecho de que quienes más preocupados se muestran con el término comunista en la Constitución sean los mismos que desde el exterior han cuestionado permanentemente a la Revolución Cubana por su proyección.

El Partido de la Unidad


Sobre la existencia de un único Partido, afirmó que “el tema del papel dirigente del Partido, al que no renunciamos y que es apoyado por la mayoría del pueblo, responde a condiciones históricas”. Señaló que el Partido Comunista, en las condiciones de Cuba, no es electoral.
Recordó que José Martí funda el Partido Revolucionario Cubano, que es la base de lo que hoy es el Partido Comunista de Cuba, para desarrollar la Revolución; un Partido que fuera totalmente abierto y democrático como para incluir los intereses de la mayoría y lograr la unidad sin dar lugar a rupturas.
“Cuando hemos tenido divisiones, cuando en nuestra historia se ha fracturado la unidad, hemos sufrido los reveses”, remarcó desgranando ejemplos de los fracasos sufridos en nuestras guerras libertadoras por la división de las fuerzas revolucionarias.
Recordó que la Revolución cubana triunfó con la participación de diferentes fuerzas y que después Fidel logró la convergencia en la unidad y la fundación del Partido Comunista. “Por eso, el PCC es un partido del pueblo para lograr la unidad”.
Díaz-Canel afirmó que para el enemigo la principal apuesta es fragmentar nuestra unidad; hacia ahí dirigen sus planes subversivos, fundamentalmente hacia la juventud.

Defiendo que no haya ningún tipo de discriminación


Instado por la periodista y presidenta de Telesur, el mandatario cubano abordó dos de los temas que más intervenciones han generado en los debates.
Sobre el tema de límites a la propiedad privada y la riqueza, el Presidente  respondió que “de más está decir que estoy de acuerdo con todo lo que está planteado en el Proyecto, pero considero que es una preocupación legítima que la gente se preocupe por esos dos temas. En este escenario, donde se notan relaciones de salario– precio, donde hay personas que reciben determinados ingresos no precisamente relacionados con el trabajo, que para nosotros es algo enaltecedor…, es legítimo que se preocupen… Pero la gente no está pidiendo que quitemos el artículo, sino que enfaticemos en que no haya concentración de la propiedad y que añadamos que tampoco de la riqueza.”
“Habrá que hacer ahora un amplio ejercicio legislativo. Aquí estamos entendiendo qué es lo que la gente está planteando y cómo incluirlo en la Constitución que es un documento de lo mínimo. Todavía falta el aporte del sector juvenil, que es muy importante, pero indudablemente creo que es un tema en el cual debemos detenernos no porque haya disenso sino porque el consenso nos está diciendo que debemos puntualizar en cómo se va a detener la acumulación de la riqueza”.
Sobre la nueva concepción de matrimonio que reconoce el Proyecto de Constitución, el Presidente recordó que “el país ha ido cambiando y nosotros no estamos ajeno a esas realidades. Hay una voluntad emancipadora de la Revolución, una vocación humanista. Hemos transformado el pensamiento, se han roto muchos tabúes que antes eran cosas muy establecidas. La juventud ha empujado mucho en esto, también lo entiende así. Uno tiene sus opiniones, pero también está abierto a las opiniones de la población. La historia de la Revolución nos ha demostrado que cada vez que llevamos las cosas al debate popular nos robustece”.
Reconoció que existen algunas opiniones contrarias que responden a tradiciones culturales, concepciones, a preocupaciones sobre temas como adopción, responsabilidad con los niños. Pero defendió su apoyo a la propuesta a partir del concepto de eliminar cualquier tipo de discriminación en nuestra sociedad. “No dejemos paso a ningún tipo de discriminación”, dijo.
LLamó también a actuar con responsabilidad ciudadana a la hora de votar el texto constitucional; no cerrarse porque su propuesta no aparezca recogida, pues se trata de la construcción de un consenso. “Se debe recordar qué es lo más importante para el país y el rol de ciudadanos responsables que tenemos”.
Se mostró confiado en que la mayoría va a votar favorablemente y desdeñó los esfuerzos de la contrarrevolución por llamar al rechazo de la Constitución. “Lo que ellos quieren no responde al deseo de mejorar al país. Esa contrarrevolución está pagada y financiada por el Gobierno de Estados Unidos, a veces de forma más encubierta o descubierta. No tienen respaldo popular”.

Una juventud activa y antianexionista


En varios momentos del diálogo estuvo presente el tema de la juventud, sus aspiraciones, sus desafíos, la relación desde el Gobierno.
Sobre su cercanía con los jóvenes, Díaz-Canel afirmó que Fidel fue un abanderado en esa relación, desde aquellas jornadas en la Plaza Cadenas de la Universidad de La Habana a inicios de la Revolución, y que ese aprendizaje él pudo adquirirlo desde sus responsabilidades en el Comité Nacional de la UJC, sus labores partidistas en provincia y como Ministro de Educación Superior. “Para mí fue fundamental en todos los momentos. Los jóvenes aportan mucho y refrescan tanto…”.
¿Y esa generación no estará aspirando a otras ofertas electorales o a otros medios de comunicación?, le preguntó Patricia Villegas al hablar del texto constitucional. “Nuestros jóvenes nacieron en el Periodo Especial y han vivido en Periodo Especial”, recordó Díaz-Canel. “Esa juventud tiene esperanzas de que el país se desarrolle más rápido. Es una generación culta, educada, activa, que participa, y no creo que su principal deseo sea estar contra el Partido y la Revolución. Sus deseos se concentran en que haya más desarrollo, más avances, que los tengan en cuenta, más participación y que tiene aspiraciones de desarrollo tecnológico y sobre la comunicación social. Es una generación que tiene elementos de diversidad y que tiene los beneficios de la Revolución. Es una generación que tiene firmeza y que no es anexionista, que quiere la independencia, que va a dar continuidad a la Revolución”.

Con Estados Unidos estamos dispuestos al diálogo sin imposiciones


Las posiciones agresivas de la administración Trump y el estado de las relaciones actuales entre Cuba y Estados Unidos no podían faltar en la entrevista.
El Presidente cubano calificó como en retroceso a esas relaciones y recordó: “Ya Fidel había dicho que nuestros conflictos, nuestras diferencias, no son con el pueblo norteamericano. Pero no se puede aspirar a un diálogo donde en una parte hay prepotencia, hegemonismo, presión, ni donde una parte exige que tú te sometas a sus designios…. ¿Cuándo se abrió una etapa diferente? Bueno, pues en la última etapa del presidente Obama. Fue un proceso que siempre se pensó que sería largo, y que comenzó con la presencia aún del bloqueo.
“Establecimos relaciones y comenzamos una etapa de normalización que debía llevar a la eliminación del bloqueo. En esa etapa, logramos mantener una sistematicidad de contactos y logramos establecer embajadas en ambos países. Logramos tener una relación civilizada a pesar de las diferencias ideológicas.
“Hay una parte de la sociedad de Estados Unidos que quiere tener relaciones con Cuba. Y, de hecho, hay determinados intercambios”.
Enfatizó que Trump en noviembre dictó medidas inaceptables que sólo benefician a la minoritaria mafia anticubana de Miami. Tales medidas van en contra de lo que piensa el pueblo norteamericano, que en las últimas encuestas se mostró mayoritariamente en desacuerdo con el bloqueo, porque los limita en sus viajes a Cuba y en sus relaciones comerciales y financieras con un listado de empresas cubanas, y limitan las relaciones entre familias. Limitaron el personal en su embajada y en la nuestra. Han incluido trámites de visados a través de terceros países.
Sobre la campaña estadounidense acusando a Cuba de ataques contra su personal en la Embajada en Cuba y la supuesta participación rusa, el presidente cubano señaló: “Han vuelto a la amenaza y a la imposición, y en medio de todo eso han creado una falacia, que han llamado ‘ataques acústicos’. Yo creo que si hay un país en el que se cuida a los ciudadanos extranjeros y a los diplomáticos extranjeros es este”.
“Tenemos mucha ética para pedir a nadie que ataque a otros. Cuba no ataca. Cuba defiende. Cuba es solidaria. Indudablemente hay que reconocer que las relaciones ahora están retroceso. No hemos limitado las posibilidades de diálogo, pero tiene que ser un diálogo donde no se condicionen nuestras relaciones. Nosotros no estamos dispuestos a hacer concesiones”.
Díaz-Canel afirmó que quien sí ha sufrido los más diversos ataques es Cuba, de todo tipo, incluyendo atentados contra sus dirigentes. Y enfatizó: “Cuba se defiende, Cuba comparte, Cuba es solidaria, Cuba tiene vocación de que un mundo mejor sea posible”.
Señaló que Cuba no niega la posibilidad de diálogo con el gobierno de Estados Unidos, pero no acepta imposiciones, ni chantajes, ni renunciará nunca a sus principios.

A Venezuela la amamos


Una batería de preguntas sobre temas latinoamericanos llevaron al Presidente cubano a valorar el escenario regional:
“A Venezuela la amamos. Venezuela con Chávez cambió la situación dependiente de un país que está llamado a jugar un papel importante en la región por sus recursos naturales y su historia. Chávez con su amistad con Fidel pudieron trascender, ya no solo con un proyecto de Venezuela o de Cuba, sino con un proyecto de integración latinoamericana. Vamos a comparar Venezuela antes de Chávez y después. El pueblo ha sido beneficiado con una cantidad de conquistas, que han sido compartidas con otros países. Estados Unidos siempre trató de derrocar el Gobierno de Chávez, intentando las tácticas más perversas. Chávez fue un líder elegido legítimamente como presidente en varios procesos, todos reconocidos como legítimos, honestos y limpios. Muere Chávez y llega Maduro, el presidente obrero. ¿Qué pensaron en Estados Unidos? ¿Qué no iba a poder con el legado de Chávez? Se golpearon con la puerta.
“Ha atacado el Gobierno de Maduro acudiendo a la violencia, al bloqueo económico y financiero contra Venezuela, hay una oligarquía venezolana que no quiere que se compartan las riquezas con el pueblo… y qué ha hecho el Gobierno de Maduro, ha resistido y va a seguir resistiendo. Eso ha descolocado a la derecha y a la oligarquía venezolana, y también al Gobierno de Estados Unidos. ¿Y qué es lo que evidencia eso? El intento de asesinarlo, que es la expresión de la impotencia ante el avance de la Revolución bolivariana. Y van a seguir presionando en países de latinoamericana, porque sabemos que hay emisarios del Gobierno de Trump en eso, pero los pueblos latinoamericanos son dignos. Todo esto es la restauración de una plataforma capitalista y neoliberal para todos los pueblos latinoamericanos”.

Apostamos por la integración no por el sometimiento


Díaz-Canel señaló que EE.UU. ha tratado de fracturar los mecanismos de integración. Lo que propone para la región es una plataforma capitalista, colonial, neocolonial. EE.UU. no quiere que Cuba se repita en ningún otro lugar de América Latina.
Sobre el ALBA-TCP opinó que ningún proceso regional de integración tuvo más éxitos. Con el ALBA se logró erradicar el analfabetismo en cuatro países con el método Yo sí puedo. Tuvieron que pasar 50 años después de la Campaña de Alfabetización en Cuba para que otros países de la región pudieran liberarse de esa secuela.
No queremos globalización neoliberal, queremos globalización solidaria. Millones de personan lograron recuperar la visión con la Operación Milagro. ¡Qué injusticia es condenar a una persona a perder su visión por una catarata!
Petrocaribe es resultado de una posición sumamente altruista de Venezuela.
Los que no están a la atura de estos tiempos se someterán al imperio y pagarán el precio de someterse. Los que defendemos priorizar la integración latinoamericana y caribeña, la Historia nos dará la razón.

La paz en Colombia proceso necesario


Sobre el rol de Cuba en el proceso de paz en Colombia, valoró que la paz es un proceso necesario para Colombia. Nuestra modesta contribución es por  convicción; aspiramos a una paz universal, a un orden internacional diferente.
Nosotros facilitamos que las partes puedan conversar, no interferimos. Los problemas de los colombianos deben resolverlos los colombianos.

López Obrador es esperanza para México y Latinoamérica


México es un país muy importante. Es un país entrañable. La generación del Centenario encontró un sitio en México para prepararse para la guerra en Cuba. México mantuvo las relaciones con Cuba cuando muchos rompieron.
López Obrador es una esperanza para México y para América Latina y el Caribe. Un Gobierno de izquierda como el de Obrador favorece la correlación de fuerzas en la región. Tiene un compromiso tremendo con su país y con América Latina y el Caribe.
Hemos recibido con mucha satisfacción la victoria de López Obrador en México.

Raúl es como un padre que te guía y a la vez te deja caminar


—¿Cuántas veces ha podido hablar con Raúl en estos cuatro meses?—, le preguntó a Díaz-Canel su interlocutora:
“Creo que no hay nadie más privilegiado que yo como Presidente de tener a mi lado al General de Ejército. Con Raúl hablamos casi todos los días. Llama, participa en reuniones y debates, aconseja de una manera muy sincera, sin atisbos de vanidad o de imposición de algo. A veces, casi siempre, estoy sintiendo que es como un padre que siempre nos está guiando, y a la vez nos está dejando caminar, sin descuidar sus responsabilidades como Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba.
“Así como Fidel contó con Raúl cuando depositó su confianza en él para la conducción de la Revolución, así está pasando ahora, y los compañeros del Consejo de Ministros y yo nos sentimos muy seguros.
“Estamos dando modestos pasos detrás de dos gigantes”.
“Cuando uno ve a nuestro pueblo valeroso, educado, culto, comprometido, emprendedor, lo único razonable es entregarse, trabajar sin descanso, con fidelidad a Fidel y Raúl”.

La familia


Patricia no dejó de indagar por la familia, los hijos, la música, en medio de tantas ocupaciones.
El Presidente cubano justipreció la relación especial con su entorno familiar, sus tres hijos —dos de los cuales son artistas—; su esposa —mujer muy capaz y que le ayuda mucho, le aporta ideas, le hace contraparte—; su nieto, al que consiente. Confesó que los domingos pide a todos que le esperen para almorzar en familia, compartir, cantar; aunque también en la familia se debate sobre nuestra realidad.
Díaz-Canel agradeció a TeleSur por esta entrevista y valoró la importancia de este medio, que también es Cuba, como contrapeso a esas expresiones mediáticas colonizadoras que nos tratan de imponer. Declaró haber recibido solicitudes de entrevistas de Cubadebatey el diario Granma.
Manos tendidas y el abrazo afectuoso entre entrevistadora y entrevistado pusieron fin a esta primera incursión amplia del Presidente cubano ante las cámaras de televisión. Confiamos no pase mucho tiempo para tenerle de vuelta en la televisión local.

Fuentes:


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miércoles, 12 de septiembre de 2018

Rebelión en la Casa Blanca o Todos los hombres contra el Presidente


Por M. H. Lagarde / Cual si se tratara de una película de Marvel, un «héroe» anónimo, enmascarado nada menos que por The New York Times, ha sacado a la luz una conspiración existente entre varios funcionarios de la Casa Blanca contra el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
El propio título del artículo: «Soy parte de la resistencia dentro del gobierno de Trump» recuerda a una de esas películas post apocalípticas en las que los rebeldes de la «resistencia», casi siempre oculta en el subsuelo, se enfrentan al Emperador del imperio del mal. La diferencia, en este caso, estriba en que los «sublevados» («muchos de los funcionarios de alto rango en su propio gobierno trabajan diligentemente desde adentro para frustrar partes de su agenda y sus peores inclinaciones») no se encuentran ocultos en las catacumbas del sistema, sino entre las bambalinas del despacho oval.
Los «rebeldes», que por ahora permanecen en el anonimato para no perder el empleo, según las declaraciones de quien pudiera ser el líder de la «resistencia», o quizás solo el mensajero, hacen todo lo que esté a su alcance para preservar las instituciones democráticas y, al mismo tiempo, frustrar los impulsos más erróneos de Trump hasta que deje el cargo. La misión principal, acabar con la raíz del problema: «la amoralidad del presidente» que, aunque fue electo como republicano, muestra poca afinidad hacia los ideales adoptados desde hace mucho tiempo por los conservadores: libertad de pensamiento, libertad de mercado y personas libres. 
Por suerte, el comportamiento errático de Trump, asegura el enmascarado, sería más preocupante «si no fuera por los héroes anónimos dentro y cerca de la Casa Blanca. Algunos de sus asistentes han sido personificados como villanos por los medios. Sin embargo, en privado, han hecho grandes esfuerzos para contener las malas decisiones en el Ala Oeste, aunque claramente no siempre tienen éxito».
El artículo publicado por The New York Times evoca también, por su tono, aquellas películas de los tiempos de la Guerra Fría en las que un agente 00# de la «resistencia silenciosa» logra infiltrarse como topo en las filas del enemigo para combatir el «estilo de liderazgo del presidente, el cual es impetuoso, conflictivo, mezquino e ineficaz», pero por suerte «los estadounidenses deberían saber que hay adultos a cargo. Reconocemos plenamente lo que está ocurriendo. Y tratamos de hacer lo correcto, incluso cuando Donald Trump no lo hace».
Pero si a alguna película de Hollywood rememoran las palabras del artículo anónimo es a Todos los hombres del presidente. La voz en off del héroe enmascarado por The New York Times suena demasiado similar a la de Garganta Profunda, el hombre que desde las sombras, en un garaje de Washington, les reveló a los periodistas Carl Berstein y Bob Woodward, del diario Washington Post, todos los intríngulis del caso Watergate.
La «delación» de Garganta Profunda, como se sabe, dio pie al mayor mito de la llamada prensa libre de toda la historia. Aparentemente, dos periodistas de un periódico norteamericano podían denunciar al presidente e impulsar con sus revelaciones su dimisión. Al darse a conocer la verdadera identidad del confidente del Washington Post, Mark Felt, el segundo hombre del FBI de la época, se demostró que detrás del «libre» periodismo del The Washington Post existían intereses de otros sectores poderosos del sistema.
Habría que ver si, como dice el ahora «héroe» del NYT, realmente la nueva confabulación contra Trump «no es obra del llamado Estado profundo (deep state) —una teoría de conspiración que afirma que existen instituciones dentro del gobierno que permanecen en el poder de manera permanente—».
Habrá tiempo para saberlo. El artículo anónimo publicado por el NYT es solo el capítulo piloto de la primera temporada de una serie que bien pudiera llamarse: «Todos los hombres contra el presidente».



La administración Trump y los “hechos alternativos” sobre Cuba



La administración Trump y los “hechos alternativos” sobre Cuba / Por Sergio Alejandro Gómez
Donald Trump no inventó la mentira en política, pero la distancia creciente entre su administración y cualquier noción de verdad o datos verificables está cambiando para siempre la forma de hacer política.
El periódico The Guardian confirmó esta semana lo que era un secreto a voces: las fotos del discurso inaugural del presidente estadounidense en enero del 2017 fueron trucadas mediante software para mostrar una multitud mayor a la que realmente asistió.
Un fotógrafo del gobierno de Estados Unidos reconoció durante una investigación que había recortado intencionalmente las imágenes para eliminar espacios vacíos.
La polémica sobre el número de asistentes a la toma de posesión de Trump, comparado con quienes fueron a la de del demócrata Barack Obama en el 2009, marcó el inicio de la nueva administración y un concepto que se mantendría desde entonces: “hechos alternativos”.
El nuevo presidente y el vocero de la Casa Blanca aseguraron que se trataba de la ceremonia más concurrida en la historia de Estados Unidos, pero cuando los periodistas contrastaron las afirmaciones con la realidad, la Casa Blanca tuvo que decidir entre reconocer que había mentido o cambiar el concepto mismo de verdad. La segunda variante les pareció más factible.
El presentador del programa Meet the press (“Encuentro con la prensa”),Chuck Todd, increpó a Kellyanne Conway sobre la exageración en las cifras de asistencias y  la consejera estrella de Trump hizo un poco de historia con su respuesta:
“Él lo que hizo fue presentar hechos alternativos. No hay manera de contar las personas dentro de una multitud con exactitud”.
Pero las cosas no quedaron ahí. De acuerdo con el Chequeo de datos del diario Washington Post, el presidente Trump ha dicho 4 713 mentiras en 592 días en la Casa Blanca, desde el 20 de enero del 2017 hasta el pasado 4 de septiembre.
Es decir, que el mandatario dice un promedio cercano a 8 mentiras por día o, como preferiría llamarle, “hechos alternativos” por día.
Tal bombardeo de falsedades demanda un nuevo tipo de audiencia. El Centro de Investigaciones Pew aplicó una encuesta según la cual sólo 1 de cada 4 adultos estadounidenses distinguen separadamente información objetiva y opiniones en espacios noticiosos.
Otro estudio de Pew apunta que el 68% de los estadounidenses se sienten “exhaustos” por la cantidad diaria de noticias. Si es así, se podría suponer que la mayoría esté aún menos interesada en asumir la carga de establecer cuántas de ellas son falsas.

El caso de los “ataques” en Cuba

Entre las mentiras más exóticas y elaboradas de la administración Trump están los supuestos incidentes con la salud de un grupo de diplomáticos estadounidenses en Cuba.
De acuerdo con los “hechos alternativos” del actual Departamento de Estado, sus diplomáticos enfermaron de manera misteriosa entre finales de 2016 y mediados del 2017. Los síntomas incluyen mareo, dolor de cabeza, dificultad para conciliar el sueño, pérdida de la audición e, incluso, conmoción cerebral.
El uso de la palabra “ataque” para describir los supuestos incidentes, que se utiliza en Washington desde mediados del año pasado, califica como una de las manipulaciones más burdas de la administración Trump.
Tras casi dos años de investigaciones, tanto por parte de Cuba como de Estados Unidos, no existe una sola evidencia que respalde las alegaciones de Washington ni mucho menos que apunte a una participación cubana.
Pero donde la historia se pone realmente digna de un capítulo de Expedientes X es en las explicaciones de la prensa estadounidense, muchas de ellas filtradas por el propio Departamento de Estado, sobre lo que supuestamente ocurrió y sus causas.
En menos de dos años se ha pasado por hipótesis como “ataques acústicos” con armas desconocidas por la ciencia, virus especializados en dejar sordos a los diplomáticos, conmociones cerebrales sin daño físico apreciable y un arma de rayos microondas, como el que se utiliza para calentar la comida.
Pero en el universo alternativo de Washington parece haber espacio para más.
Varios medios de prensa citaron la semana pasada a tres médicos que supuestamente evaluaron las pruebas realizadas a los funcionarios estadounidenses y consideran que una “neuro-arma” podría ser la responsable.
“Pueden ser biológicas, químicas, o en al caso de los incidentes en La Habana, que dirigen la energía”, según dijo a la revista National Defense, el doctor James Giordano.
Sin embargo, casi en la misma fecha, funcionarios del Departamento de Estado aseguraron en una audiencia en el Congreso que el gobierno estadounidense aún no sabía cómo se llevaron a cabo ni quién está detrás de los supuestos ataques.
Lo que no hacen los funcionarios es salirle al paso a las versiones que corren en Internet, lo que los convierte en cómplices, en el mejor de los casos.
Sin mostrar evidencias de su uso en Cuba ni elementos  factuales que lo justifiquen, lo supuestos especialistas intentan que la opinión pública compre otra teoría aún más confusa e inexplicable que las anteriores: unas armas desconocidas en Cuba que usan la energía para transformar las variables neurológicas de los afectados, unas propiedades casi mágicas y dignas de la ciencia ficción.
En cualquier otro lugar o momento de la historia, la reacción ante el exotismo científico del Departamento de Estado podría ser la risa, pero no en la era de los “hechos alternativos ”.
Bajo estos argumentos sin sentido, Washington mantiene paralizados los servicios consulares de su Embajada en La Habana, los mismos de los que dependen decenas de miles de familias en uno y otro lado del Estrecho de la Florida.
Asimismo, los avances en las relaciones bilaterales de los últimos años, que van desde la colaboración en la protección de áreas marinas a la aplicación y cumplimiento de la ley, se ven torpedeados por el nuevo clima bilateral.
Hoy ya se cuenta con las pruebas de la falsificación de las fotos de la toma de posesión de Trump. Sin embargo, quizás haya que esperar más tiempo para que algún funcionario estadounidense desenmascare el plan que se ha aplicado en el caso de los “ataques acústicos” o se desclasifique información sobre cómo se manipuló la opinión pública para aplicar un cambio de política hacia Cuba que es impopular dentro de los Estados Unidos.
La única certeza, mientras tanto,  es que no existe tal cosa como “hechos alternativos”, sino solo la vieja y conocida mentira.



La verdad sobre Cuba no puede ser administrada



La verdad sobre Cuba no puede ser administrada / Por Raúl Garcés Corra



El maestro y su discípulo, obra de José Villa Soberón. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
En un discurso memorable en el año 2005, Fidel Castro advirtió que uno de los errores que cometimos como país socialista fue pensar que alguien sabía, a ciencia cierta, cómo se construía el socialismo, que alguien tenía una fórmula, que podíamos convertir la experiencia soviética en una serie de leyes y escribir en manuales invulnerables cierta interpretación del marxismo-leninismo.
Hoy sabemos —y lo sabemos muy bien— que el socialismo no es una fórmula mágica ni una poción que pueda construirse con un grupo de ingredientes predeterminados. El socialismo es el resultado de una práctica social diversa que ha generado múltiples experiencias, modelos, formas de organización política, maneras de conquistar el poder. El socialismo ¿real? —del que ya casi nadie se acuerda—, ¿el modelo chino? ¿el ecuatoriano? ¿el venezolano? No ha habido socialismo resultado de una «evolución natural» del desarrollo de las fuerzas productivas. Toda práctica socialista se ha tenido que forjar en medio de la confrontación para desplazar a la burguesía del poder, en medio de una profunda lucha de clases, en medio de batallas simbólicas violentas entre el nuevo orden y el precedente.
Debiéramos reconocer que el liberalismo ha sido más o menos exitoso en posicionar determinadas invariantes de esa batalla simbólica y presentarlas, no como conceptos o formas de pensamiento ajustados a determinadas coyunturas y a determinadas formas de organización política —que es la forma de organización política liberal—, sino venderla como verdades universales, como definiciones ahistóricas, que trascienden el tiempo y que son perfectamente aplicables a cualquier época, circunstancia o geografía.
En realidad, aunque las definiciones de derechos humanos, sociedad civil, libertad de expresión, libertad de prensa, se presentan muchas veces como resultado de profundos consensos y no se apellidan, lo cierto es que la libertad de expresión liberal, la libertad de prensa liberal y la sociedad civil liberal —así como sus orígenes, debates y aparatos deliberativos— están profundamente enraizados en el liberalismo.
Nosotros, desde el socialismo, a mi juicio, hemos caído en una trampa: dedicarnos a responderles a los otros, más que a encontrar alimento teórico y fundamento para nuestras propias interpretaciones de estos temas. Esto, por supuesto que tiene sus causas, en esa lógica de confrontación que comentaba al principio, en la que ha tenido que sobrevivir nuestro socialismo, y en el encuadre de un modelo de discurso público que, acostumbrado a generarse dentro de una plaza sitiada, termina siendo más reactivo que proactivo. Se concentra más en combatir en medio de contingencias comprensibles, que en hacer ciencia sobre nosotros mismos.
Lo primero que quiero defender del libro* de Rodolfo y de Elier es que expone sin complejos, sin pedir perdón, sin esconderse detrás de retóricas o artilugios, nuestra posición sobre cinco temas polémicos de la sociedad cubana: el sistema político, el sistema de prensa, los derechos humanos, la sociedad civil y las relaciones Cuba-Estados Unidos. Lo hace de manera sencilla, fácilmente comprensible, para que todos podamos involucrarnos en una discusión que no corresponde a los intelectuales, ni a la clase política, ni a los jóvenes universitarios. Le corresponde a toda la sociedad.
La verdad sobre Cuba no puede ser administrada, ni segmentada por cuotas que se distribuyen mensualmente como en una libreta de abastecimientos. La verdad sobre Cuba, para que se expanda, tiene que brotarnos de las entrañas y esparcirse por todas partes: tienen que verla en el aeropuerto José Martí los cientos de miles de norteamericanos que están viajando a este país —expuestos hoy predominantemente a anuncios de Habana Club u otros productos cubanos—, o percibirla en los hoteles de la Isla quienes contactan directamente con nuestros servicios, o notarla en Facebook o en la Plaza Cadenas de la Universidad de La Habana, a través de la inteligencia, audacia, osadía y espontaneidad de nuestros jóvenes. Si el discurso de la comunicación política nuestra no se parece a nosotros mismos, a nuestra alegría, a nuestro sentido del humor, a nuestro carácter provocador frente a las cosas, es difícil que conecte con las audiencias en Cuba y, menos aún, con quienes nos miran desde el exterior.
Otra trampa en la que hemos caído a la hora de articular el discurso de nuestra comunicación política es responder a la altisonancia externa con la altisonancia doméstica. Si nos dicen que somos una dictadura, alegamos que somos el país más democrático del mundo. Si nos acusan de violar los derechos humanos, aseguramos que Cuba es la nación donde más se defienden. Si cuestionan nuestra sociedad civil, replicamos que tenemos la sociedad civil mejor estructurada del planeta. Por ese camino, perdemos la oportunidad de presentarnos como un país normal, con virtudes y defectos, sometido ciertamente a muchos acosos, pero capaz de sobreponerse a ellos gracias a la inventiva, el entusiasmo y la resistencia de un pueblo extraordinario.
Un mérito de este libro es hablar desde los matices; alejarse de los extremos, de los estereotipos, de las frases hechas y los discursos manidos. En lo que a nuestra prensa se refiere, no tenemos la comunicación que quisiéramos, tenemos la que hemos podido conquistar en medio de las difíciles condiciones que han marcado la historia del país en los últimos cincuenta años. Ni tenemos el mejor sistema comunicativo del mundo, ni hemos sabido utilizarlo siempre de la manera más óptima.
Desde tiempos en que el teórico español Manuel Martín Serrano escribió su libro La producción social, en 1976, es una verdad de Perogrullo decir que la comunicación es un fenómeno mediado, intervenido por las circunstancias económicas, políticas y culturales que rodean la construcción del discurso público. Hemos hablado en las últimas décadas, para decirlo en cubano, con la soga al cuello. Miren la reacción de la prensa norteamericana después del 11 de septiembre, luego del encuadre impuesto por George Bush en el discurso político: «o están conmigo o están contra mí». Miren la reacción de la prensa norteamericana durante la guerra de Vietnam, o en la del Golfo, o en la de Irak. Judith Miller, en el año 2003, periodista del New York Times y una de las mayores artífices de la mentira sobre las supuestas armas de destrucción masiva de Sadam Hussein,
ha pasado a la historia como una de las mayores decepciones de la libertad de expresión en su país. Cuando le preguntaron por qué reproducía sin cuestionárselas las historias del presunto armamento químico iraquí, su respuesta fue de Records Guinness: «yo, simplemente, digo lo que me dicen».
En torno a la prensa cubana, no se encontrará en este libro un panegírico. Eso sí, hay una comprensión reposada de nuestras mediaciones, de nuestros errores, y de la posibilidad enorme que se abre en lo adelante, después del contexto del 17 D, de corregir el tiro y hacer los ajustes estratégicos que correspondan, incluso dentro de las condiciones de plaza sitiada prevalecientes aún entre nosotros.
Yo, particularmente, quisiera utilizar el libro para subrayar algunas oportunidades que deberíamos gestionar a la ofensiva: primero, el hecho de que entendemos la comunicación hoy como recurso estratégico de desarrollo, que atraviesa todos los procesos de gestión del desarrollo del país. Hay que potenciar el consenso sobre la base de construir el tejido social comunicativamente. Hay que aprovechar las tecnologías para articular a todos los actores posibles e involucrarlos en la comunicación del país, y hay que gestionar un sistema de comunicación público, que es más que un sistema de comunicación estatal, que tiene que ver con reivindicar una relación más funcional entre las agendas mediáticas y las agendas públicas, que es lo mismo que acercar cada vez más la prensa a los intereses de los ciudadanos.
Por último, quiero redondear una idea, que ha estado revoloteando en los párrafos anteriores, pero prefiero aterrizarla ahora directamente: si el libro de Elier y Rodolfo fue útil siempre, es absolutamente oportuno e imprescindible ahora. En el escenario posterior al 17 de diciembre de 2014, lo que fue la batalla de Playa Girón en 1961 hoy es una guerra de símbolos. Los tanques de guerra actuales son los medios de comunicación, la blogosfera y las redes sociales. Vienen con todo: a proponernos lecturas idílicas y desproblematizadas del pasado, a imponernos relecturas de figuras históricas, a pintarnos La Habana de los años cincuenta como una ciudad inundada de rascacielos, a convencernos de que, por ejemplo, los hospitales de Grey’s Anatomy son la más objetiva realidad de la salud pública norteamericana y a captar a nuestros talentos más jóvenes para deslumbrarlos con un ecosistema de tecnologías, innovación y prosperidad económica.
No hay otra respuesta posible que fomentar un ambiente de amplia participación, de muchos libros como este, discutidos entre nosotros, de un entorno deliberativo capaz de identificar las mejores ideas como parte de una visión estratégica de país en lo político, y también en lo comunicativo. Hay que interpretar, adaptarnos a las nuevas circunstancias y modernizar el significado de una frase sabia de José Martí: de pensamiento es la guerra que se nos hace, ganémosla a pensamiento.
*Libro: La verdad sobre Cuba no puede ser administrada, de los autores Rodolfo Romero y Elier Ramírez




miércoles, 5 de septiembre de 2018

Peligro de agresión inminente contra Venezuela, con migrantes como rehenes



Peligro de agresión inminente contra Venezuela, con migrantes como rehenes / Por Aram Aharonian


Estamos en medio de una turbulenta, implacable y por demás preocupante ofensiva para la recuperación del territorio americano como base hemisférica de los intereses estadounidenses, a la vez que e ntramos en fase peligrosa de una agresión inminente contra Venezuela, con los migrantes como rehenes.
Varias situaciones paralelas dan señalas claras que justifican la preocupación: la securitización del tema migratorio, la manipulación de un tema socioeconómico para convertirlo en un asunto de paz y seguridad regionales, las amenazas militares de la portavoz de la casa Blanca, Sarah Sanders; la gira del jefe del Pentágono James Mattis por la región, la reunión de Kurt Tidd –jefe del Comando Sur estadounidense- con los comandantes de los ejércitos sudamericanos en Argentina,
Súmele los movimientos militares de Brasil, Temer diciendo que Venezuela rompe la armonía regional, el canciller colombiano asegurando en la ONU que el impacto migratorio en salud y educación es también un impacto en su seguridad; los ejercicios militares y las amenazas de los ejercicios navales frente a Cartagena; las declaraciones de Luis Almagro pidiendo más y más sanciones contra Venezuela; las amenazas de corte de ventas petroleras de EEUU a Venezuela, la declaración de incapacidad para pagar deuda de Brasil a Venezuela…
El argumento cartelizado es que se trata de un estado fallido que es incapaz de actuar sobre su propio territorio y genera una crisis humanitaria que desestabiliza a la región y solo puede ser frenada con una intervención humanitaria. Y por eso la demanda de abrir un canal humanitario, controlado desde el exterior, desconociendo al Estado venezolano: no les importa que pueda hacer Venezuela sino lo que ellos puedan hacer sobre y contra Venezuela.
Una docena de países han confirmado su participación para el encuentro “técnico” que tendrá lugar el lunes y martes en Quito sobre migración venezolana (Venezuela fue excluida de la reunión), citado por la cancillería ecuatoriana. Confirmaron su presencia Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y por supuesto el anfitrión, Ecuador.
El temor de varios países es que se pacte allí un inicio de hostilidades, como amenazas de uso de la fuerza militar con carácter preventivo, con el pretexto de defender la seguridad de los países vecinos y de EEUU. La cancillería ecuatoriana viene presionando para que representaciones del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados y de la Organización Internacional de Migraciones participen de la reunión y avalen acciones militares disfrazadas de “humanitarias”.
Toda esta fase fue preparada meticulosamente para imponer un imaginario colectivo en la región sobre el peligro de los migrantes venezolanos, con fotos montadas y editadas, noticias falsas, en medio de una nueva ofensiva del terror mediático de la prensa hegemónica cartelizada, en una nueva demostración de que estamos en medio de una guerra de quinta generación.
La idea principal de esta guerra de quinta generación, también conocida como guerra sin límites, es que el Estado ha perdido su monopolio de la guerra, y a nivel táctico incluye desde el aspec to armamentista al psicológico y neurológico. No interesa ganar o perder, sino demoler la fuerza intelectual del enemigo, obligándolo a buscar un compromiso, valiéndose de cualquier medio, incluso sin uso de las armas. Se trata de una manipulación directa del ser humano a través de su parte neurológica.
Cuadro de situación
Naves de guerra de una decena de países en aguas del Caribe colombiano, sede de las maniobras navales anuales Unitas LIX 2018 que este año reúnen a representantes de las armadas de Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Ecuador, EEUU., Honduras, México, Panamá, Perú, Reino Unido y República Dominicana.
La armada de Ecuador, que durante once años no asistió a Unitas por órdenes de Rafael Correa, ahora envió la corbeta misilística Los Ríos CM 13, que zarpó el 23 de agosto desde Guayaquil , el mismo día el gobierno de Lenin Moreno anunció su decisión de desvincularse del ALBA. ¿Es l a fachada para imponer un bloqueo marítimo a Venezuela?
Mientras, el influyente senador estadunidense Marco Rubio evocó la opción militar en Venezuela al decir que las circunstancias han cambiado y que actualmente existen argumentos para considerar que el gobierno de Nicolás Maduro amenaza la seguridad nacional de EEUU y la región, y la estabilidad de Colombia y la de otros países, tras discutir el tema con el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton.
“Y si se le ocurre a Maduro invitar a que el presidente ruso, Vladimir Putin, mande aviones militares, por ejemplo, o que abran una base militar, esto va a escalar. Yo creo que las circunstancias han cambiado, y lo dejo ahí”, añadió.
La Unión Europea destinó un paquete financiero por 35 millones de euros (unos 40.85 millones de dólares) a la región latinoamericana para ayudar con la crisis migratoria de venezolanos, anunció este jueves el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, durante su visita a Colombia, donde se atrevió a calificar la crisis en Venezuela como similar a la que ocurre en Europa con los inmigrantes.
Venezuela y más allá
La intensidad y variedad de movimientos, operativos, posicionamientos y acuerdos militares, policiaco-militares y económico-financieros con que se recolocan los poderes hegemónicos con fachada o entretelones estadounidenses y adherentes, aliados y voceros locales, no ha cesado de desplegarse para mantener el cerco y el agobio sobre Venezuela, pero también para avanzar en una escala mucho mayor.
La política de inducción al sometimiento regional y/o de reconstrucción de los disciplinamientos hegemónicos, se basa en un amplio abanico que incluye golpes parlamentarios, colaboraciones militares permanentes y/o específicas; entrenamiento, capacitación y adoctrinamiento, señala el Observatorio Latinoamericano de Geopolítica.
También cambios normativos que facilitan la consolidación y ejercicio de estados de excepción dirigidos a combatir al real, potencial o imaginario enemigo interno, patrullajes militares, instalación, refuncionalización o modernización de bases militares, aumentos en los presupuestos de seguridad y defensa militares; sistemas cooperativos de defensa; fuerzas especiales con oficiales o contratistas mercenarios; ejercicios militares conjuntos; creación de fuerzas de tareas combinadas y grupos de choque.
Asimismo entran en ese amplio abanico el bloqueo comercial y financiero, la desestabilización monetaria; la deuda externa; operativos de lawfare y hasta la utilización de catástrofes naturales para rediseñar territorialidades y controles.
No solo en Venezuela ocurren simultáneamente una cantidad de ataques, intervenciones o provocaciones de distinto tipo y en sectores y geografías diferentes, sino que puede observarse una situación similar desde una perspectiva macrocontinental, Venezuela es indudable epicentro de la estrategia de recuperación y disciplinamiento continental, de un tsunami que se replica en todos los otros países o regiones, adecuándolo a las condiciones específicas. 
La combinación de mecanismos, ritmos, intensidades y sectores implicados en esta clase de ofensivas no tiene freno. Siempre puede agregarse algo más para potenciar los resultados deseados y para complicar la comprensión del fenómeno y la capacidad de respuesta del pueblo afectado.
La idea, señala Ana Esther Ceceña, es ocupar espacios al ritmo y las característicasy condiciones de cada uno y, a la vez, no dejar resquicios desde donde la resistencia esta intervención pueda levantarse. Y prueba de la creciente militarización de la política regional es el activo protagonismo del Comando Sur de las Fuerzas Armadas estadounidenses con sus reuniones con jefes militares de los países del área, en una “diplomacia” de la seguridad y la guerra
Las visistas de emisarios civiles cayó radicalmente y cedió especio a las tres líneas principales de intervención del Comando Sur. Una, ampliar y profundizar relaciones con los gobiernos (restablecimiento de convenios militares y de seguridad con Ecuador). Dos, contrarrestar las redes criminales o terroristas trasnacionales, consideradas como una amenaza difícil de detectar ya que se mueven en espacios no institucionales (con estos criterios catalogan al gobierno venezolano para justificar las agresiones).
Tres, en el terreno operativo preparar formas de respuesta rápida en casos de desastre y asistencia humanitaria, que consiste en el entrenamiento de mandos y tropas estadounidenses.
Ofensiva
La coordinación conservadora de varios presidentes suramericanos lograron desmontar los más importantes avances de la integración de los países de América del Sur que conformaron la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) como bloque referente de las relaciones mundiales marcadas por la multipolaridad de potencias y de proyectos integracionistas regionales y declararon a la región como zona de paz.
La potencia económica y política de los gobiernos de Argentina y Brail, respaldados por los presidentes de Perú, Chile, Colombia y Paraguay (el denominado Grupo de Lima), comenzó su tarea destructiva en abril pasado, cuando determinaron “suspender su participación” en el organismo, tras dos años de sigilosos movimientos de debilitamiento y parálisis de todos los proyectos integracionistas construidos al margen de la influencia y predomino de EEUU: Mercosur, ALBA, CELAC y Unasur.
Desmantelados los organismos de integración horizontal, vuelve el poder del panamericanismo monroista -América para los (norte)americanos-, dejando en pie a la Organización de Estados Americanos (OEA), bajo la tutela de Washington. Pero no logran consenso, porque Nicaragua, Venezuela y Bolivia, al menos, se oponen a la injerencia en asuntos internos de otros países. Y por eso, EEUU trata de desestabilizar sus gobiernos con todos los medios posibles,
La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), creada en 2008, auspició el Consejo de Defensa Sudamericano, integrado por 12 países, que entre sus propósitos principales tuvo consolidar a la región como zona de paz y servir de contrapeso a los afanes intervencionistas del Pentágono en los ejércitos locales, con fines de alineamiento y adoctrinamiento.
Pero la contraofensiva conservadora y del Comando Sur del Pentágono siguió adelamte. En mayo último, Juan Manuel Santos anunció que Colombia – con siete bases estadounidenses en su territorio- se sumaba como “socio global” de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, máximo exponente de las intervenciones militares, abiertas y encubiertas, después de la guerra fría. Ahora Chile quiere seguir el mismo camino.
Y ahora, de la mano del embajador de EEUU en Bogotá, Kevin Whitaker el nuevo presidente colombiano, Iván Duque, apadrinado por Álvaro Uribe, sindicado como genocida y unido al narcotráfico y el paramilitarismo, quiere ser protagonista del “Golpe Maestro” e insiste en. manejar la guerra encubierta del Pentágono contra Venezuela, desde la frontera colombiana.
Este plan fue diseñado por el almirante Kurt Tidd, jefe del Comando Sur, quien aspira a que el gobierno bolivariano sea derrocado a través de una “operación militar bajo bandera internacional, patrocinada por la Conferencia de los Ejércitos Latinoamericanos, bajo la protección de la OEA y la supervisión, en el contexto legal y mediático de su secretario general, Luis Almagro”.
En Colombia se respira una atmósfera de zozobra e inestabilidad social, tras el asesinato de 343 líderes sociales, la amenaza permanente a periodistas y el temor a que Iván Duque, el nuevo mandatario, se aventure en dos guerras: una interna y otra contra su vecino, Venezuela. La única forma de unir a la nación es inventando un enemigo externo, para apelar al nacionalismo, una guerra contra los “castrocomunistas” venezolanos, desviando la atención de la continuidad del genocidio interno y la crisis social, económica y financiera.
A inicios de julio y antes de asumir la presidencia, negoció en Washington con el vicepresidente Mike Pence, el secretario de Estado, Mike Pompeo, la directora de la Agencia Central de Inteligencia, Gina Haspel, el zar antidrogas James Carrol, y el asesor de Seguridad Nacional, el superhalcón John Bolton.
A Pence, “preocupado” por la supuesta amenaza a Colombia de la “dictadura” de Maduro –como ya se lo había manifestado a Santos en su visita a Bogotá y en la reunión cuando la Cumbre de la OEA en Lima- le solicitó apoyo en materia militar, de inteligencia y seguridad.
El 10 de agosto, tres días después de asumir la Presidencia, anunció el retiro “irreversible” de Colombia de Unasur y abogó por la aplicación de la Carta Democrática de la OEA contra Venezuela, tras prometer que llevaría a Maduro ante la Corte Penal Internacional, la misma “justicia” internacional, donde Uribe, está acusado por crímenes de lesa humanidad, y donde hacen cola los mexicanos Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.
El nuevo ministro del exterior, Carlos Holmes Trujillo, se reunió con Julio Borges, sindicado como uno de los coautores intelectuales del frustrado magnicidio del presidente venezolano Nicolás Maduro, para expresarle el “apoyo incondicional” del gobierno de Duque para “rescatar la democracia y la legalidad en Venezuela”.
La periodista María Jimena Duzán recordaba las declaraciones del general retirado Leonardo Barrero (“Prepárense porque vuelve la guerra”) y se preguntaba cuál será el blanco principal de esta nueva guerra anunciada: ¿los líderes sociales que están cayendo como moscas, los ocho millones de ciudadanos que votaron por Petro, los once millones de personas que votaron por la consulta anticorrupción, los diez millones de personas que votaron por Duque y que aún creen en ‘pajaritos en el aire’?
Paralelamente, desde junio está en Cúcuta y Maicao, poblaciones fronterizas con Venezuela, un contingente de “cascos blancos” de la cancillería argentina. Gabriel Fucks, extitular de estos “contingentes de paz”, señaló que la misión en la frontera colombiano-venezolana, más que una acción de asistencia sanitaria, forma parte de una política de presión contra Venezuela.
No es de extrañar que el gobierno de Mauricio Macri se haya sumado a los planes estadounidense-colombianos, dada su posición subordinada en la OEA. Macri, además, aceptó desplegar en el territorio argentino una nueva red de bases militares estadounidenses: una en Neuquén, en el estratégico sur patagónico, cerca de la reserva gasífera de Vaca Muerta, financiada por el Comando Sur con “ayuda humanitaria” y dos en Tierra de Fuego, la de Tolhuin y la de Ushuaia.
Hoy la producción de coca alcanza en Colombia niveles record, grupos armados ilegales luchan por territorios en los que el Estado tiene escasa o nula presencia y una oleada de 330 asesinatos de activistas sociales en los últimos meses, mostró que la paz sigue siendo un término relativo. Y los narcotraficantes necesitan el paso por Venezuela parra llevar su droga a EEUU.
Durante cuatro períodos presidenciales, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, quien además fue ministro de Defensa del primero en epócas de los “falsos positivos” –campesinos asesinados y vestidos con ropa de guerrilleros para mostrar a la prensa victorias militares-, la hipótesis del conflicto siempre estuvo en al aire, en guerras de micrófonos o con injerencia directa en asuntos internos del vecino del noroeste.
Y, los mentideros políticos señalan que Santos quiso despedirse del gobierno apoyando el intento (frustrado) de magnicidio del presidente Nicolás Maduro, el 4 de agosto último. Pero esta última jugada del benemérito Nóbel de la Paz, no le salió bien. El atentado buscaba que el poder fuera transferido sin demora a las “autoridades civiles legítimas, miembros de la Asamblea Nacional” presidida por Julio Borges, tras “liberar” una zona del país e instalar allí un “gobierno paralelo” que ejerciera funciones de hecho, con el respaldo de Washington, sus socios de la OTAN y el Grupo de Lima.
James Mattis, secretario de Defensa de los EEUU visitó a mediados de agosto Brasil, Chile, Colombia y Argentina, con una agenda que insistía en el tema de la inestabilidad política y la supuesta crisis humanitaria de Venezuela, que podría afectar el escenario regional. La gira buscó asegurar los vínculos de Washington con lo que considera su patio trasero, ante los alarmantes signos de multilateralismo de las relaciones comerciales con China y Rusia (invasiones de otros países, según Mattis), gracias también a las medidas proteccionistas de Trump.
Las alianzas panamericanas han sido punto focal de las visitas, este mismo año, del exsecretario de Estado Rex Tillerson, su sucesor Mike Pompeo y del vicepresidente Mike Pence a la región.
Mattis auscultó la influencia y presencia en Sudamérica de dos rivales, China y Rusia. Y al respecto señaló que “hay más de una forma de perder la soberanía en este mundo. No es sólo por las bayonetas. Puede ser con países que llegan ofreciendo regalos, préstamos amplios que acumulan deudas masivas en otros países a sabiendas de que no podrán repagarlas, es lo que parecen ser los préstamos chinos a naciones como Venezuela y Filipinas”.
El ministro brasileño de Defensa, Joaquim Silva e Luna, preocupado por la presión estadounidense para el desmantelamiento de la producción local de armas y aviones, dijo que entendió bien lo que quiso decir Mattis, “pero eso es una disputa comercial,de mercado” y señaló que es posible que Brasil se beneficie de una guerra comercial entre EEUU y China. Pero de todas formas, anunció que 3.200 soldados del Ejército brasileño reforzarán la seguridad en el estado de Roraima, fronterizo con Venezuela, ante la supuesta llegada masiva de inmigrantes venezolanos,
Otra preocupación del mandamás del Pentágono es la reunión en Argentina del G-20, donde el anfitrión tiene responsabilidades en defensa y seguridad de los líderes del mundo “desarrollado”, que permitan la asistencia de Donald Trump: cómo participar de manera discreta sin resentir las pasiones nacionales. La propuesta de Mattis fue la posible cesión de equipos para un área específica; la prevención de ciberataques, con “inhibidores” de circulación de drones.
La visita de Mattis a la región se produjo tras el encuentro del titular de la Armada estadounidense con sus pares de Argentina, Brasil y Chile en Cartagena, Colombia, en el marco de la 28 Conferencia Naval Interamericana que congregó a los jeraracas navales de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay.
Si Iván Duque, el nuevo presidente -que quiere reformular el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC que su antecesor Juan Manuel Santos se abstuvo de implementar-no logra llevar el Estado a las zonas rurales, hoy en manos de narcotraficantes y paramilitares (o no está interesado en ello), poco cambiará en Colombia, que registró al menos 260 mil muertos, 60 mil desaparecidos y más de siete millones de desplazados.
Generar tensiones con Venezuela sirve para desviar la atención de la violencia de seis décadas en Colombia, parte de la normalidad en ese país y que contrasta en las últimas dos décadas por la existencia de sistemas sociales, económicos y políticos contrapuestos. El mensaje de la conducción política colombiana y los medios de comunicación hegemónicos, no ha cambiado: su lenguaje es agresivo, belicoso, xenófobo y permanentemente amenazante.
Durante todo su mandato, Juan Manuel Santos, sibilino y de la aristocracia bogotana, intrigó en organismo internacionales y en gobiernos de la región al frente de la campaña consistente en afirmar que con motivo de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, Maduro había acabado con la democracia venezolana. Y con su supuesto afán pacificador, logró desarmar y traicionar a las FARC, que constituían un muro de contención para cualquier aventura de agresión del establishment colombiano.