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martes, 5 de diciembre de 2017

El apoliticismo: una forma de hacer política

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El apoliticismo: una forma de hacer política

Consideraciones sobre el «cubano apolítico», del Dr. en Ciencias Filosóficas Pablo Guadarrama González, Profesor de Mérito de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas.

Desde que irrumpieron las ideologías políticas, especialmente las que conformarían la modernidad, se fueron decantando diversas corrientes con posturas muy divergentes entre sí, y por supuesto con fundamentos filosóficos muy heterogéneos, sobre la forma y las vías de cómo debía organizarse la vida social.
La mayoría de ellas definieron con claridad sus ideas respecto a la cuestión del poder político, como instrumento para perpetuar algunas élites o clases dominantes, o para dar paso al predominio de otros sectores sociales.
No hay que olvidar que por ideología se pueden considerar un conjunto de ideas que se constituyen en creencias, valoraciones y opiniones comúnmente  aceptadas, las cuales, articuladas integralmente, pretenden fundamentar las concepciones teóricas de algún  sujeto social (clase, grupo, etnia, partido, Estado, Iglesia, etc.), con el objetivo de validar algún proyecto bien de permanencia, reforma o subversión de un orden socioeconómico y político, lo cual siempre presupone de algún modo una determinada actitud ética ante la relación hombre-hombre y hombre-naturaleza.
Para  lograr  ese objetivo, las ideologías pueden o no apoyarse en pilares científicos o filosóficos, en tanto estos contribuyan a los fines perseguidos; de lo contrario pueden ser desatendidos  e incluso ocultados conscientemente.
El componente ideológico en las reflexiones filosóficas  por sí mismo no es dado a estimular concepciones científicas, pero no excluye la posibilidad de la confluencia con ellas, en tanto estas propicien la validación de sus propuestas.
La diferencia fundamental entre las ideologías y las filosofías radica en que estas últimas apoyan sus argumentos en el poder de la razón, en tanto las primeras pretenden fundamentar sus razones en el poder, ya sea político, económico, militar, mediático, etc.
Las principales ideologías que se conformarían en la modernidad fueron: el conservadurismo −que pretendía perpetuar la sociedad feudal con las monarquías, y en el caso de Latinoamérica el poder colonial−; el liberalismo, que se planteaba reformar la sociedad hacia transformaciones capitalistas y republicanas; el socialismo, que aspiraría a cambiar radicalmente la organización política y social capitalista −completando así las propuestas democráticas al no reducirlas a derechos jurídicos y políticos, sino al logro de justicia social−, y el anarquismo, que en parte coincidía con esta última, pero se diferenciaba sustancialmente de ella por su presunto apoliticismo, así como por sus métodos terroristas y magnicidas.
En verdad el anarquismo no es apolítico, sencillamente porque nadie puede serlo, pues una forma de hacer política es pretender ser indiferente ante los acontecimientos sociales, sus necesidades y transformaciones. De manera que pretender ser indiferente ante la política es una forma hipócrita de hacer política.
José Martí se enfrentó al presunto apoliticismo de los anarquistas que no querían pronunciarse ante la lucha por la independencia. Afortunadamente el sentido común se impuso y estos se unieron a esa honrosa labor, de la misma forma que lo hicieron los anarquistas españoles aliándose a demócratas y comunistas para tratar de salvar la República durante la Guerra Civil.
Otras ideologías se conformaron en el siglo xx como el fascismo, que ha tratado de revertir las conquistas democráticas con prácticas políticas totalitarias, mesiánicas y racistas, o el neoliberalismo, que aparentemente pretende presentarse como una continuidad del liberalismo, pero en realidad ha logrado revertir muchas de las conquistas democráticas de este último.

Apoliticismo, conformismo, abstencionismo

La mayoría de las ideologías políticas han promovido la participación política, pero en los últimos tiempos, cuando el neoliberalismo ha triunfado, más ideológicamente que en cuanto a logros sociales para la mayoría de la población, algunos de sus “tanques pensantes”  han estimulado el apoliticismo como medio para inculcar la indiferencia y la resignación entre algunos sectores populares, especialmente los jóvenes, a través de la consigna de que nada se puede hacer para lograr sociedades más justas y más amigables con el medio ambiente.
El conformismo es uno de los componentes aliados del apoliticismo. Ambos pretenden opacar el protagonismo de aquellos que se pueden convertir en potenciales peligros para la añorada, pero no lograda, estabilidad de la sociedad capitalista.
El incremento del abstencionismo observado en la mayoría de los procesos electorales de numerosos países puede tener diferentes lecturas. Una de ellas puede ser entenderlo como síntoma de impotencia de un considerable porcentaje de la población que se siente frustrada al no apreciar cambios favorables en sus condiciones de vida una vez instalados nuevos gobiernos que mantienen políticas neoliberales.
Otra es expresión del acomodamiento de una indecisa clase media que es fácilmente manipulada por los medios de comunicación, ya que le interesa más la renovación de su automóvil o de los electrodomésticos, que lo que pueda transformarse de la puerta de su casa hacia afuera. No faltan los que piensan que su voto no será decisivo para cualquier tipo de cambio a través de la elección, pues ya todo está arreglado de forma inamovible en la «democracia representativa» aunque cambien los nombres de los gobernantes, y en algunos casos ni siquiera eso, pero no cambian las políticas socioeconómicas en los gobiernos que se alternan y suceden.

Apoliticismo en el Socialismo

En el caso de países socialistas la intención que subyace en el apoliticismo tiene otras lecturas, como puede extraerse de las experiencias de su derrumbe en la Unión Soviética y los países de Europa Oriental.
Esta situación es algo distinta, pues no esconde la pretensión de sembrar entre determinados grupos de la población, fundamentalmente jóvenes, la indiferencia ante las conquistas sociales alcanzadas. Dado que estos no han conocido el capitalismo, por lo general consideran que disfrutar de la salud, la educación, el deporte, la cultura, etc., de forma gratuita, es algo natural y no constituye nada extraordinario, por lo que añoran, sin renunciar a ellas, el disfrute de las extraordinarias “ofertas” de la sociedad de consumo.
Algunos presuntos “apolíticos” se abstienen de ejercer el voto en procesos electorales o votan en blanco, y creen que con esta actitud expresan su valentía política, lo cual confirma que esto es un acto político. Otros aducen que la única democracia es la multipartidista, e ignoran así que en la historia de la humanidad han existido y existirán múltiples formas de democracia y no solo la representativa.
Al hiperbolizarla, algunos gobernantes creen poseer el “democratómetro” perfecto para medir su existencia en otros países y por lo que les envían observadores para fiscalizar sus procesos electorales, pero no permiten que a su vez observadores de otros países los visiten.
Siempre recuerdo cuando le pregunté a mi madre por qué militando en el Partido Liberal había apoyado al Movimiento 26 de Julio –por ello cayó presa, fue amenazada de ser envenenada y tuve que llevarle la comida hecha en casa cada día a la estación de policía de Santa Clara–, me respondió que porque no había nada más parecido a un liberal que un conservador y un conservador a un liberal. Ambos eran la misma basura y por eso tomó esa decisión. En Colombia dicen que la diferencia entre un conservador y un liberal es que unos van a misa en la mañana y otros en la tarde.
Nunca olvidaré el agobiado rostro, por las torturas y vejaciones recibidas, de Mercedes Vázquez, su compañera de celda, ni los gemidos de los torturados, que aún algunos vecinos del parque del Carmen recuerdan. Los instrumentos de tortura fueron exhibidos el primer día del triunfo de la Revolución. Es bueno recordarles esto a los amnésicos apolíticos o a los que no conocen que esto sucedió donde hoy sonríen estudiantes de la escuela secundaria básica Capitán Roberto Rodríguez (El Vaquerito).
De manera que el presunto apoliticismo −que debe reiterarse no es tal, sino en realidad otra forma sutil de hacer política contestataria− en el caso de Cuba debe ser considerado en aquellos que lo practican una expresión de inconformidad con el sistema social elegido, mantenido y defendido por la mayoría de su pueblo. De otro modo no se explica que el derrumbe del muro de Berlín y del “socialismo real”, o tal vez “real de socialismo”, no haya llegado a alcanzar en su onda expansiva a la isla del Caribe.
El apoliticismo, que tal vez para algunos ingenuos pueda ser considerado como otra manifestación de la pregonada “muerte de las ideologías”, en realidad es todo lo contrario: una evidencia de que la lucha ideológica revitaliza algunas viejas formas y formula otras nuevas.
Al igual que en el anarquismo subyacían posturas individualistas, voluntaristas y nihilistas, al negar muchos valores de la sociedad moderna −que incluso Marx y Engels, no obstante sus críticas a la misma, reconocieron, como puede apreciarse en el Manifiesto Comunista−, el apoliticismo contemporáneo está permeado por fundamentos filosóficos, conscientes o inconscientes, de corte pragmatista, utilitarista y existencialista, en los que el éxito individual se sobrepone a todo compromiso social.

Apoliticismo en Cuba

No es la primera vez que el apoliticismo ha pretendido ganar adeptos en la historia de la sociedad cubana y no solo entre los anarquistas. También al inicio de la República mediatizada hubo expresiones de conformismo por parte de algunos antiguos sectores anexionistas que tratarían de inculcar la nefasta idea de que la intervención norteamericana en la guerra independentista y la ocupación militar por parte de los Estados Unidos de América había sido una bendición que había que agradecer, por lo que no se debía manifestar ningún tipo de inconformidad política ante aquel hecho.
Afortunadamente, en los años 20 una nueva generación juvenil, intelectual y política expresada en la Protesta de los Trece, el Grupo Minorista, la creación de la Federación de Estudiantes Universitarios −liderada por Julio Antonio Mella−, la fundación del Partido Comunista de Cuba, y las luchas contra la dictadura de Gerardo Machado y la injerencia yanqui, así como un fortalecimiento de las luchas obreras, revitalizaron la conciencia política nacional cubana y el espíritu independentista que se pretendía apagar.
Del mismo modo la Generación del Centenario, inspirada nuevamente en el ejemplo de José Martí, reiniciaría la lucha por la dignidad del pueblo cubano frente a la sangrienta dictadura de Batista y obligó a los indecisos a definirse políticamente.
El triunfo de la Revolución cubana sería crucial en ese enfrentamiento al apoliticismo, especialmente cuando ante la agresión de Playa Girón se declara su carácter socialista y no podrá justificarse más ningún tipo de indiferencia ante las enormes transformaciones sociales emprendidas, como la nacionalización de las empresas extranjeras, la Reforma Urbana, la Reforma Agraria, la Campaña de Alfabetización, la Reforma Universitaria, la amplia socialización de la educación y la salud, el nacimiento de nuevas organizaciones como los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas y la gestación de un nuevo Partido Comunista de Cuba.
Cuando el pueblo cubano se vio amenazado por una nueva intervención militar norteamericana y el mundo estuvo muy próximo a que se desatara una guerra nuclear, a partir la crisis de los misiles soviéticos en este país, a nadie se le ocurría justificar una actitud apoliticista. El pueblo cubano demandaría a cada ciudadano definirse de cara a una situación en la que no había una tercera opción ante la consigna de Patria o Muerte.

¿Triunfará el apoliticismo?

Vivimos una nueva época en la que pareciera que tales confrontaciones son cosas del pasado y no faltan quienes inculcan la idea de que se deben olvidar. Por supuesto, quienes promueven tales consignas para borrar la memoria de las nuevas generaciones saben muy bien que el pueblo que no conoce su historia está obligado a repetirla.
Otros ilusos piensan que al ir desapareciendo por ley natural la generación que encendió la llama revolucionaria, esta debe apagarse. Tal vez olvidan la historia del pueblo cubano, por no decir la historia universal, que evidencia que las grandes transformaciones no han sido emprendidas por líderes solitarios. Estas solo se han hecho posibles si han sido asumidas por los sectores populares.
Cuando se conoció la noticia de que José Martí se encontraba en los campos de batalla, su amigo el escritor colombiano José María Vargas Vila publicó un artículo calificando ese hecho como una locura.
Al día siguiente, Enrique José Varona –a quien el Héroe Nacional tras su ausencia le confió la dirección el periódico Patria– le respondió con otro artículo en el que sostenía que Martí no estaba loco, porque sabía que había un pueblo entero esperando por él para la lucha independentista. Agregó que su actitud revolucionaria era tan alta como el Pico Turquino, pero los picos no nacen de sabanas, sino acompañados de otros tan altos como él: Máximo Gómez, Antonio Maceo, Calixto García, etc.
La clara concepción del protagónico papel del pueblo en las transformaciones sociales Martí la expresó al plantear:
“Nada es un hombre en sí, y lo que es, lo pone en él su pueblo. En vano concede la Naturaleza a algunos de sus hijos cualidades privilegiadas; porque serán polvo y azote si no se hacen carne de su pueblo, mientras que si van con él, y le sirven de brazo y de voz, por él se verán encumbrados, como las flores que lleva en su cima una montaña”.[1]
La mejor forma de enfrentar el apoliticismo es contribuir al estudio de la historia del pueblo cubano, sus luchas emancipadoras, el optimismo revolucionario que ha inspirado a sus líderes desde Céspedes hasta Fidel y Raúl, así como a todos los que le han acompañado y otros que aún le acompañan.
Cuando alguien pierde la confianza en la pujanza y la vehemencia de un pueblo como el cubano en la lucha por su dignidad, pasa a formar parte de lo que Martí denominó sietemesinos. Por suerte, la mayoría de los cubanos han nacido de parto natural.
[1] José Martí. Obras completas, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1976, t. XIII, p. 34.

Publicado por: David Díaz Ríos CubaSigueLaMarcha.blogspot.com

El primer año sin Fidel



El primer año sin Fidel / Juan Manuel Karg



La noticia nos conmovía a todos los latinoamericanos, un año atrás. Aquella figura que muchas veces creímos inmortal se iba físicamente, a sus 90 años, satisfecho del deber cumplido y con una Cuba que ya no era “mala palabra” en el ámbito de las relaciones internacionales, tal como lo demuestra, año a año, la votación en relación al bloqueo en la Organización de Naciones Unidas. Los millones de cubanos que durante aquellas jornadas lo homenajearon dieron por tierra centenares de editoriales de los medios conservadores de la región y el mundo: el pueblo cubano lo valoró hasta el final de sus días, y aún hoy lamenta una partida tan trascendente para aquella isla siempre fustigada por el poder imperial -que, vale decirlo una vez más, no pudo derrotar a Fidel, aún estando a apenas 90 millas de allí-.



El primer legado importante de Fidel es la resignificación de la política como herramienta para transformar la realidad cotidiana en nuestros países. Décadas después del triunfo de los barbudos y frente al “no hay alternativa” del neoliberalismo imperante a escala global desde Reagan y Thatcher, Fidel dijo que sí, que se podía “cambiar todo aquello que deba ser cambiado”. Aquella fue una verdadera revolución, filosófica, cultural y política. Ese discurso del 1º de mayo de 2000, en la Plaza de la Revolución que 17 años después lo despediría, quedará marcado además por la revalorización que hizo del socialismo. Ahí anidaba el germen de lo que luego se intentaría postular como “Socialismo del Siglo XXI” o “Socialismo del Buen Vivir” en países como Venezuela, Bolivia y Ecuador, que tomaron a Cuba como referencia válida en el intento de construir otro modelo societal.


Antes había pasado uno de los momentos más críticos de la Revolución: la caída de la URSS, el principal socio político y comercial de la isla. El propio Fidel había pronosticado, en un discurso en Camaguey durante 1989, que de acontecer la caída de los socialismos del este Cuba resistiría y sobreviviría. Tiempo después magnificaría lo acontecido, con urgencia de los tiempos que corrían pero también con la suficiente “distancia” para pensar el panorama en clave histórica:
Estamos en período especial, Un período difícil, de los más difíciles de nuestra historia. ¿Por qué? Porque nos hemos tenido que quedar solos frente al imperio. Solitos. ¿Y qué hacía falta para quedarse solos frente al imperio? Unidad, valor, patriotismo y espíritu revolucionario. Un pueblo débil, un pueblo blandengue, un pueblo cobarde, se rinde y vuelve a la esclavitud. Pero un pueblo digno, un pueblo valiente como nosotros, no se rinde y no vuelve jamás a la esclavitud.

Apenas Cuba retomó cierta calma económica, incluso a pesar de una intensificación creciente del bloque económico de parte de EEUU, Fidel volvió a mirar a América Latina. Porque lejos de cierto ombliguismo que caracteriza a un sector de la clase política, además fue un profundo latinoamericano, que supo interpretar desde su perspectiva marxista el nuevo ciclo político que se estaba abriendo a nivel continental. Por eso apoyó a Hugo Chávez -a quien recibió tempranamente, en 1994 en La Habana-, Lula da Silva, Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, Evo Morales y Rafael Correa. Por eso participó activamente en la elaboración de la contracumbre que, en noviembre de 2005, le dijo “Alca, al carajo”, enterrando las pretensiones librecambistas de George W. Bush. Fidel acompañó a un conjunto de gobiernos nacional populares, progresistas y de la izquierda continental que transformaron las condiciones de vida de millones de latinoamericanos. Fundó el ALBA siendo presidente, y acompañó la creación de la histórica CELAC que tuvo a su hermano Raúl en la primer troika.



América Latina -y especialmente América del Sur- cambió fuertemente durante estos últimos años. El “cuco” ya no es Cuba, sino que tiene otro nombre: República Bolivariana de Venezuela, país asediado de forma diplomática, económica y financiera. A su vez, los gobiernos conservadores de Argentina y Brasil encabezan profundas reformas laborales y jubilatorias, y buscan implementar con rápidez un TLC entre el Mercosur y la Unión Europea, para lo cual expulsaron a la propia Venezuela, en una situación similar a la que sufrió Cuba en 1961 en la OEA. Ante este escenario, donde además la derecha maneja con comodidad diversos conglomerados mediáticos, se hace necesario recuperar la experiencia cubana durante el período especial. Porque los poderes fácticos suelen avanzar con mayor facilidad en aquellos lugares donde no encuentren resistencias, donde líderes políticos, sindicales y barriales permanecen distanciados de las mayorías populares que sufren los embates ortodoxos en su economía diaria. El ejemplo de la Europa actual es claro en ese sentido: la “salida” a la crisis económica que golpea al mundo desde 2008 puede ser con aún más shock, intensificando el círculo de la propia crisis.
Recuperar el legado de Fidel hoy, a un año de su siembra, es precisamente recuperar la capacidad de construir alternativas a lo establecido. Es creer, no de forma voluntarista, sino con un apego en la realidad social y las posibilidades que esta alberga, que se puede gobernar de cara a las mayorías, integrando y no excluyendo, tal como se ha demostrado en diversos países de la región durante la primera década del siglo en curso. Es entender, no de forma utópica, sino convencidos de la experiencia histórica, que debe -y tiene que- haber alternativa al modelo económico que hoy rige a escala mundial, donde 8 multimillonarios concentran iguales ingresos que 3.600 millones de personas, tal como ha manifestado Oxfam a inicios de este año.

Lejos de aflorar nostalgias estériles, y con los pies en la tierra -”es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños” dijo alguna vez Lenin- el primer aniversario del fallecimiento de Fidel debería servir para valorar (y retomar) su legado en las adversidades, aquellas que precisamente lo engrandecieron en vida y lo hacen trascender -largamente- su vitalidad biológica.

¿Cómo se concibió el sitio eterno de Fidel Castro?

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¿Cómo se concibió el sitio eterno de Fidel Castro? / Juventud Rebelde


Una roca extraída de un sitio próximo a la Gran Piedra, lugar del oriente del país que pertenece a la Sierra Maestra, tan raigalmente vinculada a la vida revolucionaria de Fidel, contiene la urna de cedro que guarda sus cenizas

Una roca extraída de un sitio próximo a la Gran Piedra, lugar del oriente del país que pertenece a la Sierra Maestra, tan raigalmente vinculada a la vida revolucionaria de Fidel, contiene la urna de cedro que guarda sus cenizas.
Con una compartimentación muy alta laboró durante diez años un reducido grupo de trabajo en el proyecto. El entonces Ministro de las FAR, General de Ejército Raúl Castro Ruz, le encomendó la tarea en 2006 al arquitecto Eduardo H. Lozada León, quien junto a su esposa, la también arquitecta Marcia Pérez Mirabal, concibió la concepción del recinto.
El Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque asesoró la labor y buscó soluciones como la del cercado perimetral, para lo cual propuso tener en cuenta la parte superior del monumento dedicado al Apóstol en Dos Ríos. Después de fallecer Almeida, el viceministro de las FAR, general de cuerpo de ejército Ramón Espinosa Martín, asumió la responsabilidad. Él guardaba en su memoria la existencia de la piedra y señaló el lugar donde se encontraba.
Durante tres años se trabajó en el perfeccionamiento de la roca granitoide, que posee un peso de entre 48 y 49 toneladas aproximadamente, y una altura cercana a los cuatro metros. Pulirla, perforar el espacio para la urna, revestir el interior y preparar la tarja de mármol verde y letras en bronce con el nombre de Fidel fue una delicada tarea.
De forma paralela, mientras integrantes de la Empresa de Construcciones Militares de Santiago de Cuba laboraban en el elemento principal, el Coronel (r) Mariano Lamber Matos, en función de inversionista, adelantó detalles como la creación de las columnas del cercado y el piso, construidos con mármol color crema de yacimientos existentes en Bayamo. Se hicieron 19 con este material, en representación de las columnas y el pelotón Las Marianas, del Ejército Rebelde. Las cadenas que atan estos elementos     denotan la unión de las acciones de las citadas fuerzas.
Las columnas están compuestas por tres elementos: la base, en alusión al grito de Libertad o Muerte de Carlos Manuel de Céspedes; el intermedio, que representa la labor de Martí para materializar la Guerra Necesaria; y toda la parte superior, que recuerda a la Revolución liderada por Fidel que continúa en ascenso. El símbolo que las corona glorifica la lucha victoriosa en las montañas. Lo rodean el laurel y el olivo de bronce con un apoyo y tres montañas.
A la entrada de la tumba de Fidel se levantan dos pedestales semejantes a otros que conforman el cercado del cementerio, en alusión a la acción cívica y el movimiento de la clandestinidad.
A ambos lados de la senda que conduce al monolito hay un pequeño espacio en el suelo, enchapado con pie- dras chinas pelonas, las cuales fueron recogidas de las desembocaduras de los ríos que corren por La Plata y el Uvero.
Cada detalle en este sitio  contiene un significado, incluso la vegetación: los helechos son propios de la Sierra y las posturas de café, ubicadas en las jardineras, contienen el uniforme verde olivo mientras su aroma recuerda el de las montañas.
Fuente: Revista Verde Olivo/febrero 2017.


Fidel Castro: El pueblo, la corrupción y cómo debe ser un dirigente



Fidel Castro: El pueblo, la corrupción y cómo debe ser un dirigente / Por Ángel González / PostCuba

Fidel le habló a todas las generaciones de cubanos que vivieron, viven y vivirán hasta el fin de la tierra, lo cual pudiera ocurrir en caso de que no se tome en serio el cambio climático, como él lo alertaba en cada oportunidad.
Sus discursos al inicio de la Revolución cubana fueron clases para aquellos hombres y mujeres que no tenían altos niveles educacionales y culturales. Los ayudó a comprender el momento histórico que vivían y les demostró que sus palabras de barbudo eran ciertas.
No había en su discurso ninguna frase que oliera a demagogia, esa que bien sabía detectar el pueblo debido a los muchos gobiernos corruptos que había pasado por Cuba antes de 1959.
En uno de esos discursos de los dos primeros años de la Cuba revolucionaria, Fidel dijo:
“nosotros no somos los ministros de Batista, nosotros no somos los líderes de la época de Batista: nosotros somos una misma cosa con el pueblo. El pueblo no debe decirnos “pedimos”; el pueblo lo que debe decirnos es: “Vamos a hacer”, “proponemos”, hagamos”, porque nosotros somos una misma cosa con el pueblo.  Es que muchas personas no se han dado cuenta del cambio, están viviendo con retraso y tienen en la mente las ideas de las épocas que han pasado”.
Cualquiera pudiera pensar que todavía vivimos con ese retraso al que se refería al Comandante, pues pareciera que hemos interpretado mal sus ideas y todavía esperamos que nos vengan las orientaciones “de arriba”.
Esas son barreras mentales trabajadas y potenciadas entre el pueblo por quienes intentan destruir la Revolución levantando muros entre el pueblo y los ministros, como parte de una guerra que nos han aplicado desde el 59.
Bien lo había explicado Fidel al inicio de la Revolución:
“Se quiere aislar a la Revolución Cubana.  Se ha lanzado contra ella una campaña de descrédito internacional.  ¿Y que han ideado?  Han ideado una campaña de descrédito para aislar la Revolución Cubana de la opinión pública internacional; están acusando al pueblo de Cuba de criminal.
“Los que le mandaron bombas a Batista, los que le mandaron tanques y cañones a Batista, los que no dijeron una sola palabra cuando amanecían racimos de cadáveres en todos los pueblos de Cuba, los que no levantaron una sola vez la voz durante siete años para combatir el crimen perpetuo en que vivió nuestra patria, ahora levantan sus voces para decir que la Revolución está ejecutando en masa; ahora levantan la voz para decir que yo estoy despoblando a Cuba (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”).  Los que no levantaron sus voces para denunciar los 20 000 asesinatos que se cometieron durante siete años, ahora protestan de que estemos fusilando a los asesinos”.
¡Son tantas las cosas que anunció Fidel y resultaron ser ciertas…! Muchos no le hicieron caso y hoy estamos pagando por eso.
La corrupción fue otro de los temas abordados por el Comandante alertando sobre los ministros que favorecían a sus familiares, amigos, vecinos…
Sobre eso, expresó: “Y en la sociedad todo hombre debe vivir de su trabajo, debe vivir con la frente en alto, sin tener que deberle ni agradecerle nada a nadie, para ser libre; porque así el día que va a votar vota por el que quiere y no por el que le hizo un favor- -porque actuaremos siempre rectamente hoy y mañana, porque siempre nos verán pobres, porque nunca nos verán una caja en el banco, porque nunca nos verán un negocio particular, porque nunca nos verán una especulación o una malversación, porque nunca nos verán favoreciendo a un amigo, favoreciendo un privilegio, favoreciendo a un familiar!  Porque nuestra conducta será recta hasta la saciedad en todos los órdenes, sencillamente porque estamos muy conscientes de los deberes que tenemos que cumplir, y que nos tocó sacrificarnos-.”
Desafortunadamente, en la actualidad hay personas que ocupan cargos y no cumplen con las cualidades que debe poseer un dirigente socialista. Son gente que está ahí aprovechando el vacío dejado por una persona con condiciones que no entendió lo que el pueblo y la Revolución necesitaban de él.

Publicado por: David Díaz Ríos CubaSigueLaMarcha.blogspot.com

La defensa de la humanidad y la naturaleza en el pensamiento estratégico de Fidel


Humanidad y naturaleza fueron dos temas centrales que fueron confluyendo en el tiempo

La defensa de la humanidad y la naturaleza en el pensamiento estratégico de Fidel

Versión resumida de un artículo publicado por el Centro de Investigación de la Política Internacional (CIPI) de Cuba, este 23 de noviembre.

Hugo Moldiz Mercado

La defensa de la humanidad y de la naturaleza están presentes -aunque desde temporalidades diferentes ambas problemáticas recién van confluyendo en la última década del siglo XX-, en el pensamiento estratégico de Fidel Castro.
La cuestión de la humanidad –sus orígenes, situación en el siglo XXI y perspectivas- desempeña un papel central en el líder de la revolución cubana y de los países del Tercer Mundo a partir de dos puntos de partida: el primero, del legado de José Martí –el autor intelectual de la revolución de la mayor de las Antillas-, quien dejó plenamente instalado con su ejemplo el concepto teórico-práctico de que “Patria es humanidad”. El segundo, es más bien marxista, pues la superación del capitalismo como orden social legitimador de las relaciones de dominio/subordinación pasa por la emancipación humana de las condiciones de la pre-historia.  En realidad, como lo han señalado estudiosos de la revolución cubana, le corresponde a Fidel Castro ser el gran autor de la articulación emancipadora de los pensamientos de Martí y Marx, en lo que ciertamente es una de las vetas todavía no plenamente estudiadas de la construcción del socialismo latinoamericano.
Una lectura de las intervenciones, escritos y reflexiones de Fidel Castro nos conducen a identificar que es su preocupación por los problemas del hombre (léase humanidad) lo que lo impulsa a la firme convicción de liderar la organización, desarrollo y conducción de la revolución cubana, cuyo triunfo abre el 1 de enero de 1959 el inicio de la tercera ola emancipadora de América Latina y el Caribe[1].
Marxista como fue hasta su muerte, Fidel no ignoraba que la división de la sociedad en clases sociales encontraba su génesis, entre otras causas, en la separación del hombre (léase también mujer) de los medios de producción. El líder revolucionario sabía bien que la relación ser humano/naturaleza es el rasgo central del largo periodo que precedió a la aparición de diversos órdenes sociales basados en la concentración de la producción y de la riqueza para beneficio de pocos en desmedro de la mayoría.
Pero, no es sino hasta la década de los 90, cuando el entonces máximo conductor de la revolución cubana va adquiriendo la conciencia de los peligros que acechaban a la especie humana. “Los peligros para el medio ambiente y la especie humana era un tema en el que venía meditando durante años. Lo que no imaginé nunca era la inminencia del riesgo”, aseveró en las “Reflexiones del Comandante en Jefe” el 22 de mayo de 2007 bajo el título “Nadie quiere agarrar al toro por los cuernos”.
Y de reflexionar sobre los peligros que acechan al planeta por el cambio climático a partir de la década de los 90, pero con mayor frecuencia y rigurosidad recién a principios del siglo XXI, no se le puede criticar a Fidel Castro, como de la misma manera sería injusto que Marx reprochara a Aristóteles, a quien consideraba el filósofo más luminoso de la antigüedad, por no haber descubierto los aspectos ocultos de la Ley del valor.
Vayamos por partes. Desde una perspectiva solo de la humanidad, en el pensamiento estratégico de Fidel Castro se encuentran desde antes y después del triunfo de la revolución cubana varias reflexiones teóricas que tienen como común denominador su apuesta por una superación radical del orden social vigente, nacional, regional y mundial, que hace posible la situación colonial, dependiente y atrasada de los países y los pueblos del Tercer Mundo.
En esa dirección es célebre la intervención de Fidel el 12 de octubre de 1979, en el XXXIV Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando a nombre de 95 países del Movimiento de los Países No Alineados, cuya sexta conferencia se había llevado poco antes en La Habana, cuestionó el orden mundial que se fundamentaba en el despilfarro, el saqueo de los recursos naturales de los países del Tercer Mundo y la amenaza permanente del uso de la guerra.
En la parte final de su intervención expresó lo siguiente a manera de síntesis:
No he venido aquí como profeta de la revolución; no he venido a pedir o desear que el mundo se convulsione violentamente. Hemos venido a hablar de paz y colaboración entre los pueblos, y hemos venido a advertir que si no resolvemos pacífica y sabiamente las injusticias y desigualdades actuales el futuro será apocalíptico.
“El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se puedan resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia. No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos y en el holocausto morirán también los ricos, que son los que más tienen que perder en este mundo.
“Digamos adiós a las armas y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra era. Esa es la responsabilidad y el deber más sagrado de todos los estadistas del mundo. Esa es, además, la premisa indispensable de la supervivencia humana”.
De esta intervención, calificada de histórica por los estudiosos, y de otras en el curso de su vida se identifican cuatro aspectos que siempre estarían en el pensamiento estratégico de Fidel:
Primero, la lucha por sentar las premisas fundamentales para garantizar la supervivencia de la especie humana.  Todas sus intervenciones y reflexiones de toda su vida siempre colocaron a ser humano en el centro de su pensamiento.
Fidel no cesó en advertir los diversos grados de afectación al ser humano que implicaba el desarrollo del capitalismo, el accionar impune del imperialismo y el riesgo de que hechos económicos y políticos producidos por el hombre estén poniendo en duda la propia supervivencia humana. Nos estamos refiriendo a la concentración de la riqueza en pocas manos, la colonización y neocolonización de pueblos sobre la base de políticas de genocidio, la segregación racial, la conversión de alimentos en combustible, la construcción de plagas y enfermedades en laboratorios para agredir pueblos, la carrera armamentista y nuclear, y la manipulación del medio ambiente.
Segundo, la demanda de un orden internacional justo que saque de su condición de pobreza a decenas de millones de seres humanos que están condenados a morir cada año por hambre y por enfermedades curables, así como condenados al analfabetismo.
La lucha contra el orden internacional injusto estuvo presente en Fidel antes y después del triunfo de la revolución. Ahí está una de las manifestaciones de su internacionalismo. Sin embargo, adquirió particular importancia su llamado a inicios de la década de los 80 a la cancelación o condonación de la deuda externa y a cambiar los términos de intercambio comercial desfavorables para los países del Tercer Mundo. “Esta deuda no solo es impagable, sino que ya, además, es una deuda incobrable”, afirmó el líder cubano en una reunión de mujeres latinoamericanas[2].
La apuesta por cambiar las relaciones económicas y políticas internacionales a favor de los pueblos y de una paz duradera encontró mayor fuerza y conciencia en América Latina en la mitad de la última década del siglo XX y principios del siglo XXI, cuando los comandantes Fidel Castro, de Cuba, y Hugo Chávez, de Venezuela, sintetizarían en sus formulaciones teóricas y acciones histórico-concretas la resistencia de los pueblos al proyecto anexionista del ALCA e impulsaran el nacimiento del ALBA en aquella tarde del 14 de diciembre de 2014..
Tercero, la lucha por la paz, regional y mundial, y la colaboración de los pueblos. El objetivo acabar con las guerras y la amenaza nuclear que proliferó al terminar la Segunda Guerra Mundial por impulso de los Estados Unidos y la incapacidad de la Organización de las Naciones Unidas para sentar las bases políticas e institucionales que desestimulen la guerra.
Una rápida indagación de las causas de esta irrenunciable posición se encuentran en la huella profunda que le dejó el bombardeo atómico de Estados Unidos a las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en 1945, “asesinando e irradiando con horribles y duraderos efectos a cientos de miles de hombres, mujeres y niños, en un país que ya estaba militarmente vencido”[3]. Pero también,  en dos momentos que los calificó como dramáticos para la revolución cubana: el primero, en octubre de 1962 cuando se produjo la denominada crisis de los misiles y que puso a la humanidad “al borde del holocausto nuclear” y “a mediados de 1987, cuando nuestras fuerzas se enfrentaban a las tropas racistas sudafricanas, dotadas con las armas nucleares que los israelitas les ayudaron a crear”[4].
En varias de sus intervenciones como Presidente de Cuba y luego en sus reflexiones, el líder revolucionario observaba de cómo al finalizar la segunda guerra mundial Estados Unidos era el único país que poseía el arma nuclear, en 1957 se llegaba a tres con la incorporación de Francia y Gran Bretaña -armadas por los estadounidenses- y al 2011 se alcanzaba a ocho, de los cuales cinco eran miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia y China). Los otros tres: India, Pakistán e Israel. Este último, para Fidel Castro, era “instrumento del imperialismo y el colonialismo en esa región del Medio Oriente” que si bien “nunca ha reconocido su carácter de país nuclear” se estima “posee entre 200 y 500 armas de ese tipo[5]
De ahí que advirtiera, basado en el estudio de un científico norteamericano,  que bastaría el estallido de 100 armas nucleares para poner fin a la existencia humana. Esto lo llevó a decir sin vueltas que “ningún país del mundo debe poseer armas nucleares, y que esa energía debe ponerse al servicio de la especie humana”.
En cuanto a la colaboración entre los pueblos, incansable ha sido Fidel Castro en concebir, promover o respaldar toda iniciativa que forjara la integración o unidad política de los pueblos. Ahí está su respaldo al Movimiento de los Países No Alineados y a la conformación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que en su II Cumbre realizada en La Habana, en enero de 2014, aprobó declarar América Latina como territorio de paz.
Cuarto, el peligro de la desaparición de la naturaleza y, por tanto, del planeta. Una de las intervenciones, también célebre, es la que Fidel hizo en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo el 12 de junio de 1992, denominada también Cumbre Mundial de la Tierra.  En esa oportunidad, el jefe de Estado sostuvo:
“Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsable fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente. Ellas nacieron de las antiguas metrópolis coloniales y de políticas imperiales que, a su vez, engendraron el atraso y la pobreza que hoy azotan a la inmensa mayoría de la humanidad. Con solo 20 % de la población mundial, ellas consumen las dos terceras partes de los metales y las tres cuartas partes de la energía que se produce en el mundo. Han envenenado los mares y ríos, han contaminado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos que ya empezamos a padecer. Los bosques desaparecen, los desiertos se extienden, miles de millones de toneladas de tierra fértil van a parar cada año al mar.
“Numerosas especies se extinguen. La presión poblacional y la pobreza conducen a esfuerzos desesperados para sobrevivir aun a costa de la naturaleza. No es posible culpar de esto a los países del Tercer Mundo, colonias ayer, naciones explotadas y saqueadas hoy por un orden económico mundial injusto”.
 Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro (…) No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo (…) Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre.
Cerca de dos décadas después, en una de sus reflexiones escritas, Fidel al destacar que el rasgo central en la Isla hace cinco siglos -común a toda la América-, era la relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza[6], hizo referencia a dos grandes nuevas amenazas para la especie humana: al cambio climático y la crisis de alimentos.
Los problemas han tomado cuerpo ahora de súbito, a través de fenómenos que se están repitiendo en todos los continentes: calores, incendios de bosques, pérdidas de cosechas en Rusia, con numerosas víctimas; cambio climático en China, lluvias excesivas o sequías; pérdidas progresivas de las reservas de agua en el Himalaya, que amenazan India, China, Pakistán y otros países; lluvias excesivas en Australia, que inundaron casi un millón de kilómetros cuadrados: olas de frío insólitas y extemporáneas en Europa, con afectaciones considerables en la agricultura; sequías en Canadá; olas inusuales de frío en ese país y en Estados Unidos; lluvias sin precedentes en Colombia, que afectaron a millones de hectáreas cultivables; precipitaciones nunca vistas en Venezuela; catástrofes por lluvias excesivas en las grandes ciudades de Brasil y sequías en el sur”, describió Fidel con fina pluma la situación real derivada de los desequilibrios ecológicos provocados por la racional irracionalidad del desarrollo capitalista.
Y en la misma reflexión quedaría sellada en dos líneas algo que, de distintas formas, ha estado presente en todos los escritos de Fidel Castro hasta el final de sus días: “Prácticamente no existe región en el mundo donde tales hechos no hayan tenido lugar”[7].
La fijación de Fidel en el tema, como se puede apreciar, se remonta a la década de los 90, pero es desde el inicio del siglo XXI que va cobrando mayor fuerza en todas sus reflexiones. Esto se debe a varias razones: la decisión del presidente estadounidense George Bush de llevar adelante “la idea siniestra” de emplear los alimentos como materia prima en la fabricación de biocombustible, una iniciativa a la que se sumaría Europa; el incremento del precio de los alimentos que, obviamente, afecta a la inmensa mayor parte de la población mundial y el deterioro, como se ha señalado, de las condiciones materiales para el desarrollo de la agricultura.
Fueron varias las reflexiones de Fidel sobre el carácter nocivo para el ser humano y la naturaleza de la decisión de convertir los alimentos en combustible. Y para ellos hacía referencia a informes oficiales de las propias Naciones Unidas y a estudios de especialistas en el tema.  El 30 de abril de 2007, el estadista cubano, no sin antes criticar la decisión del presidente brasileño Ignacio Lula de producir combustible en base a los alimentos, desnudó una lacerante realidad: “Estados Unidos, Europa y demás países industrializados se ahorrarían más de ciento cuarenta mil millones de dólares cada año, sin preocuparse de las condiciones climáticas y de hambre, que afectarían en primer lugar a los países del Tercer Mundo. Siempre les quedaría dinero para el biocombustible y adquirir a cualquier precio los pocos alimentos disponibles en el mercado mundial”[8].
Su pensamiento crítico lo condujo siempre a levantar banderas de la defensa de la humanidad, primero, y de la naturaleza, después, con independencia del color político e ideológico que abrazaran los seres humanos. Jamás desestimó otros espacios y puntos de probables acuerdos entre diferentes para salvar a la especie humana de su segura extinción.
Y para eso, tampoco puso en duda un minuto, de que la batalla de las ideas –como forjadora de conciencia- era y es el arma más importante para la construcción de ese “otro mundo es posible”.
* Versión resumida de un artículo publicado por el Centro de Investigación de la Política Internacional (CIPI) de Cuba, este 23 de noviembre.
Notas:
[1] La primera ola es la resistencia a la colonización europea, la segunda son las gestas independentistas que incluyen a la llamada Revolución Negra en Haití y la tercera la que se inaugura con la revolución cubana. Léase también América Latina: la Tercera Ola Emancipadora, Hugo Moldiz, Oceansur, 2010.
[2] Fidel Castro, Esta deuda no solo es impagable, sino que ya, además es una deuda incobrable. Editora Política, La Habana, 1985. P 10
[3] Reflexiones, Fidel Castro Ruz. La Paz mundial pende de un hilo. Oficina de publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2013, Tomo 5, p. 510.
[4] Reflexiones, Fidel Castro Ruz. Cinismo genocida, primera parte, 12 de noviembre de 2011. Oficina de publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2013, Tomo 5, p. 481
[5] Reflexiones, Fidel Castro Ruz. Cinismo genocida, segunda parte y final, 13 de noviembre de 2011. Oficina de publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2013, Tomo 5, p. 487
[6] Reflexiones, Fidel Castro Ruz. Es hora ya de hacer algo. 19 de enero de 2011. Oficina de publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2013, Tomo 5, p. 45.
[7] Reflexiones, Fidel Castro Ruz. Es hora ya de hacer algo. 19 de enero de 2011. Oficina de publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2013, Tomo 5, p. 53
[8] Reflexiones de Fidel. Lo que se impone es una revolución energética. 30 de abril de 2007. Oficin
Fuentes:

Publicado por: David Díaz Ríos CubaSigueLaMarcha.blogspot.com