Blog_CubaSigueLaMarcha

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miércoles, 25 de abril de 2018

América Latina. Los países con mayor deuda externa



Estos son los países de América Latina que más dinero deben al extranjero / Resumen Latinoamericano / Sputnik
El Fondo Monetario Internacional (FMI) expresó recientemente su preocupación por el alto nivel de endeudamiento a nivel mundial, que ha alcanzado un récord histórico. Sputnik presenta cuál es la situación de la deuda externa en la región.
El nivel de deuda se ubica para 2016 en 164 billones de dólares, “el equivalente a 225% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial”. En los últimos 10 años, aumentó “marcadamente” tanto en el sector público como el privado, un hecho que según el organismo multilateral de crédito “limita la posibilidad de los gobiernos de apuntalar la economía en caso de una desaceleración o crisis financiera”.
“El mundo está un 12% más en deuda de su PIB que en el pico anterior de 2009, con China como una fuerza motora”, precisa el informe de Monitor Fiscal de abril de 2018.
El verdadero drama es el de las economías avanzadas, en parte debido a las bajas tasas de interés. Para 2017, la deuda en la zona euro estaba en el entorno del 71% del PIB; en EEUU en 82,3%; y en Japón en el 153,3%.
Estos países presentan un nivel medio de 105% del PIB, un hecho inédito desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
En América Latina en su conjunto, el endeudamiento de los Gobiernos alcanzaba al 29,4% del PIB en 2012, pero en 2017 se elevó a 43,3%. Se proyecta que para 2023 se ubique en 52,7%.
“Es importante notar que las grandes deudas y déficits limitan la habilidad de los Gobiernos de implementar ante una crisis una política fiscal fuerte, de modo de apuntalar a la economía”, indica el FMI en su informe.
“La experiencia histórica demuestra que una postura fiscal débil aumenta la profundidad y la duración de una recesión —como luego de una crisis financiera—, porque los Gobiernos no alcanzan a desplegar una política fiscal suficiente para apoyar el crecimiento”, agrega.
Por eso, “crear espacio fiscal para maniobrar es especialmente relevante”, en un contexto en el que la deuda del sector privado está en “picos históricos” y en aumento. La situación actual pone a algunos países en riesgo de un desendeudamiento “abrupto y costoso”.
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en la región  los últimos años “los datos muestran una disminución del peso del sector gubernamental y el aumento del correspondiente al sector financiero y su fuerte presencia como emisor de valores internacionales” en todo el mundo.
“En el caso de América Latina y el Caribe el sector corporativo no financiero se ha convertido en el emisor de valores más importante después del gobierno. El aumento de la participación de las economías empobrecidas en el mercado de bonos ha contribuido a aumentar su nivel de endeudamiento”, apunta la entidad.
En este panorama, Sputnik te presenta cuáles son los 10 países con más deuda externa de América Latina, tanto en el sector público como el privado. Estas cifras están basadas en el Estudio Económico de América Latina y el Caribe de la CEPAL para 2016.
1. Brasil
El gigante suramericano presenta una deuda de 321.297 millones de dólares: públicos son unos 130.274 y privados, 191.023.
2. México
La nación con mayor número de hispanohablantes del mundo debe 313.605 millones de dólares: 180.986 son del Estado y 132.619 corporativos.
3. Chile
El país andino debe 163.789 millones de dólares: 35.309 es del Estado y 128 480 de privados.
5. Argentina
La deuda es de 156.043 millones de dólares: 95.304 es pública y 60.739 privada.
6. Venezuela
Caracas debe pagar un total de 151.007 millones de dólares: 132.156 públicos y 18.852 privados.
7. Colombia
Los acreedores de Bogotá tienen 119.976 millones de dólares a cobrar: 71.308 al Estado y 48.668 a particulares.
8. Perú
La deuda de Perú es de 74.651 millones de dólares: 29.623 emitida por el Estado y 45.028 contraída por privados.
9. Ecuador
La cifra adeudada se sitúa en 34.153 millones de dólares: 25.680 estatales y 8.473 privados.
10. Costa Rica
Esta nación centroamericana tiene deuda por 26.437 millones de dólares: 10.728 son públicos y 15.709 de empresas.
  • En términos relativos, la posición cambia sustancialmente:
1. Panamá:
La deuda externa equivale al 35,5% del PIB, una cifra que ha disminuido desde el 2008, cuando se ubicaba en 38,4%.
2. Uruguay
El dinero que Montevideo debe al extranjero ha fluctuado en los últimos años entre los actuales 28% del PIB, con un mínimo de 19,6% en 2012.
3. Chile
La mayor parte de la deuda a no residentes es privada, pero en total equivale a un 25,2% del PIB, en franco crecimiento en comparación a los 7,2% de 2008.
4. Perú
Este país tiene acreedores fuera de fronteras a quienes debe un 23,2% del PIB, que ha ascendido gradualmente a partir del 8,1% de 2008.
5. El Salvador
La nación centroamericana se posiciona con 23% del PIB como pasivo ante el extranjero, también incrementada levemente cada año desde 2008 (15,8%).
6. Venezuela
Caracas aumentó su deuda a tenedores de otros países del 11,2% del PIB en 2008 a los 21,7% de 2016.
7. México
En 2008, México tenía que pagar 5,7% de su PIB al extranjero. En 2016, la cifra se ubicó en 18%.
8. Colombia
En el período 2008-2016, la deuda externa colombiana aumentó del 7% al 16% del PIB.
9. República Dominicana
En 2008, esta nación insular adeudaba 3% de su PIB. En 2016, era un 14%.
10. Costa Rica
El país adeudaba en 2016 13,6% de su PBI a acreedores en otros países. Más de dos veces el porcentaje de 2008 (5,4%).

http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/04/24/america-latina-los-paises-con-mayor-deuda-externa/


El 'factor Lula'

El Supremo Tribunal Federal de Brasil podría dejar en libertad a Lula da Silva


El factor Lula / Por Frei Betto




Es difícil encerrar a Lula. Aun detenido por la Policía Federal en Curitiba, su presencia impregna el imaginario de una parte significativa del pueblo brasileño. Es imposible ignorarlo. Y eso vale también para quien lo odia y celebra su prisión.
Brasil carece de héroes. Los pocos que trascienden el período en el que vivieron son admirados, justamente, por haber combatido las fuerzas del conservadurismo, de Zumbi a Tiradentes, de Antonio Consejero a Lampião, de Marighella a Chico Mendes, de Betinho a Marielle.
No hay manera de condenar a Lula al olvido. Varios factores excepcionles moldearon su biografía singular: la miseria familiar en Garanhuns (PE); la mudada a Sao Paulo en un camión de migrantes; el líder sindical que escapó de la cooptación de la izquierda y la derecha, y lideró las más importantes huelgas obreras de nuestra historia durante la dictadura militar; la fundación del PT; los dos mandatos presidenciales culminados con un 87% de aprobación, etc.
Aunque la justicia lo condene por corrupción, el fiel de la balanza se inclina a su favor en el imaginario popular. Por una simple razón: la justicia brasileña es lenitiva con los poderosos (aun cuando Lava Jato se esfuerce por revertir esa tendencia) y severamente cruel con los pobres acusados de pequeños delitos.
Aparte de Lula. ¿a cuántos políticos ha condenado el Supremo Tribunal Federal hasta el día de hoy? ¿Cuántos de nuestros 600 000 encarcelados tienen acceso a abogados? ¿Y a jueces? ¿Se consideran imparciales los juicios?
A los ojos de la opinión pública, los jueces pierden credibilidad al aceptar, además de un alto salario, privilegios injustificables como el subsidio a la vivienda y a la alimentación.
De poco más de doce mil jueces de primera y segunda instancias del estado de Sao Paulo, solo 168 se niegan a aceptar esas regalías (información brindada por un juez de segunda instancia).
Hoy Brasil es una nave sin rumbo. Nuestro futuro es imprevisible. Su signo se decidirá en octubre, con el resultado de la elección presidencial. Y sea cual fuere el resultado, la nación no se apaciguará. Nuestras divergencias no se ubican en el nivel de las ideas, sino en el de la esfera social, donde las disparidades de renta son escandalosas. La opulencia de la Casa Grande no logra ocultar la miseria que multiplica los cuerpos tendidos en las calles y que nutre el caldo de la cultura de la violencia urbana y rural.
Mientras no haya un gobierno que haga del Estado un promotor del desarrollo social, adoptando políticas que combatan las causas de las desigualdades, Brasil no superará su actual etapa de sebastianismo.[1] Porque es innegable que Lula presidente dio pasos significativos en dirección a una justicia y una inclusión social mayores.

La mentira universal: El regreso de Hitler


La mentira universal: El regreso de Hitler / Por Stella Calloni              

Los bombardeos contra supuestos laboratorios y depósitos de armas químicas en Siria que dispuso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llevó la situación a un punto límite actuando fuera de toda legalidad internacional.

Lo manifestó con un lenguaje sólo comparable con los anuncios apocalípticos y cínicos de Adolf Hitler, advirtiendo que iban a lanzar unos ‘bonitos misiles’ contra el pueblo sirio, como hicieron con Gran Bretaña, Israel (la sombra detrás de todas estas intervenciones) y Francia.

No existen armas químicas en Siria ni jamás hubo una guerra civil, como no existían armas de destrucción masiva en Iraq. Muamar el Gadafi nunca había bombardeado al pueblo libio, no existieron las primaveras árabes como tales, y los talibanes, Al Qaeda en Afganistán y el ISIS (Estado Islámico), un ejército de mercenarios de 80 países del mundo, fueron creaciones de los servicios de inteligencia de este cuarteto de la muerte, con la ayuda de Arabia Saudita.
La llamada Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), North Atlantic Treaty Organization (NATO, en inglés), en 1949 fue también una creación de los servicios de inteligencia estadounidenses y británicos, supuestamente para ‘defender’ a Europa de Rusia cuando este país apenas comenzaba a recuperarse de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial contra la Alemania nazi.
La guerra contra Hitler en realidad ya estaba ganada por Rusia al costo de 20 millones de muertos en su país, cuando cayeron los ‘aliados’ casi al final para recoger los aplausos.
Esto para comprender desde cuándo viene la mentira universal.
En el caso sirio, increíblemente la comisión de expertos estaba viajando para recoger pruebas sobre el supuesto uso de armas químicas por el gobierno de Bashar Al Assad contra su pueblo, cuando se decidió el bombardeo, que se efectuó en la madrugada del 14 de abril.
La respuesta del ejército sirio desconcertó a muchos, al lograr destruir al dos tercios de los misiles lanzados por el enemigo…
Antes de esta situación, los terroristas mercenarios dirigidos y armados por la OTAN, siempre aduciendo que iban ya sea a instaurar las democracias, o por razones humanitarias, estaban siendo derrotados en todas sus líneas y miles de sirios retornaban a sus pueblos arrasados por las hordas criminales y aclamaban al ejército de su país.
¿Quién podría engañarse de que existen invasiones democráticas o humanitarias, que hasta ahora han producido varios genocidios y una estampida de desesperados pueblos atacados, los cuales vivían en paz, a los que los mismos que los bombardean y destruyen sus casas, les cierran las puertas para no refugiarlos?
Nunca habíamos visto un uso tan despiadado de la mentira, la guerra psicológica, ni la aparición de tantos Joseph Goebbels, superado largamente por los fascistas de estos tiempos de terror.
Aún está vivo en la memoria lo sucedido en la Segunda Guerra Mundial, cuando estamos tratando de recoger las historias del horror cada día ante un terrorismo de características tan brutales como los ‘ejércitos secretos’ creados por la OTAN en los años 60 utilizando torturadores nazis, fascistas italianos y de otros orígenes, lo que denunciaron investigadores como el suizo Daniele Ganser, documentadamente.
A este terror universal nos estamos enfrentando. Los cuatro jinetes del apocalipsis cabalgan sobre la guerra sicológica y mediática. Gran Bretaña ha estado y está en todos los frentes. Los rostros de Trump y de la nueva dama de hierro que quiere ser Theresa May, tratando de convencernos de que estaban salvando al pueblo sirio.
Fue en Londres y París donde se creó el falso Ejército Sirio Libre, con agentes de inteligencia de esos orígenes, trabajando para Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia y mercenarios contratados por Arabia Saudita.
El llamado Observatorio Sirio de Derechos Humanos que funciona en los fondos de un bar londinense, es manejado por dos agentes -un estadounidense y un británico-, como se ha demostrado.
Persiguiendo a los terroristas del ISIS que de islámico sólo tienen el nombre, el ejército sirio detuvo a oficiales británicos, israelíes, estadounidenses, franceses.
Expertos israelíes, críticos del gobierno fundamentalista de su país y de los crímenes de exterminio contra el pueblo palestino, denunciaron que los heridos terroristas del ISIS eran llevados a hospitales de Tel Aviv donde se reponían para volver a sus frentes de guerra ilegales.
Lo que hicieron en Libia, el país que tenía el más alto nivel de vida de África del Norte, ocultado por la prensa criminal -no hay otro nombre para esto- es terrorífico.
Las torturas aplicadas en los países invadidos, las violaciones, el asesinato de pueblos enteros en forma atroz, de niños, como en el caso de Libia de donde los mercenarios se llevaron huérfanos que estaban protegidos en un hogar, víctimas de las guerras y la extrema pobreza en la región, en un barco sin destino, nadie sabe adónde.
Reconstruir la historia de estas invasiones, de la crueldad y la destrucción incluso de lugares históricos, patrimonios de la humanidad, será la tarea de generaciones y organismos humanitarios verdaderamente independientes de los poderes fácticos.
Cuanto esto se conozca, un manto de vergüenza y dolor nos embargará a todos, y especialmente a los que fueron culpables por acompañamiento, indiferencia o silencio. Fueron genocidios, verdaderos holocaustos del siglo XXI hasta ahora silenciados.
El pasado 9 de abril, cuando el representante permanente de Siria, Bashar Al Jaafari, comenzó a hablar sobre la situación de su país ante el Consejo de Seguridad de la ONU durante una reunión solicitada en forma urgente por EE.UU., Gran Bretaña y Francia, debió soportar el abandono de la sala de su par norteamericano.
Al Jaafari denunció que este encuentro a solicitud de los tres países, ‘intentaba proteger a los terroristas’ que asolaron su país bajo el control de la OTAN. Denunció que este escenario estaba siendo preparado por Washington desde hace tiempo.
Y por otra parte fue evidente que ante la derrota de los mercenarios, los jinetes del apocalipsis no podían conformarse ya que su objetivo es tomarse Siria para continuar con Líbano e Irán y muchos otros países en el mundo.
Ayudados por los cada vez más desprestigiados ‘cascos blancos’ filmaron una película, como lo hizo en su momento Qatar en cuyo territorio se filmó y se mostró la supuesta toma de la Plaza Verde de Trípoli, Libia, mucho antes de que esto sucediera. Ahora lo hicieron usando niños y mujeres supuestamente afectados por armas químicas.
También como en Libia, especialistas en propaganda de guerra y fotógrafos advirtieron que así como en Qatar se filmó anticipadamente la supuesta toma de la plaza en Libia con actores contratados, la filmación de los cascos blancos era otra puesta en escena similar.
En el caso sirio, los cascos blancos fueron denunciados y especialmente porque las supuestas víctimas eran sólo niños y mujeres, y ningún hombre y otros detalles que llevaron a advertir sobre la falsificación informativa.
El embajador sirio además de sostener que su país no tiene armamentos químicos, advirtió que los representantes de esos tres países llamaban régimen a un gobierno elegido y sostenido por el pueblo, sin el cual el ejército sirio no hubiera podido resistir tanto tiempo (más de siete años) a la cruel invasión.
‘Digo a EE.UU., a Francia y al Reino Unido que hemos derrotado al Daesh (Isis o Estado Islámico) en 3 años, no en 30. Le digo a Arabia Saudita que derrotamos a su brazo terrorista (Jeish Al Islam) en Ghouta. Le digo a Qatar y a Turquía que hemos derrotado a sus organizaciones terroristas Failaq Arrahman y el Frente Al-Nusra en Ghouta Oriental’ dijo el embajador, además de condenar a Israel por los bombardeos contra su país, de los que nadie habla.
Una vez más la mentira universal se utiliza para justificar lo injustificable, como es un bombardeo con ‘bonitos misiles’ para destruir un centro científico, que nada tenía que ver con armas químicas, y otros lugares.
En los años 80 cuando sucedía la guerra terrorista de Estados Unidos contra Nicaragua, la Secretaría de Defensa norteamericana argumentaba que debían actuar porque habían detectado galpones con armas que los sandinistas mandaban a la guerrilla salvadoreña.
En los galpones marcados se almacenaban los alimentos donados por diversos países del mundo para distribuir en el pueblo nicaragüense, como se demostró fehacientemente.
Pero los miles de muertos bajo el fuego terrorista y los ataques brutales a aldeas del país centroamericano, producidos por los mercenarios de la ‘contra’ que la CIA estadounidense enviaba desde Honduras, regaban de tumbas el territorio de Nicaragua.
Lo que además se juega detrás de los ataques a Siria es el gran objetivo que significa Rusia, cuya presencia fue solicitada por el gobierno sirio. Algo muy distinto a la acción de los ‘aliados’, que se ocupaban en mantener armados y alimentados a los mercenarios y a sus grupos de tropas especiales que los dirigían.
Nunca se había visto un ejército de supuestas fuerzas rebeldes armado con misiles, armas de guerra de todo tipo y de alta tecnología, bombas, tanques.
Durante todos los ataques y bombardeos tanto estadounidenses como israelís, se trataba de destruir la infraestructura siria y apoderarse de las zonas petroleras, como se hizo en Libia desde el principio de la invasión en 2011.
Como ya no tiene salidas el capitalismo salvaje, arrastra a sus socios europeos, en realidad obedientes gobiernos que se comportan como establecimientos coloniales bajo el mandato de los amos.
Su objetivo es la depredación, la muerte y la dominación. El Gran Israel soñado o el Medio Oriente ampliado, bajo mandato israelí, necesita de territorios cuasi vacíos.
Por esa razón, si alguien quiere conmover los corazones fascistas del ‘civilizado’ occidente, señalando los crímenes cometidos y los millones de víctimas, deben saber que es un salto al vacío.
El plan de apoderase de la región ya estaba cerrado desde 2001, poco después de los ‘ataques terroristas’ nunca aclarados sobre las Torres Gemelas, como lo denunció el general r. Wesley Clark, quien estuvo al frente del Comando Supremo de la OTAN en la guerra de Kosovo y de los ataques contra Yugoslavia.
En 2007, en entrevista con Democracy Now, Clark sostuvo que el plan de Washington preveía invadir o controlar Iraq, Libia, Siria, Líbano, Somalia, Sudán e Irán.
Esto llevaría a que importantes académicos e investigadores anticiparan desde hace tiempo los siniestros e ilegales planes de la elite del terror para controlar y advertían sobre todas las ilegalidades a las que se podría recurrir para argumentar sus acciones, como los atentados de falsa bandera, hoy a la orden del día o falsas denuncias como lo están haciendo en Siria y como el caso del espía ruso en Londres, una pobre novela policial.
En las últimas décadas Estados Unidos y sus asociados han ampliado los planes y el número de países que engrosaron la lista de ataques previsibles. Aunque la aparición de la poderosa Federación Rusa y la China actual a lo que podríamos agregar las advertencias norcoreanas y otras, han desatado la paranoia.
Y más aún en el caso de un presidente como Trump, entrampado en sus propios límites, el poderoso lobby judío, las industrias militares, el grupo Bilderberg y su analfabetismo político, que lo hace más peligroso cada día.
La solidaridad con el pueblo sirio es imprescindible como expresión de los pueblos determinados a no sucumbir bajo los ‘goebbles’ del nazismo y los ‘nerones’ como el que incendió a Roma, que ya han comenzado a incendiarse bajo sus propios fuegos.
*Prestigiosa intelectual y periodista argentina, colaboradora de Prensa Latina.

Siete coincidencias entre las protestas violentas en Nicaragua y Venezuela (2 artículos)


Son varias las coincidencias entre la escalada violenta que se ha llevado a cabo en Nicaragua durante los últimos días y las guarimbas organizadas por el antichavismo tanto en 2014 como en 2017. No sólo se trata de quiénes financian estas operaciones, sino del modo de operar tanto en la calle como en medios y redes sociales. A continuación siete comparaciones que así lo confirman.


1. Armamento no convencional. El uso de armas artesanales para enfrentar a los cuerpos de seguridad busca crear una línea difusa entre la protesta pacífica y las tácticas de subversión y guerra urbana, esto para que ocurran las muertes que luego serán endosadas al gobierno, en el marco de un expediente sobre “violación de derechos humanos”.
Metras, morteros, cohetones, entre otros implementos, son utilizados por los grupos mercenarios de choque en Venezuela y causaron daños como a Adrián Duque, Armando Cañizalez, César Pereira, Diego Arellano, Miguel Castillo, Roberto Durán y Yeison Mora, quienes murieron impactados por esferas metálicas o metras desde el mismo lado de las manifestaciones. También Andrés Uzcátegui, Nelson Arévalo Avendaño, Neomar Lander y Engelberth Duque Chacón, murieron manipulando explosivos artesanales.
Durante las protestas violentas en Nicaragua los grupos armados que asumen la vanguardia utilizan artefactos similares.
Para evitar la confusión por lo parecido de las imágenes, la primera foto corresponde a Venezuela y la segunda a Nicaragua.
2. Campañas de rumores. Informaciones no confirmadas son generadas por operadores de guerra psicológica que utilizan las redes sociales como amplificadoras para crear zozobra y pánico en la población. En medio de las protestas en Venezuela el año pasado, algunos dirigentes opositores encabezaron una campaña de rumor para vincular al Gobierno venezolano con el supuesto uso de armas químicas, esto con el objetivo de atraer la atención de los medios internacionales y generar terror en la opinión pública. Para ese entonces, en el otro lado del Atlántico se acusaba al gobierno de Siria de llevar a cabo un ataque químico, tiempo después se confirmó que el supuesto ataque fue un montaje para justificar una campaña de bombardeos de EEUU sobre el país árabe.
Tratando de emular ese mismo sentido de oportunidad, en Nicaragua fue empleado el recurso del rumor para vincular al gobierno con el uso de armas químicas, una mentira que, aunque se cayó, fue útil a la oxigenación de la violencia vía redes sociales.
3. Manipulación de cifras de muertos. Los fallecidos durante los eventos violentos son informados sin explicación ni especificación alguna, por lo que, como en Venezuela, se culpa desde los medios al Gobierno o a “colectivos armados”. Con esta táctica en el uso de medios, se elabora el expediente que podría permitir la intervención o el golpe de Estado, según las circunstancias. Medios como ABChan lanzado una cifra de muertos que ni los mismos medios locales pueden confirmar. Como hemos visto en la “coincidencia” anterior, estas estimaciones han sido puestas a rodar por operadores de larga experiencia en la guerra informativa contra Venezuela.
En Nicaragua los medios internacionales se hacen coro de “informes” fantasmales que colocan la cifra de muertes por encima de los 20, no pudiendo afirmar si están confirmadas o no.
Aplicando la misma maniobra desinformativa, se intentó ocultar que en 2017 murieron en Venezuela, por ejemplo, 25 personas que transitaban cerca de alguna manifestación pero que no participaban directamente. Casos como los de Almelina Carrilo (Caracas) o Paola Ramírez (Táchira), asesinatos cometidos por manifestantes opositores, fueron utilizados como detonantes mediáticos para intensificar la violencia al responsabilizar al Gobierno sin que los casos se resolvieran judicialmente.
4. Saqueos y daños a la propiedad pública y privada. Los grupos armados en Nicaragua han saqueado varios locales de electrodomésticos y hasta de motocicletas en algunos lugares de Nicaragua, además han causado daños en instalaciones estatales, como hospitales e instituciones educativas. El perfil de la violencia ha sido profesional y focalizado no sólo en infraestructuras de servicios clave para la vida cotidiana de la población, sino en símbolos e instituciones del poder del Estado.
En el municipio Chacao, estado Miranda de Venezuela, ocurrieron hechos similares cuando grupos de choque financiados por el antichavismo incendiaron y atacaron edificaciones públicas como la Dirección Ejecutiva de la Magistratura del Tribunal Supremo de Justicia. Este es sólo un pequeño ejemplo entre la quema de unidades de transporte público, bibliotecas y hospitales durante 2017.
5. Uso de francotiradores. En Venezuela se llevaron a cabo muertes selectivas empleando el uso de francotiradores, mediante disparos certeros fueron asesinados el sargento Niumar Sanclemente (Miranda) y el efectivo de la Policía de Carabobo Jorge Escandón. También Jesús Leonardo Sulbarán y Luis Alberto Márquez, trabajadores de la gobernación de Mérida, recibieron disparos desde varios edificios en ese estado.
El periodista Ángel Gahona, de un canal de televisión estatal, fue asesinado la noche del sábado mientras transmitía por Facebook Live los hechos que ocurrían en la Alcaldía de Bluefields, Nicaragua. Iba caminando detrás de las fuerzas policiales y un disparo le destrozó la cabeza frente a decenas de personas. Desde el 11 de abril de 2001, pasando por el Euromaidán hasta Nicaragua, los francotiradores han sido un recurso recurrente en las operaciones golpistas agenciadas desde EEUU.
6. Uso de influencers del mundo de la farándula. Instrumentar la sensibilidad de personas ligadas a la industria del entretenimiento es un exitoso recurso de propaganda para alcanzar apoyos a las jornadas de violencia en estratos cada vez más amplios de la opinión pública. Este catalizador no deja de ser útil para este tipo de operaciones, en el caso venezolano sobraron personajes de la farándula manifestando su parcialidad en contra del chavismo.
En Nicaragua este recurso también ha sido aplicado mediante referentes musicales internacionales, la Miss Nicaragua 2018 Adriana Paniagua y otros personajes de la industria del entretenimiento local.
7. Símbolos y glorificación de la muerte. Las listas de fallecidos pintadas con tizas sobre el pavimento que se utilizan en Nicaragua son similares a las escritas en Venezuela durante las guarimbas de 2017, esto con el propósito de ocultar las causas de cada caso y trasladar los costros humanos de la violencia al gobierno. Aun cuando entre los fallecidos, tanto en Venezuela como en Nicaragua, hay miembros de cuerpos de seguridad, estudiantes, trabajadores y activistas políticos, es importante para el despliegue mediático engrosar listas falsas y otorgarle una estética de “lucha no violenta”, la cual al ser reconocida internacionalmente, vacía de todo significado local esas muertes transformándolas en productos de consumo.

Bonus track

Otras coincidencias hacen parte de este dispositivo que se ha activado en Nicaragua, ellas son: el apoyo del clero católico a los “manifestantes”, la “preocupación” del gobierno de los EEUU, la contratación de delincuentes en las protestas y la continua justificación y patrocinio de ONGs, medios de comunicación y élites empresariales promovidos por Washington a través de sus mecanismos de poder blando.



Y para finalizar la concidencia política, de fondo: ninguna de las dos naciones atacadas están alineadas geopolíticamente con EEUU, el gran promotor global de estos métodos de golpe de Estado.
Fuentes:

Los aspectos clave de la revolución de colores en curso en Nicaragua

Ya son varios días de manifestaciones violentas en la nación centroamericana.


Tanto el perfil del mensaje político como el comportamiento de los medios, además del empleo de métodos insurreccionales de protesta y por la propia historia de un país ocupado e intervenido por Estados Unidos en distintas oportunidades, indican que estamos en la presencia de un nuevo intento de cambio de régimen bajo el formato de revolución de colores. 

Con respecto a los objetivos y su pragmática global, nada nuevo.

Socavar la paz de Nicaragua y fabricar las condiciones internas para una etapa de acoso geopolítico, se dibujan como los propósitos inmediatos de la operación.

Insurgencia 2.0

Roberto López, presidente del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, anunció el lunes 16 de abril una serie de reformas con el fin de aumentar los aportes de trabajadores y empleadores a la seguridad social; también informó sobre la creación de un tributo especial a las pensiones del 5%.

El Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) fue la primera organización de peso en rechazar los anuncios debido a que generaba “incertidumbre” y limitaba la creación de empleos por parte del sector privado.

Que específicamente este sector haya sido el primer doliente debería decirnos bastante sobre el cuerpo de “demandas” e intereses que inicialmente promovieron las manifestaciones. Un evidente ejercicio de solidaridad de clase. 

El país todavía hasta ese día estaba en calma total.

Al día siguiente de la información de las reformas surgió una cuenta en Twitter llamada #SOSINSS, el nombre en sí genera dudas sobre la razón particular de vincular la señal internacional de socorro (recurso operativo típico de las revoluciones de colores en redes sociales) con el Instituto de Seguridad Social.

 Su propio curso de acciones disiparía todas las sospechas 24 horas después.


En principio moldearon el sentido político que promovería la agitación. 

Las publicaciones iniciales construían una narrativa de cohesión ciudadana frente a las reformas, que por medio de un tratamiento selectivo de los impactos, se colocaba en aparente confrontación con el Estado, razón por la cual tenía un sorpresivo sentido de urgencia salir a protestar. 

 Este relato configuró un esquema de apoyo público inicial en los sectores medios y bajos a los intereses de la clase empresarial que luego se ampliaría hacia los medios locales (El Confidencial, La Prensa, entre otros) y los internacionales (Reuters, BBC, El País, etc.). 

 Después saltaron a instrumento de movilización y convocatoria. 

Apartando cualquier responsabilidad, se volcaron como medios de difusión y convocatorias de “plantones” en edificios gubernamentales, y en específico en las sedes del INSS, los cuales se transformarían en los puntos de partida de un violencia callejera en ascenso. 

Ahora sí se entendía el uso propagandístico del #SOS. 

Los conatos de protesta iniciaban y la violencia escalada rápida pero focalmente.

El uso de esta cuenta parece haberle permitido a agitadores profesionales y sus nexos con capas de la criminalidad operar con flexibilidad en el terreno, suprimir la identificación con algún frente político ligado con la oposición nicaragüense y por ende con Estados Unidos, y camuflar bajo el ropaje de una acción ciudadana acciones de violencia extrema contra centros de salud, sedes de patrimonio cultural, centros de acopio y sitios gubernamentales. 

Ya el jueves y el viernes, el país estaba en tensión y trifulcas callejeras.

Los “plantones” no sólo fueron expandiéndose hacia varios puntos de la geografía nacional (en 8 departamentos aproximadamente), sino que fueron mutando progresivamente a cúmulos de violencia extrema donde resalta el uso de armas de fuego no convencionales para intensificar el choque con las fuerzas de seguridad, la alteración de la tranquilidad pública y la vialidad y el ataque armado contra distintos espacios públicos y la ejecución de saqueos a comercios.

La cuenta #SOSINSS, que ya había cumplido su papel como articulador de las protestas y convocante de primera línea en redes sociales, cambió su orden de prioridad hacia el control y direccionamiento del flujo informativo alrededor de los choques. 

Esto con el fin de glorificar la violencia, situar como víctimas a los actores que protagonizaban los choques con la fuerza pública y servir de fuente primaria para la prensa internacional, un aspecto fundamental en la posterior cartelización de cifras manipuladas en torno a los hechos. 

Protestas marca USAID, criminalidad y el discurso del cambio de régimen Como parte de la cartilla globalizada que describe una revolución de colores, las protestas en apariencia han sido ciudadanas, protagonizadas por los jóvenes y los sectores de la iglesia católica, antipolíticas (sin nexos con partidos tradicionales) y en principio con fines reivindicativos. 

Lo que empezó con algunas manifestaciones dispersas en rechazo a las reformas del INSS, adquirió un esqueleto de movimiento ciudadano con vocación al choque callejero y la violencia armada, la clásica mutación de las revoluciones de color en busca de lograr mayores grados de confrontación que debiliten al Estado y lo coloquen en una situación defensiva. 

En lo narrativo parece estar la intención de configurar un frente político (posmoderno) donde puedan articularse un conjunto de “demandas” gremiales prefabricadas por la USAID, lo que a su vez contribuye a reflotar la imagen de la oposición ampliando su base de apoyo político hacia “la juventud” y los “descontentos”. 

Es por esa razón que las protestas tienen un corte juvenil y universitario, son los extras que necesitan para desviar la atención de los grupos armados que inflingen los ataques más graves.

Porque el signo USAID en este nuevo intento de cambio de régimen en Nicaragua no sólo está en el profuso financiamiento que entrega a organizaciones políticas opositoras y ONGs locales, fondos que pudieron tener como destino probable el adiestramiento en tácticas de subversión y guerra urbana. Un total de 31 millones de dólares entregadosnada más en 2016 han recibido bajo la cobertura de “Desarrollar las capacidades para la defensa de la sociedad civil”.

Eslogan que puede ser útil para promocionar foros y actividades académicas, pero también para dar asesoramiento en cómo enfrentar a las fuerzas de seguridad y hacer uso de bandas criminales con una presencia notoria en el país.

Este aspecto representa la porción más grande del financiamiento a estas organizaciones gestionado por la USAID en Nicaragua. Esta institución resalta públicamente que el dinero entregado tiene como finalidad desarrollar la gobernanza civil utilizando los medios de comunicación en el país centroamericano.

En nota del 16 de abril el portal Nicaleaks le daba rostro, nombre y apellido a los organizaciones financiadas que promovieron la violencia en las calles: “Esta mañana, los dirigentes de las ONG opositoras, como el Cenidh, CPDH, Fundación Violeta Barrios de Chamorro y Hagamos Democracia, entre otros, así como grupos políticos (FAD, MRS, etc,.) y medios de comunicación como la misma Prensa y Confidencial, amanecieron con los brazos y bolsillos abiertos en espera que la USAID siga destinando dinero para eternizar el estatus de vida que llevan”.

En esa exposición de motivos se ubica la sustancia política marca USAID en el curso de las protestas violentas. Muestra de ello es el Departamento de Estado de EEUU, que para mantener un clima de tensión permanente en las relaciones de EEUU con Nicaragua, emplea una narrativa de promoción de la libertad de expresión, la democracia y de mayor participación de la sociedad civil como condiciones “naturales” que deben imperar, animando claramente a la oposición a socavar el gobierno de Ortega mediante el uso de los medios de comunicación y con manifestaciones violentas. La utilidad práctica de la “gobernanza” a la que se refiere la USAID.

Como si se tratara de una imagen pasando por una fotocopiadora, los primeros “plantones” que rechazaban las reformas del INSS mutaron hacia un movimiento insurreccional que justifica su existencia en las mismas demandas del Departamento de Estado, agregando por supuesto la agenda “anticorrupción” y la ausencia de libertad de expresión, que también provienen de la oferta de productos políticos de la USAID. De un reclamo en apariencia reivindicativo, la razón política de la movilización se trasladó hacia exigencias de cambio político.

Y es que detrás de esa neolengua presentada como escala de valores indispensable para cualquier sociedad (la democracia liberal, la libertad de expresión, etc.), que pasa por encima del contexto cultural y político de cada país, se camuflan los nuevos atributos del poder global: la ampliación de la zona de control y sometimiento sobre el cuerpo social, político, económico e institucional de la periferia, mediante el uso de estructuras privadas (ONGs, medios de comunicación, programas de cooperación económica privada, etc.) que pujen por subordinar desde adentro al Estado y a la sociedad a las preferencias del capital financiero transnacional.

Lo que llaman el poder “blando”.

Geopolítica: Canal Interoceánico, la Nica Act acelera los motores y el poder del “poder blando”

A diferencia de las protestas también violentas del año 2015, dirigidas a simular un escenario de rechazo generalizado al Canal Interoceánico, éstas de 2018 reflejan un cambio de naturaleza por un lado, y por otro, los frutos tangibles de los últimos años de financiamiento de la USAID: el adiestramiento y proliferación de los medios y las redes sociales en Nicaragua fueron armas utilizadas para alterar la estabilidad política del país, quizás por primera vez con ese nivel de eficacia, capacidad y resonancia.





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Los insólitos rumores en las redes sociales incluyen el uso de armas químicas, un ultimátum de violación colectiva después de la medianoche y la liberación de presos para atacar a manifestantes

En aquel momento fue el Movimiento de Renovación Sandinista, que buscaba perfilarse como una opción electoral seria para la oposición, la cara visible que organizó parte de las movilizaciones y asumió una pronunciada direccionalidad política.

 Una realidad totalmente contraria a la luz de un movimiento de laboratorio que emergió de las redes sociales, que se organizó en la calle con agitadores con conexiones no visibles, adquirió un barniz juvenil y encontró su propia forma de oxigenarse empleando rumores y operaciones de propaganda para ablandar a las fuerzas de seguridad e inducir mayor inestabilidad. 

 Es así como se han agregado expresiones musicales juveniles y frentes de estudiantes universitarios como vanguardia ideológica y moral, y sobre todo como coberturas gremiales, de la operación de cambio de régimen.

Sensibilizar a la opinión pública y utilizar las redes sociales para glorificar la violencia, toda vez que en el terreno los agentes criminales hacen el trabajo sucio, forma parte del manual global de las revoluciones de color. Nada nuevo, salvo la adaptación de sus fines en lo local. En tanto método de laboratorio, sus objetivos son múltiples y no caminan siempre en una dirección lineal, sino adaptados a las condiciones y límites del Estado-víctima. Es por eso que las manifestaciones violentas no parecen tener un objetivo final en sí mismo, más bien podrían apuntar a generar condiciones de inestabilidad y “rechazo” interno con la suficiente resonancia para impulsar una operación de acoso geopolítico. 

 Por esa razón han concurrido a respaldar el choque violento en las calles y a tildar como “violenta” la contención de las manifestaciones, ONGs de la talla (por su presupuesto en dólares proveniente de EEUU, nada más) de Amnistía Internacional, de Human Rights Watch, ambas escoltadas por la Secretaría General de la OEA, la Unión Europea y los gobiernos de EUU y Costa Rica. Por medio de esa persuasión se intenta estandarizar el tratamiento en torno a los choques callejeros, negando las propias coordenadas de la personalidad nicaragüense que asume la política con varios decibeles de intensidad, a su vez que glorifica como víctimas a los instigadores que dirigieron las manifestaciones a la violencia profesional. 

 Es probable que esta maniobra interna pueda servirle al Senado de los EEUU para acelerar la aprobación de la Nica Act, una ley dirigida a cerrar los canales de financiamiento del país en el sistema financiero internacional dominado por Washington. 

Según sus promotores, los senadores Marco Rubio, Bob Menendez, entre otros, la razón de su aplicación es la falta de elecciones libres, violaciones a la Ley, los derechos humanos y la corrupción del gobierno nicaragüense. 

 Ahora la oficialización del bloqueo financiero contra el país centroamericano podría venir bajo la excusa de defender a los manifestantes o para evitar una “mayor represión” por parte del sandinismo, haciendo uso de la ventaja comparativa que le da tener a la USAID como acto reflejo de la “sociedad civil” en “defensa de la democracia”. “No voy a dejar de defender la democracia, eso es parte de nuestra política y seguirá siendo parte de nuestra política”: apoyándose esa misma premisa el embajador gringo Paul Trivelli se justificaba ante la prensa cuando, en 2006, ofrecía públicamente millones de dólares a todas las organizaciones que buscaran hacerle oposición, electoral o no, al gobierno de Daniel Ortega. 

 La capa fundamental de este nuevo intento de cambio de régimen en Nicaragua parece estar atravesado por una condición inalterable y sumamente conflictiva: su ubicación geográfica y el interés binacional entre Nicaragua y China por construir un Canal Interoceánico de 270 kilómetros que desplace al de Panamá como única arteria comercial entre los dos océanos. 

 La culminación y entrada en funcionamiento de este mega proyecto en el mediano plazo significaría una pérdida tangible en el control financiero y comercial de EEUU, lo que tendría implicaciones tanto en su posición de dominio sobre la región, como también en su estatus de rector comercial a nivel mundial, justo cuando emprende una guerra financiera de larga duración contra China. Lo que se está jugando EEUU en Nicaragua es fundamentalmente la ventaja geoestratégica que desde principios de siglo XX le ha dado el Canal de Panamá. 

Y la urgencia geopolítica por impedir que el proyecto avance tiene su medida en el financiamiento entregado a la oposición durtante años y la sobredosis de violencia armada en los últimos días. Es indispensable para ellos un cambio de gobierno en Nicaragua para colocar una nueva administración que desista del Canal Interoceánico. No en balde uno de los ganchos narrativos de las manifestaciones es la oposición férrea al proyecto, un aval político prefabricado pero no por eso menos útil para que la Nica Act cierre los grifos de financiamiento hacia el Canal. 

 Lo atestiguamos en la Primavera Árabe, durante el Maidán ucraniano, en el marco de la protestas en Brasil, y en 2014 y 2017 específicamente en Venezuela: las operaciones de cambio de régimen no culminan cuando lo hacen las protestas, sino que mutan y asimilan un conjunto de frentes que le dan una continuidad más agresiva desde el poder formal. 

 Lo ocurrido en los últimos días puede ser instrumentado para dar forma a sanciones económicas, complicar el posicionamiento diplomático del país y desmovilizar los objetivos políticos prioritarios del gobierno de Daniel Ortega mediante el acoso foráneo. 

Y ese es el cálculo inicial de fabricar una primavera a la nicaragüense adaptada a las capas de criminalidad y crimen organizado que tienen vida en el país y que pueden ser empleados si la agenda política propuesta se presenta como rentable. Habla también de esa capacidad de adaptación el rol de agitadores en el terreno que han tenido sectores de la iglesia católica. 

 Mientras esta etapa germinal va agarrando una tonalidad más sobresaliente, los medios locales e internacionales ya cometieron sus respectivos crímenes elevando la cifra de muertes a 10, cuando en realidad murieron cinco -entre ellos un efectivo policial y el periodista del Canal 6, Ángel Gahona- para luego trasladar la responsabilidad de todos los hechos al gobierno de Daniel Ortega mientras se finge demencia por los daños humanos y materiales generados por los grupos violentos.

 Ninguna de las víctimas participaba en las protestas. La fábrica globalizada de fake news se pone a prueba en Nicaragua y al servicio de grupos armados profesionales que ejecutan actos de violencia extrema. 

Y la siguiente maniobra de los medios está en pleno desarrollo: crear un mártir que evite una desmovilización de la violencia y otorgue una carga simbólica para mantener la agenda a flote en caso de un reflujo. 

Pareciera que Ángel Gahona cumple con las características necesarias en medio de la urgencia por una muerte política que le dé cuerpo físico a la confrontación.
La clase empresarial por su parte hace suya la violencia en las calles y opera en función de lograr una concesión del gobierno que luego sea vendida como una “victoria del pueblo”. 

Esto nos deja una fotografía lo bastante nítida para describir la técnica política del golpe blando y/o revolución de colores. Parafraseando: no se busca la caída del régimen por métodos directos, sino a partir del uso de las herramientas culturales, tecnológicas y políticas de la globalización, así como su propio discurso reinvindicativo, para provocar un cambio político que no tenga las huellas de un poder extranjero. 

 Lo sabemos en Venezuela, donde una exigencia reivindicativa (“referendo revocatorio”, “elecciones generales”, etc.) es utilizada como una demanda inalcanzable, pues todo se trata de encubrir bajo un reclamo vestido de ciudadano una agenda de violencia interna y cerco internacional y financiero promovida por Washington. Desde el año 2002.

“Un Estado y una política que no los deja constituirse como ciudadanos y un mercado que no les permite realizarse como consumidores (…) y si pudieran emigrar para mejorar sus condiciones de vida, lo harían”: esto dice una nota publicada en el medio local El Confidencial, quien ha intentado manufacturar un carácter juvenil de las protestas. 

Más que una acotación al aire, es quizás una demostración de que la política marca USAIDtiene una capa social dónde calar culturalmente, pues cobran políticamente las crisis existenciales de la juventud emergente y globalizada, únicamente preocupada por el desarrollo de su “talento individual”, y acomodarse en un lugar de “éxito” dentro de la sociedad de consumo global.

Es la vía del poder blando por donde avanzan los rasgos más distintivos de la destrucción de la conciencia nacional, de su cuerpo social y ético, el sandinismo y el chavismo bajo la misma zona de peligro en lo cultural.

Otro desagradable guiño con Venezuela, por cierto, donde la base opositora (centrada en la clase media) que también fue víctima de la revolución de colores, hoy se debate entre irse del país, pedir una intervención extranjera a gritos o frustrarse a sí misma absteniéndose en las próximas elecciones presidenciales. 

Todo ese peso mientras siente en carne viva los daños económicos de la agenda posterior que resultó de las convocatorias de movilización y “plantones” que ella respaldó.

Traumas sociales que quedan sin resolver, toda vez que también sirve un activo político para un poder global igual de demente.

El porcentaje de poblaciones de acceso a Internet en el país centroamericano roza apenas el 19%; quedará esperar a ver si más allá de las redes sociales la grieta que dibujan los medios es tal, o si su alcance ya es suficiente para que opere el poder que de verdad financió la violencia.