Blog_CubaSigueLaMarcha

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lunes, 1 de junio de 2015

Baches en la memoria

Baches en la memoria

Por Graziella Pogolotti
Somos puntuales al conmemorar, en fechas precisas, a las personalidades que marcaron hitos fundamentales de nuestra historia. Con el andar del tiempo, se convierten en figuras marmóreas. Se va haciendo más borrosa su entraña humana. No recordamos el dolor íntimo de Carlos Manuel de Céspedes reducido a la miseria y al abandono después de su deposición. Todo lo había entregado a la Patria antes de caer, solitario, en San Lorenzo. Pocos recuerdan que Manana, la compañera de Máximo Gómez, rechazó la ayuda ofrecida por Martí. Nada quería pedir a la revolución en beneficio propio. No pensamos en el dolor de Mariana ante la pérdida de sus hijos.
Los combatientes anónimos también hacen la historia en lucha contra las distintas formas de injusticia. En el tránsito hacia la república neocolonial, entregadas las armas, recibieron la ingratitud, la miseria, el reverdecer de la discriminación racial. No tuvieron tierras de labranza, ni sinecuras gubernamentales.
El historiador Álvarez Pitaluga ha ofrecido claves importantes para entender nuestro secular combate por la emancipación. En el enfrentamiento a un régimen opresor se coaligan fuerzas representativas de intereses diversos y contradictorios. La prematura muerte de Martí contribuyó a frustrar el proyecto de república «con todos y para el bien de todos» que debía comenzar a construirse desde la manigua. En el curso de la guerra, el Gobierno civil se consolidó en detrimento de las fuerzas populares. Para unos, se trataba tan solo de derrocar el poder de la metrópoli. Para otros, era imprescindible transformar la sociedad. De ese conflicto emergieron los aliados internos de la intervención norteamericana.
Estrenado en Cuba, el modelo neocolonial prescindía, salvo en situaciones extremas, de capitanes generales y de funcionarios metropolitanos. Estados Unidos se reservaba el derecho a intervenir, pero las cadenas que aherrojaban al país, eran de carácter económico. A los problemas estructurales heredados, sumó la expansión de los gigantescos centrales azucareros hacia las provincias orientales y la apropiación de miles de caballerías para la siembra de «cañas de administración» con el consiguiente desplazamiento de colonos y pequeños agricultores. Se entronizó nuestra condición de meros exportadores de materias primas sin refinar. La dependencia agudizó el subdesarrollo.
Las efímeras vacas gordas dejaron huella en palacetes del Vedado. Fueron un espejismo ilusorio basado en un fenómeno coyuntural: los altos precios del azúcar a causa de la Primera Guerra Mundial. El abrumador derrumbe de las vacas flacas anunciaba la definitiva crisis estructural de la economía cubana, rescatable únicamente mediante un cambio radical. En la caída de Machado intervino también una alianza entre aquellos que aspiraban a eliminar la dictadura y los que apuntaban a una revolución social. Así lo entendieron los tanques pensantes norteamericanos encargados de la investigación sobre Problemas de la Nueva Cuba. Nada cambió en lo sustancial, a pesar de la Constitución de 1940, muy avanzada en la letra. Transcurridos algo más de tres quinquenios, en 1951, vísperas del golpe de Batista, la Comisión Truslow subrayaba dramáticamente advertencias similares. Por sus contradicciones intrínsecas, el imperio no podía cortar el nudo gordiano. El «hombre fuerte» volvió al poder. Otra vez se coaligaron contra el régimen sectores diferentes, limitados unos a la perspectiva de derrocar la dictadura y convencidos otros de la necesidad de una revolución profunda y emancipadora, heredera del legado de José Martí y del potencial teórico-práctico acumulado desde los ’30 del pasado siglo.
A pesar del esfuerzo de notables historiadores, falta mucho por analizar respecto al proceso resultante de medio siglo de república neocolonial. La visión simplista ha dejado espacio para numerosas manipulaciones. La nostalgia por un tiempo pasado se ha convertido en instrumento político que emana de la emigración y se reproduce inconscientemente entre nosotros. Exhibe una capital con modernos edificios favorecedora de una alegre vida nocturna. En el otro extremo de la polaridad, ha habido tendencias a subestimar la etapa e interrumpir un continuo histórico que, unido al contexto internacional, contribuye a entender lo que somos.
Muchos analistas del Primer Mundo reducen el conflicto entre Estados Unidos y Cuba al entorno de la Guerra Fría. Las raíces son mucho más profundas. Responden a un interés geopolítico por dominar la región, traducido en intervenciones directas e indirectas en América Latina que precedieron y sucedieron al triunfo de la Revolución Cubana y a su acercamiento a la Unión Soviética y al campo socialista. Responden a la necesidad intrínseca del imperialismo de expandir sus mercados y preservar fuentes indispensables de materias primas, así como mano de obra barata complementada con garantías de seguridad para sus inversionistas.
La derrota del fascismo llevó a la confrontación Este y Oeste y, a la vez produjo un estremecimiento parcial en la base de la antigua estructura colonial. Muchos países alcanzaron una independencia formal. Otros, los menos, lograron su emancipación al cabo de años de resistencia y de lucha armada. El contexto favoreció, en el campo de las ideas, el estudio de la interconexión existente entre subdesarrollo y dependencia.
Subdesarrollo no es sinónimo de atraso homogeneizado. Hay hermosas capitales en los países dependientes. En muchos de ellos surge una élite cosmopolita, junto a una minoría intelectual destinada a la subordinación o a la rebeldía. En una reunión de expertos en educación convocada por la Unesco, tuve la oportunidad de conversar con un eminente profesor nacido en Níger. En las vacaciones, emprendía viaje a su país de origen y comprobaba con tristeza que sus hijos no tenían posibilidad de reintegrarse a la tierra de sus ancestros. Formados en Francia, habían adquirido otros hábitos y otro modo de vivir. Eran incapaces de asimilar las comidas tradicionales. Se adaptaban apenas al reducido ambiente de los residentes extranjeros. Desde el Malecón habanero, la ciudad mostraba su mejor rostro, aderezado por una cinta luminosa. Más atrás se ocultaban la penuria y la miseria más desgarradora. La tragedia del mundo rural se expresaba en textos de escritores y en estudios de investigadores de las más variadas tendencias ideológicas. Eran los niños raquíticos, devorados por los parásitos, los adultos consumidos por la tuberculosis. Cuando vinieron a La Habana, en 1959, desdentados y macilentos, en muchos casos, habitantes de una isla larga y estrecha, no habían visto el mar ni conocían la electricidad. Pesaba sobre ellos el analfabetismo, el desamparo sanitario, la sujeción a la interminable cadena de arrendatarios, subarrendatarios, a la ausencia de caminos para vender el resultado de sus pobres cosechas. No conocían el cine y, mucho menos, la televisión.
La república neocolonial se desperezó lentamente. Hubo que esperar el nacimiento de una generación que no había sufrido la derrota y la desilusión y con los ojos puestos en el porvenir. Se rescató la obra de José Martí, mientras en rápida sucesión, se organizaban los estudiantes, las mujeres, los obreros y aparecía el primer partido comunista. Los intelectuales definían su modo de participación en la vida del país. Carente de estructura formal, el Grupo Minorista resultó una fórmula aglutinadora. Encontraron interlocutores en América Latina. Se empeñaron en renovar los lenguajes artísticos. Las circunstancias propiciaron una convergencia entre vanguardia artística y vanguardia política. Los nuevos códigos intentaban expresar rasgos fundamentales de la identidad y la cultura nacionales. La investigación de la realidad transformó el antiplattismo en antiimperialismo.
Las circunstancias históricas contribuyeron al arribo tardío de la vanguardia. La etiqueta llamaba a la renovación, pero el contexto específico influyó en su configuración. En el sutil entramado de la cultura se produjo un diálogo fecundo entre ciencias sociales y creación artística. A pesar de su conservadurismo, Ramiro Guerra escribió Azúcar y población en las Antillas, leído por sus contemporáneos. Al mismo tiempo, el criminalista Fernando Ortiz, apresado por un entorno hasta entonces ignorado, exploraba las tradiciones de origen africano.
Esa conjunción de factores transformó el concepto de cultura nacional. Enmascarada a veces con un barniz filantrópico, parecía verdad indiscutible afirmar el papel civilizatorio de Europa respecto a otras zonas del planeta. La aparición de la vanguardia señaló el inicio de un vuelco capital. Empezaban a develarse los valores culturales de origen africano y su entrelazamiento esencial con la nuestra. Se abrió un intercambio fructífero entre lo popular y lo culto. La pluralidad de fuentes originarias se entremezclaba en un proceso de construcción permanente.
Este batallar republicano se desarrolló a contracorriente, en medio de la crisis creciente de una economía deformada, entre tiburones que se bañan y salpican, entre el clientelismo político que entregaba un efímero mendrugo como recompensa por el voto electoral. El panorama no deja sitio para la nostalgia. Pero no debemos entregar a otros la visión de ese pasado en el que, a pesar de todo, se sembraron ideas y prosiguió, soterrado, el proceso constituyente de la nación.
Tomado de Juventud Rebelde

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Poder atreverse

Poder atreverse

 En un mundo cada vez más desigual, donde 85 individuos concentran más riqueza que los 3.500 millones de habitantes más pobres en el planeta, es decir, la mitad de la población mundial, las oportunidades también son cada vez más desiguales.

El acceso a la educación es una de ellas.
 Sapere aude, atrévete a saber. La locución latina que escribió Horacio en el siglo I se completa así: “quien comenzó ya hizo la mitad”. Atreverse a saber no es fácil. Pero más difícil es no poder atreverse
En torno a un 16 por ciento de la población global es analfabeto. 780 millones de personas en edad adulta no saben leer ni escribir. Según el Atlas de la Alfabetización del Instituto de Estadística de la UNESCO (UIS), de ellas, el 64 por ciento son mujeres. Por otro lado, del total de adultos analfabetos, 126 millones son jóvenes de entre 15 y 24 años y de ellos cerca de 70 millones son mujeres.
Solidarios para Desarollo
La educación es un derecho humano fundamental y la base para garantizar el cumplimiento de otros derechos. La calidad universal de la educación es una condición esencial para hacer frente a la inequidad, erradicar la pobreza y crear sociedades más inclusivas. El desarrollo sostenible de una sociedad más igualitaria comienza por allí. Educación es sinónimo de libertad.  ¿Será por esto que tantos gobiernos temen a que el pueblo esté educado?
Paulo Freire escribe que “enseñar exige seguridad, capacidad profesional y generosidad”. Sobre todo, generosidad. La docencia es de las tareas más nobles. Compartir los saberes, para democratizar el conocimiento. Además hay quienes lo hacen ante la adversidad. Docentes rurales que se trasladan todos los días hasta las zonas más inhóspitas para compartir  conocimiento con quienes tienen menos posibilidad de acceso. Numerosas escuelas que funcionan en sectores urbanos marginales con condiciones socio económicas complejas; en contexto de encierro como cárceles y manicomios;  en países donde hay conflictos bélicos o catástrofes naturales. Otro caso paradigmático donde la educación supera cualquier barrera, es el programa de alfabetización cubano “yo sí puedo”.
El proyecto surgió en el año 2001 por sugerencia del presidente cubano Fidel Castro con el objetivo de erradicar el analfabetismo, y fue coordinado por Leonela Relys Díaz,  Doctora en Ciencias Pedagógicas. Se elaboró una cartilla que combina números y letras para enseñar a leer y a escribir a personas adultas, mediante la utilización de recursos audiovisuales como la televisión y reproductoras de video. Este programa se desarrolla a través de un método de enseñanza compuesto, en el que se utilizan los números para facilitar el proceso de aprendizaje de la lecto-escritura; se asocian los números con  letras y se parte de lo conocido para alcanzar lo desconocido. De acuerdo con el contexto en el que se desarrolle puede aplicarse en español, portugués, inglés, quechua, aymara, creole, tetún, swahili o guaraní.  Tiene como objetivo fundamental, además de lograr la alfabetización, la inserción activa de los participantes en el quehacer social, económico y político de la comunidad del país donde viven. Además de recursos audiovisuales, se utiliza un “facilitador” quien se encarga de trasmitir los conocimientos y es el vínculo entre la clase audiovisual y el participante.
Gracias a la solidaridad de Cuba, y su intención de compartir el programa educativo a los países que lo necesitan, “Yo sí puedo” fue aplicado con éxito en Argentina, Venezuela, México, Ecuador, Bolivia, Guatemala, Nicaragua, Haití y Colombia  y ha hecho posible alfabetizar a millones de personas. Además, ha sido llevado a varios países africanos como Guinea-Bissau, Mozambique y Sudáfrica, así como en Nueva Zelanda, Oceanía. También La ciudad española de Sevilla, que fue la primera experiencia del programa en Europa.
Con la aplicación de este sistema de enseñanza se podría alfabetizar a una persona en 7 semanas y así se lograría erradicar el analfabetismo con solo la tercera parte del fondo de la UNESCO para estos fines. Terminar con el analfabetismo no es una cuestión de recursos económicos. Depende de la voluntad política de los gobiernos de brindar a los ciudadanos la posibilidad de estar educadas. La posibilidad de ser libres.
Clara Presman / Periodista

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Proporcionar bienestar y educación a la infancia es una prioridad del gobierno cubano

Proporcionar bienestar y educación a la infancia es una prioridad del gobierno cubano
Niños cubanos en un círculo infantil. Foto: Ladyrene Pérez/Cubadebate.
Día internacional de la infancia
Según el Panorama Económico y Social de Cuba, publicación de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, en el 2014 nacieron en nuestro país 122 643 niños.
 Esa cifra, por sí sola, no dice la importancia que tiene en la sociedad cubana la vida de un infante.
Para muchos quizá la tasa de mortalidad infantil, que el pasado año fue de 4,2 por cada mil nacidos vivos, sea la apropiada para hablar de ello; sin embargo, la realidad es que ningún número puede encerrar el valor que tiene cada uno de los niños que habita el archipiélago.
La campaña de alfabetización, el esfuerzo por que la educación llegara a cada rincón de esta tierra, la instauración y progresivo perfeccionamiento de un sistema de salud que diera cobertura no solo universal y gratuita, sino que se extendiera igualmente por toda la geografía cubana; son también muestras de esa preocupación por asegurar un futuro para las nuevas generaciones.
En el curso 2014-2015 matricularon en las enseñanzas primaria y media un millón 567 630 alumnos; de tan comunes, estas cifras ya no resultan significativas para muchos. 
Tras ellas hay, no obstante, un esfuerzo que trasciende las aulas y se inserta en hospitales, para garantizar el acceso al aprendizaje de aquellos pequeños que por sus padecimientos no pueden asistir a la escuela; o incluso viaja a los hogares con igual propósito.
La enseñanza especial es otra muestra de que cuando se piensa en la infancia no hay límites ni discriminaciones. Más de 38 000 alumnos con esas características asisten a las aulas en el presente curso, pues adquirir conocimientos es también una manera de prepararse para la vida. En Cuba esa es una posibilidad real respaldada por el presupuesto del Estado, que dedica el 53 % a la Salud y la Educación.
Tiene expresión también en el acceso a la enseñanza de las artes y el disfrute de estas en instituciones culturales, pero también en plazas, parques y montañas. 
En la práctica del de­porte, la preocupación permanente por los contenidos destinados a este público que se difunden en la radio, la televisión y todos los medios masivos; el trabajo de las organizaciones de masas en las comunidades, e incluso la existencia de espacios como los que propicia la Organización de Pioneros José Martí, que le permiten desde pequeños ejercer su derecho a opinar sobre los aspectos que afectan su vida y a ser escuchados por la más alta dirección del país.
Cuba es signataria de la Convención de los Derechos del Niño desde 1990, pero desde mucho antes la protección a la infancia quedó recogida en sus legislaciones principales co­mo el Código de la Familia, que define las responsabilidades de esta con los menores (1975); la Constitución (1976), cuyo articulado protege notablemente a niños y niñas; y el Código de la Niñez y la Juventud, que amplió ese alcance y entró en vigor en 1978.
El empeño de nuestro país en proporcionarle bienestar y educación a los infantes está por encima de cualquier limitación económica. La perpetuidad de un ideal, de una nación, de una cultura depende de ese hombre que hoy es niño. 
(Cubaminrex/ Granma)

Celebra Cuba Día Internacional de la Infancia

Cuba exhibe hoy logros tangibles en la protección de la niñez y ratifica su respaldo a las convenciones internacionales defensoras de los derechos de la infancia al considerarla el futuro de la humanidad.
No es casualidad que de los 600 millones de niños pobres y desamparados en el mundo, ninguno sea cubano. Uno de los motivos que impulsó a los líderes del país y al pueblo para hacer una Revolución fue la infancia, de ahí que desde 1959 ese segmento poblacional sea una prioridad para el Estado.
Los niños reciben una atención desde el comienzo del embarazo de la madre, con un seguimiento obstétrico-ginecológico de alta calidad, y eso ya es garantía de un nacimiento satisfactorio.
El sistema educacional garantiza que los menores entren en contacto con sus similares a muy temprana edad y reciban una instrucción con parámetros adecuados en los Círculos Infantiles (guarderías).
En la mayor de las Antillas no existe el trabajo infantil, porque la legislación lo prohíbe, lo cual es casi una constante en muchas latitudes empobrecidas.
Todos los niveles de educación son gratuitos, y todos tienen derecho a instruirse, de ahí que los índices de matrículas en la enseñanza media y media superior (Bachillerato) sean elogiables con respeto al resto del Tercer Mundo.
Cuba suscribió varios instrumentos de carácter internacional referidos a la protección de la infancia, además de ser signatario y Estado parte de la Convención de los Derechos de Niño.
La nación antillana también firmó protocolos facultativos de la Convención de los Derechos del Niño sobre la venta de infantes, prostitución infantil y su utilización en la pornografía.
Además, el país es  partícipe de otros documentos como el que prohíbe el uso de menores en conflictos armados.
Desde hace varios años organismos internacionales reconocen la esmerada atención de Cuba hacia sus niños, gracias a una serie de proyectos y programas para consolidar aún más su protección.
(Con información de Prensa Latina)

¿Qué podrían escribir los niños cubanos sobre sí mismos? (+Fotos)

La realidad de muchos niños cubanos es tan linda como la de Lía, cuya mayor preocupación es querer ser actriz o saber a ciencia cierta qué es el amor…
María del Carmen Ramón
MARÍA DEL CARMEN RAMÓN / 1/06/2015 / EXCLUSIVO
¿Qué podrían escribir los niños cubanos sobre sí mismos? (+Fotos)
Lía no entiende de datos, pero alguna vez sabrá que Cuba está entre los países del primer mundo con mejores indicadores para el tema de la infancia. (Fernando Medina Fernández / Cubahora)
  • Día Internacional de la Infancia: Instituido en 1954 por acuerdo de la Asamblea General de la ONU, según la fecha que cada país decidiera. Cuba eligió el primero de junio.
Lo decía José Martí: “Los niños saben más de lo que parece, y si les dijeran que escribiesen lo que saben, muy buenas cosas que escribirían”. Hojeo un ejemplar de la Edad de Oro, mientras escucho los gritos de mi hermana Lía sobre la mesa, reclamando la atención de mi madre. Ella ya cumplió los 8 años,  y como niña al fin dedica su tiempo libre a jugar con sus amiguitas, a ser un día cocinera, enfermera, mamá; o a aprender de memoria cuentos para niños y repetirlos asignando voces distintas a los personajes o simplemente cantar canciones con cualquier pieza entre sus manos que parezca un micrófono.
“Que ni se piense ella que cuando sea grande va a ser actriz, si su hermana más grande es periodista y la otra es bioquímica, ella al menos tiene que ser doctora o abogada”, le dice mi madre, y Lía no tarda en recordarle entre risas: “sí, abogada para defender los derechos de los niños como yo que los padres no dejan ser artistas”.
Y casi todas las respuestas de Lía tienen cierto parecido con esta. Cuando era pequeñita le regalaron un librito con algunos de losderechos fundamentales de los niños, y desde ese entonces lo utiliza a menudo en su favor: “los niños tienen derecho a jugar, a comer, a tomar agua, a que sus papás los cuiden, a decidir lo que quieren ser cuando sean grandes”.
Hay algunos que entiende mejor que otros, pero Lía no olvida que cada mañana debe despertar bien tempranito para ir a la escuela. Es capaz incluso de suplicar a sus tatas que la despierten un poco más temprano, porque ella no quiere ser como Alejandro, quien siempre llega después del himno de Bayamo. De modo que Lía sabe que los derechos entrañan deberes y que en Cuba todos tienen el derecho por igual de compartir un aula. Y sabe también que su prima Laura, quien tiene algunos trastornos en el aprendizaje, debe ir a una escuela diferente.
Aunque Lía llore cuando está enferma y su madre debe ponerle el molesto pinchazo, ahí está en su brazo izquierdo la marca de la vacuna que tiene todo cubano. Aunque olvide que el derecho a la salud está también en el librito que tanto lee—porque la salud no es tema que preocupe a un niño sano— está creciendo viendo que su madre puede atenderse en el hospital sin mayor preocupación, y con la certeza de que a la mínima fiebre tiene que ir al policlínico o a la doctora Yaque, su médico de familia.
Lía escucha los cuentos de su madre y no entiende todavía de la gravedad de ciertas enfermedades, no sabe que es la muerte, ni tampoco lo que puede significar para quien vive en otro país  pagar un transplante de medula espinal, pero es que ella nació con el derecho a no tener que preocuparse por eso. No obstante, habla mucho en la escuela sobre el caso de su primo Carlos, quien sufre de Leucemia, y por eso ella le regala dibujos con textos como “Carli, que te mejores pronto”.   
Entiende a su manera el mundo y podría escribir los mejores libros al hablar de la recuperación de su maestra de primer grado de aquella operación repentina o de los médicos que están haciendo todo porque la barriga de su tía Moraima transcurra sin contratiempos, a pesar de que ella es diabética.
Lía sabe que no debe golosear las compotas de su vecino Esteban, porque ya una vez le toco tener las suyas. Ella no supo nunca de dónde provenían, pero cuando le toque prepararse para ser madre sabrá que forman parte de una dieta especial que garantiza el gobierno, junto con leche, carne y algunos otros de esos alimentos que a ella le gustan tanto.
Lía no entiende de datos, pero ya le tocará conocer que Cuba está entre los países con mejores indicadores para el tema de la infancia, entre ellos la tasa de mortalidad infantil en menores de 5 años.
Sabrá también que el país tiene cero por ciento de niños desnutridos, que estos tienen 11 vacunas totalmente gratuitas que los previenen contra enfermedades erradicadas o controladas, y que quienes quedan huérfanos se convierten en hijos de la Patria y pasan a ser cuidados en hogares para niños sin amparo filial.
En medio de una jornada de trabajo de mi madre, Lía hace una tarea donde le preguntan cómo definiría el amor en su vida cotidiana. Dudosa le pregunta a su madre: Mami, ¿qué es el amor?
“¿A esta hora con esa pregunta Lía, estoy planchando”. Ella suelta por un instante e intenta saciar la curiosidad de su hija buscando en el diccionario.  “Mami, pero por qué te complicas tanto:¿no puedo decir que amor es cuando mi abuela me da un beso y cuando tú me das la comida cuando estoy majadera y me bañas, cuando me llevas al médico para inyectarme aun cuando tengo miedo, cuando me ayudas a hacer las tareas…?”
Mi madre la mira con la boca abierta. Entonces confirmo que si los niños cubanos pudieran escribir sobre su vida, muy buenas cosas que escribirían. Por suerte, la realidad de muchos en este país es tan linda como la de Lía, donde su mayor preocupación es querer ser actriz o saber a ciencia cierta qué es el amor.

Una masacre: Casi 400 muertos a manos de la policía en EEUU en cinco meses

US Paramilitary police swat
Una masacre: Casi 400 muertos a manos de la policía en EEUU en cinco meses 
Washington. Al menos 385 personas murieron baleadas por la policía en Estados Unidos en los últimos cinco meses, la mitad de los casos contra minorías étnicas, reportó hoy The Washington Post.
La investigación detalla por primera vez que los ataques fatales de la policía representan más del doble de los registrados por el gobierno federal en la última década.
Jim Bueermann, exjefe de policía y presidente de la Fundación de Policía de Washington, dijo que la mayor parte de este tipo de casos no son reportados y advirtió que si no se comienzan a contabilizar de manera adecuada “nunca se reducirán”.
El reporte del periódico se presenta en momentos en que el uso de la fuerza excesiva de la policía, especialmente contra las minorías étnicas (afroamericanos o hispanos) es eje de un debate nacional y ha provocado violentos disturbios a través del país.
La investigación encontró que mientras la mitad de las víctimas eran blancos y el resto de minorías, entre los desarmados, dos tercios eran afroamericanos e hispanos.
En general, los afroamericanos fueron asesinados tres veces más en promedio que los blancos o de otras minorías.
El rango de las muertes es de entre 16 y 83 años, incluida la de Jessie Hernández de 17 años, quien fue baleada por la policía de Denver, Colorado, por supuestamente tratar de atropellar a los policías.
Otros casos documentados son, por ejemplo, el de Birmingham, Alabama en el que la policía disparó a un anciano después de que su hijo les pidió asegurarse de que estaba bien. Douglas Harris, de 77 años, abrió la puerta con una pistola.
También el caso de Miami Gardens, Florida, en el que Catalina Daniels llamó a la línea de emergencia cuando no pudo convencer a su hijo, Lavall Hall, un hombre afroamericano de 25 años, esquizofrénico, de entrar a la casa.
La policía trató de someterlo con una descarga Taser y luego le disparó para darle muerte.
Docenas de las víctimas murieron mientras trataban de huir de la policía, incluido el 20 por ciento de los que estaban desarmados, mientras que el código policial indica que el oficial debe disparar sólo cuando sienta su vida amenazada, destacó el Washington Post.
Entre los estados con una mayor tasa de este tipo de muertes se encuentran Arizona y Oklahoma. Hasta el momento sólo tres de las 385 personas muertas por la policía, han dado lugar a acusaciones de un crimen en su contra, menos del uno por ciento, destacó el cotidiano.
Editorial: EU: violencia policial y racismo
http://www.telesurtv.net/__export/1408135495212/sites/telesur/img/news/2014/08/15/vigilia_eeuu_8.jpg_1718483346.jpg
Una investigación realizada y difundida ayer por The Washington Post revela que al menos 385 personas murieron baleadas por la policía en Estados Unidos en los pasados cinco meses, lo que coloca al número de ataques fatales de agentes en más del doble de los registrados por el gobierno federal en la reciente década. De acuerdo con Jim Bueermann, ex jefe y presidente de la Fundación de Policía de Washington, la mayor parte de estos casos no son reportados.
 

El informe mencionado sale a la luz pública en momentos en que el abuso de la fuerza policial en la nación vecina, particularmente enconado en contra de las minorías étnicas (afroamericanos o latinos), se ha ubicado en el centro del debate nacional y ha provocado violentos disturbios en varias ciudades de ese país. En particular, la cifra difundida por el rotativo de la capital estadunidense pone de manifiesto el carácter sistemático de la violencia racista que caracteriza a buena parte de las corporaciones policiales del país vecino y que, en meses y años recientes, ha desembocado en homicidios que, por regla general, permanecen impunes. Como se resumió en este mismo espacio el 9 de abril, sólo durante el año pasado hubo en diversos estados una decena de homicidios policiales cuyas víctimas fueron siete negros y tres mexicanos. El caso más destacado por los medios y por las secuelas de confrontaciones violentas fue el asesinato de Michael Ferguson, de Misuri, ocurrido en agosto.
El común denominador de esos casos es que las víctimas, al momento de ser ultimadas, se encontraban inermes y no representaban una amenaza relevante para sus homicidas. Y por norma las corporaciones de seguridad pública, cuando no las autoridades municipales y estatales, buscaron encubrir y proteger a los asesinos. Es imposible, por lo demás, ignorar el patrón racista y clasista que ha operado en todos los casos, que se corresponde con una política penitenciaria que suele encarnizarse con las minorías étnicas de la nación vecina.
A pesar de la evidente crisis de derechos humanos por la que atraviesa EstadosUnidos, ni su presidente –el primer afroestadunidense en el cargo– ni su clase política parecen cobrar conciencia de la gravedad de la circunstancia. En esta violencia estructural de los cuerpos policiales en contra de los sectores marginales de la población de ese país convergen variables de índole jurídica, económica, social y, desde luego, cultural, que debieran ser atendidas y erradicadas lo más pronto posible. De no actuar en ese sentido, Washington estará alimentando el riesgo de multiplicar e incluso generalizar los brotes de violencia hasta ahora circunscritos a algunas localidades, y de propiciar escenarios de ingobernabilidad. Semejante perspectiva ahondaría el descrédito del país que se autoproclama referente y defensor de los derechos humanos a escala planetaria.

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