Blog_CubaSigueLaMarcha

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viernes, 28 de agosto de 2015

Detrás del telón

Detrás del telón 

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Por Arthur González/El Heraldo Cubano.- Cuando existe voluntad política los mayores obstáculos se pueden resolver, así sucedió entre Estados Unidos y Cuba después de medio siglo de una guerra sucia para intentar derrocar el socialismo en la isla.
Múltiples fueron los mensajes enviados por el gobierno revolucionario encabezado por Fidel Castro, a los presidentes estadounidenses, desde que el 17/08/1961 el Comandante Ernesto Che Guevara, sostuviera un discreto encuentro con Richard Goodwin, asesor especial para asuntos latinoamericanos del presidente J.F.Kennedy, en la residencia de un diplomático brasileño en Uruguay, dentro del marco de la Reunión Extraordinaria del Consejo Interamericano Económico y Social.
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Ninguno de los intentos posteriores tuvo resultados porque Estados Unidos se obstinaba en lograr una división en las altas esferas gubernamentales cubanas, que permitiera poner fin a las relaciones con la URSS y al apoyo de Cuba a los movimientos de liberación en América Latina.
Años más tarde las exigencias se centraron en la retirada de las tropas cubanas de África y las últimas en la primera década de los años 2000, fue sobre la liberación de Alan Gross, estadounidense detenido el 2009 en la Habana por introducir equipos de alta tecnología para la transmisión y recepción de información mediante redes de WIFI, similar al que la CIA entregó en La Habana al doble agente Raúl Capote, a través de un “diplomático” acreditado en la Sección de Intereses de Estados Unidos.
Siempre hubo pretextos para no llegar a un acuerdo, debido a que la CIA, el Departamento de Estado y otros elementos de peso en la política de Estados Unidos, abrigaban la esperanza de que el socialismo cubano no resistiera las penurias económicas causadas por el Bloqueo, y el descontento popular diera al traste con el sistema, aspiración plasmada en varios documentos desclasificados.
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Las presiones internacionales logradas para liberar a los Cinco cubanos acusados, sin pruebas, de espionaje, unida a las desarrolladas en Estados Unidos para discutir seriamente el canje del judío-norteamericano Alan Gross, fueron el detonante para que la Casa Blanca entendiera que era el momento oportuno de llegar a un acuerdo con Cuba, donde se respetara la soberanía de ambos países.
De acuerdo con informes obtenidos por Peter Kornbluh, quien dirige el proyecto de documentación sobre Cuba del Archivo Nacional de Seguridad en la Universidad George Washington, y publicados hace unos días en la revista Mother Jones, donde se resume el nuevo capítulo del libro Back Channel to Cuba, The Hidden History of Negotiations Between Washington and Havana, quedan al descubierto cómo se iniciaron las más recientes conversaciones secretas entre Washington y la Habana, demostrándose que la voluntad política puede más que las contradicciones.
Kornbluh y William Leogrande, relatan el camino recorrido en estas negociaciones, incluida de la idea del congresista Dick Durbin, demócrata por Illinois, de involucrar al Papa Francisco.
Un aspecto interesante resulta conocer que a partir de la colaboración entre Estados Unidos y Cuba para la recuperación de Haití por los desastres del terremoto del 2010, Cheryl Mills, jefa del equipo de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, y la secretaria adjunta para el Hemisferio Occidental, Julissa Reynosso, iniciaron conversaciones secretas con funcionarios cubanos sobre la liberación de Alan Gross, desde el 2010 hasta el 2012, fecha en que se cortaron ante la solicitud cubana de que se terminara el “Cuban Professional Medical Parole”, programa excepcional de visas diseñado solo para médicos y especialistas cubanos que trabajan en las misiones médicas en el exterior.
Según los autores del libro, el presidente Barack Obama designó como negociadores a Ben Rhodes y Ricardo Zúñiga, los que propusieron incluir en el canje por tres de los Cinco y Alan Gross, al agente de CIA preso en Cuba, Rolando Sarraf.
Evitando que sucediera lo mismo que en 1963, cuando Kennedy dio pasos para un acercamiento a Castro, que terminaron en el magnicidio de Dallas, la Casa Blanca no le informó al Pentágono de las negociaciones. Solo conocieron de las mismas el vicepresidente Joe Biden, el jefe del gabinete de la Casa Blanca, Denis McDonough, y Susan Rice, consejera de Seguridad Nacional.
Cuando el acuerdo estaba maduro fue informado el secretario de Estado, John Kerry.

Los investigadores históricos afirman que la Casa Blanca aceptó contratar a especialistas en cabildeo del Grupo Trimpa, quienes de conjunto con congresistas y funcionarios del gobierno crearon las condiciones que posibilitaron llegar al acuerdo con Cuba y presentarlo al público estadounidense sin mayores daños políticos para Obama.
El lobby diseñado por el Grupo Trimpa, contrató a Luis Miranda, ex director de comunicación de la Casa Blanca para medios hispanos y creador de la organización #CubaNow, la cual presionó para el cambio de política, e incluso el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero. Su actual director ejecutivo es Ric Herrero, quien se desempeñaba como vicedirector ejecutivo del Cuba Study Group, organización compuesta por empresarios de origen cubano que abogan por un acercamiento con Cuba.
James Williams, actual director del grupo de cabildeo Engage Cuba, y Ric Herrero dirigen el grupo de acción política New Cuba Pac, para continuar el cabildeo en el Congreso a fin de eliminar las restricciones de viaje y comercio con Cuba.
Los intereses que vislumbran los hombres de negocios y los ideólogos de las agencias de inteligencia, han compulsado a Washington al cambio de táctica, con el sueño de ver caer al socialismo cubano como el muro de Berlín, algo que   frustrará a esta generación, tal como les sucedió a Allen Dulles, Robert McNamara y a sus sucesores.
Los cubanos siempre deberán recordar a José Martí cuando aseguró:
“…venceremos porque tenemos de nuestro lado la justicia…”

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